Me alejé los últimos tres meses de este blog dedicándome a un trabajo sobre la IA. Ha sido una experiencia intensa y fructífera. Necesitaba reflexionar sobre este fenómeno nuevo, sorprendente e impredecible, la compleja encrucijada tecno-política en que se encuentra nuestra especie. Al terminar con ello me sumerjo en la actualidad y encuentro esta crispación que parece no agotarse, más bien crecer mientras graves amenazas de guerra, ¡qué estupidez!, nos asaltan. Reflexiono ahora sobre la polarización.
POLARIZACIÓN
¿Por qué nuestras sociedades evolucionan hacia una polarización creciente? Parece un hecho en el que USA destaca dramáticamente, siempre por delante según su vocación. Su sistema es obsesivamente bipartidista, todos los intentos por crear un tercer partido han fracasado. Aunque la tercera vía existe ha sido estigmatizada por los dos campeones: los pérfidos comunistas, los estúpidos e ineficaces socialistas, incluso los “otros”, negros delincuentes, amarillos traicioneros, latinos viciosos, islámicos peligrosos, son desgraciados estereotipos explotados hasta la saturación por el gran cine americano. (Como siempre hay excepciones quizás esta fue una afirmación exagerada; pero un estudio estadístico diría ¿en qué medida se repiten estos clichés?). Muchos han dicho, Chomsky y otros críticos del sistema, que la diferencia entre el burro y el elefante es solo formal, que son caras de una misma moneda; pero ambos partidos rechazan esta idea y enfatizan sus diferencias.
El poder de un partido está en los votos que consigue; autodefinirse como “claramente diferente” es, por lo tanto, una estrategia de marketing: yo soy diferente, mi producto es superior. Este hecho activa una tendencia automática hacia la diferenciación, y no importa realmente si son tan diferentes como se proclaman, pues, en la sociedad de consumo, la imagen manda más que la realidad: la publicidad vende, está diseñada para conectar con los “deseos del usuario”, para estimularlos y ofrecer una satisfacción. Solo que, ya se sabe, “prometer no es satisfacer”. Después del placer el hastío. Después del consumo el vacío.
¡Y ahora con las redes! Las redes son el hábitat perfecto para los “creadores de opinión”, los vendedores de pócimas, coches o líderes políticos, periodistas y comunicadores que venden sus ideas, sus valores, sus temores, su cara o su palabra. Vender algo es ‘ser alguien’. Venderse bien ha llegado a ser sinónimo de tener una imagen valiosa. Al final las cosas son su imagen. Diferenciarse, ser original, único, genial, creador especial: una imagen que venda, que conecte con muchos clientes que la compren.
Los partidos contratan publicistas, y si no tienen dinero para pagarles se buscan a sus propios hooligans, fanáticos que trabajan por la causa, por la patria y sin cobrar. El fanatismo genera publicidad gratis. Nuestra opción es la mejor; no, mejor aún: Nuestra opción es la única sensata. Sin nosotros no hay futuro. Para ganar la carrera por el poder, la polarización es una consecuencia lógica. No solo somos diferentes: somos “muy” diferentes, que nadie nos confunda. ¡Somos los puros! Já.Já.
Solo una consciencia política suficientemente desarrollada, y una cultura que permitiera diferenciar ‘publicidad’ de ‘realidad’, podría sobreponerse a la plaga rampante de la polarización. Distinguir la ‘apariencia de verdad’ de la ‘verdad verdadera’, las ‘fake news’ de los ‘datos fiables’, la ‘opinión’ (que recombina datos a su conveniencia) de la ‘realidad objetiva (que muestra escenarios amplios y coherentes), es fundamental para que seamos plenamente humanos. Ese logro depende del nivel de consciencia histórica, social, personal y trascendente que tenga cada individuo, reflejo de su sociedad.
Desarrollar la consciencia no es fácil, más difícil en un mar de opiniones variopintas y contradictorias . Todos tenemos “opinión” y de por sí tendemos a considerarnos, no sujetos ignorantes como Sócrates y su “solo sé que nada sé”, sino sujetos bien formados y “conocedores de la realidad”. Somos, por lo mismo, fácilmente reclutados por el algoritmo que identifica nuestros sesgos y nos reafirma que: “tenemos razón”. Y el “tenemos razón” sin una base crítica deviene fácilmente en fanatismo.
