RETRATO EN GRIS, un relato (2008) 

Posted By pfbontempi on Jul 26, 2026


RETRATO EN GRIS, un relato (2008) 

¿Quién tiene la culpa en un sistema gaseoso? Finalmente se ha destapado la crisis, los técnicos se muestran sorprendidos y no la entienden. Los políticos impotentes juegan a salvadores. La burbuja ha pinchado o el petróleo es un chicle que no da para más. Fui un ciudadano oportunista y callado. Pero este mundo revuelto y caliente invita al desahogo. Para mal o para bien soy parte de una cultura regida por el dios del bien y el billete verde que lo invoca: verde que se quema rojo en millones de motores. Debe ser verdad que hay crisis de valores. O que el mundo está loco. Pero no puedo ir tan lejos. El loco he sido yo. Quizás esta crisis ponga a las cosas en su sitio y a mí con ellas. 

Mi abuelo fue emigrante. Las grandes ciudades se hicieron con muchos como él. Todos veníamos del campo, y el campo fue una historia de barro en invierno y piedras sudadas en verano. Mi padre hizo de todo. Trabajó en la construcción, fue fontanero sin título, carpintero sin calificación, electricista aficionado, y con la bonanza del sistema, consiguió un crédito, (se sintió tan orgulloso de haberlo merecido), y puso una pequeña tienda de comestibles que atendió mi madre. Pero vinieron las grandes superficies cuyos dueños están en algún paraíso que nadie conoce. Mis viejos estaban cansados y nunca se hicieron ricos. Traspasaron un local que nunca fue suyo. El banco se quedó con los intereses. Ellos conservaron la casa en el barrio de La Milagrosa. Buen nombre para un barrio de penurias y amor. La educación que nos dieron fue pública. Crecí con la tele. Con Superman, el de Kriptón. Con malvados horrorosos y salvadores violentos. Y con mucha, mucha publicidad. Por supuesto aprendí inglés, todos decían que era fundamental ¡para triunfar! El american güey of laif al alcance de todos, cochazos quemadores de petróleo, chalets con muchos metros, revolución tecnológica, mujeres y drogas, (todos contra la droga), alcohol, (y alcohólicos anónimos), y tabaco, (y vida sana), y salchichas y macburger, y comida abundante desde todos los rincones del mundo. En fin, la gran vida, la dolce vitta, trabajar mucho, endeudarse mucho, comprar mucho, acelerar mucho, disfrutar mucho. Todo en tamaño mucho. ¡Éxito para todo el mundo! 

Bueno, casi para todos. Pues siempre iban mejor las cosas en el “Club de la Buena Estrella”: ¿Eres amigo de mis amigos? Entrar al club significa “crédito”. Cuando mi padre sacaba dinero del banco yo veía un acto de magia. El dinero era, más que un don de los dioses, ¡un regalo de los bancos! No sabía lo duro que era ganar dinero, pagar intereses y hacerlo fielmente. Perder crédito era la ruina.  Ahora sé que en verdad no teníamos dinero ¡se lo alquilábamos al banco! Mis padres nos quisieron dar de todo y todo era del banco; crecimos casi como ricos: ricos hipotecados. 

Aunque nunca dejamos de ser lo que fuimos. Mi padre, arruinado y enfermo, con dificultades para pagar el seguro, terminó de taxista. Pero comíamos pollo. Me aficioné a las hamburguesas. Fui un niño obeso, un adolescente de gimnasio, un joven emprendedor y un adulto “muy trabajador”. Estudié empresariales. Estaba claro que la empresa era el futuro del mundo. Y un buen negocio, el camino a la gloria. Ser triunfador era tener muchísimo dinero, hablar inglés y conseguir un contrato multinacional. Maney meiks de guorl gorraun. Mi objetivo era entrar a una multinacional. El buen patrón ya no era lo público, en época de mi abuelo quizás, el estado ahora tenía la lengua afuera, endeudado también con la hidra del capital: la de mil cabezas y un solo estómago. La empresa grande a la que me vendí nunca pensó en mi beneficio. Me sentí explotado. Siempre te pagan menos de lo que vales. Las plusvalías son para los peces muy gordos: solo con dinero se puede ganar más dinero. Quise poner mi propio negocio. Me gustan los coches, significan poder y placer. Qué gustazo acelerar un motor de 0 a 100 en 3 segundos. La contaminación bien vale ese placer. Conseguí un buen crédito. Puse una compraventa de coches. Compré el local. Abrí una sucursal. Aprendí a hacer ingeniería contable para pagar menos impuestos. Siempre voté al partido que ofreciera cobrar menos impuestos. A mis empleados les pagué siempre lo justo (lo justo para vivir, jajá). Descubrí el negocio inmobiliario. Hipotequé mi capital y conseguí un crédito barato. Por el camino alguien cambió las reglas del juego. Subieron los intereses. No pude hacer frente a mis deudas. Ni mis clientes conmigo. Cuotas impagas. Posiblemente eran gentes que ganaban lo mínimo, pobres sin crédito y obligados al sobre interés. Los bancos, contagiados por la euforia gaseosa que mueve el motor de mi coche, por el consumo eufórico de los consumidores, otorgaron hipotecas basura que luego negociaron como si fueran valores. La selva del dinero no conoce piedad ni justicia. Si un banco se arruina caen sus clientes con él; y luego viene otro más grande que compra barato el botín. Lo he perdido todo. Todo está en manos del banco, o del banco de los bancos; y de mi abogado. Mi abogado cobra si yo cobro, y yo cobro si a mí me pagan. ¿Estamos todos arruinados? Sufro angina de pecho cuyas consecuencias pago con un seguro privado, y cuotas de infarto. 

Pagar, pagar y cobrar. Este es el sistema. Mi madre, después de haberse enorgullecido de mi éxito, está deprimida. Yo le pago el psiquiatra privado. Creo que mi mujer no me respeta y piensa que todo es absurdo. Para más INRI mis espermatozoides están contaminados y son de mala calidad. Mi hija sigue siendo lo mejor de mi vida. Quizás fue un milagro. Me quejo del gobierno. Me quejo de la oposición. Me quejo de la bolsa y del banco. Me quejo de los pobres resentidos. Y de los ricos prefiero no hablar. No sé si creer en el calentamiento global. Dicen que esto siempre ha sido igual, que mejorará solo. Prefiero creerlo. La vida es un riesgo solo apto para emprendedores ¿no es así? ¿Vendrá un gran emprendedor a salvarnos de nosotros mismos? ¡Qué venga pronto! ¿O será peor?

Mi hija salió ecologista y me hizo mirar este documental. La televisión pública es un circo de mierda, pero yo tengo canales de pago, todavía; hasta que me corten el cable. Relájate papá, me dijo, siéntate conmigo en la tele. Los grandes árboles de la selva no dejan entrar la luz hasta el suelo, me hizo fijarme, y las semillas de abajo nunca germinan. Solo cuando se caen los gigantes los pequeños pueden crecer. Ojalá sea cierto, dijo mi hija. Pero yo no sé si soy grande o pequeño. Fui pequeño como mi abuelo. Grande como la ambición que heredé de mi padre. Pero no hice nada diferente a lo que me enseñó la tele. Negocié con mi banco y ahora desconfío de todos. ¿Una crisis de confianza? Ni siquiera creo en los superhéroes. A ver como salimos de esta. Por lo menos he encontrado al culpable. Solo que esta vez no me voy a partir la cara. El mundo es de los caraduras. Y del dinero, que para hacer dinero hace falta un corazón blindado. Todo sea por mi hija.

P.F.Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

RETRATO EN GRIS, un relato (2008)