En este clima, una vez desatado, ¿por qué no tienen éxito las propuestas híbridas y conciliadoras del tipo: “nosotros ofrecemos lo mejor de ambos mundos”, lo mejor de la izquierda y la derecha? ¿Lo mejor de oriente y occidente? ¡Imposible! Esa publicidad no vende bien y será fácilmente rotulada de estafa, de oportunista o impura. Si llegara a triunfar duraría un día y sería devorada por las versiones polarizadas y auténticas. En la historia de España hay suficientes ejemplos de “pseudo centros” de gran fragilidad. Y el centro verdadero ¿dónde está? ¡Guardado y silencioso! No vota, no habla, no opina, no sirve ni se considera eficaz, se automargina.
Estas “tendencias inerciales” a evolucionar hacia la polarización están reforzadas por un mecanismo natural, una ley de la naturaleza: “Toda acción despierta una reacción igual y contraria”. Si yo aplico una fuerza ‘hacia abajo’ sobre la superficie de una mesa, la mesa ejerce una fuerza similar ‘hacia arriba’ sobre mi mano. Cuando las dos fuerzas están equilibradas no hay movimiento, solo el desgaste de acción contra reacción, gobierno contra oposición.
Una vez alcanzado “el empate” no hay más que dos salidas. La primera: tras una prolongada inmovilidad, un pacto tácito o explícito de alternancia: compartir el poder. Y la segunda: la lucha abierta por convertirse cada polo en fuerza dominante. Desde el momento en que una fuerza comience a dominar … la otra no tiene más remedio que polarizarse aún más. Y si ninguna cede subirá la apuesta de ambas.
Una fuerza “conservadora” defiende un cierto equilibrio histórico, sociológico, económico y geopolítico, es decir defiende “un orden” o conjunto de poderes, su propio poder. Pero, como toda fuerza engendra su reacción, es solo cuestión de tiempo que aparezca una fuerza de “cambio”, “reforma”, incluso “revolución”, tres grados distintos de oposición a la fuerza conservadora.
¿Se dice, por esto, que en las elecciones cruciales la derecha se une para defender su status? ¿Y la izquierda? ¿Se fragmenta entre cambio-conservador, reforma-prudente y revolución-radical? Las ideologías se sostienen sobre intereses materiales y económicos, sumados a los antecedentes sociológicos y familiares, pero, ¿no son también una cuestión de carácter y talante?
La manipulación del deseo es el corazón de la publicidad. El «deseo de un cambio» es cliente seguro, “el Cambio” vende. Pero, ¿cambiar hacia dónde? Todos los extremos polarizados se autoafirman como fuerzas de cambio. Viva el cambio. Nosotros somos el cambio. ¡Queremos cambio! dice la derecha. ¡Cambio ya! dice la izquierda. Es la hora del cambio. Se cambian los escaparates para que la gente compre lo nuevo. “Lo nuevo” es reclamo publicitario. Nuestras neuronas están programadas para fijarnos en lo nuevo e ignorar lo repetido.
Una vez desatada la pugna entre los dos polos, fracasados ya los conciliadores, la evolución natural del proceso será en esta espiral de polarización creciente.
Entonces un lado grita al otro: ¡Fascista! Y el otro despotrica: ¡Comunista, Rojo!
Aquí en España el sistema no es Sánchez, lo digo para los sanchistas y los anti sanchistas. El sistema no es el PP ni Vox, lo digo para los que se alinean, a favor o en contra de esas ideas y emociones. “El sistema somos nosotros”, todos los que entramos dentro de esta categoría que llamamos: “nosotros”.
¿Cómo podemos cambiar un sistema que somos nosotros mismos? ¿Tiene que ver con nosotros este clima de polarización, nos implica, nos alude, nos afecta? ¿Cómo despertar una consciencia individual capaz de hacerse colectiva? ¿De dónde saldrá la fuerza necesaria para remontar estas inercias?
¿Hasta dónde llegará la actual dinámica? Será cosa de mirar la historia: la alternancia de democracia y dictadura fue descrita por Platón hace 25 siglos.
P.F.Bontempi
Médico y Psicoterapeuta
POLARIZACIÓN (Reflexiones sobre la actualidad-1)