Ante la gravísima crisis en que se ha sumido nuestra humanidad, ¿quién puede hacer algo?
«—Al menos ha muerto por una buena causa.
—¿Que causa es esa?
-La libertad.
—Aclárate las neuronas, pardillo. ¿Crees que luchamos por la libertad? Esto es una matanza. Y si me van a reventar las pelotas por una palabra mi palabra es putada». (Stanley Kubrick, «La chaqueta metálica»)
UN POCO DE HISTORIA:
Según me fue enseñado, en la Segunda Guerra Mundial se enfrentaron tres fuerzas: el comunismo soviético, el fascismo alemán/japonés y el capitalismo anglo/americano. Aunque posiblemente la verdad sea que, detrás de esas etiquetas solo estaban tres grandes imperios clásicos en busca de expansión, gobernados los tres por la inercia de sus trayectorias y voluntades históricas.
Incapaces de suscitar simpatías populares para sus afanes de dominio, esos tres imperios vistieron sus afanes con “ideologías”, para que así nos pareciera a todos que era una guerra moral entre fascismo, comunismo y capitalismo.
Los derrotados, Japón y los viejos imperios europeos, quedaron plegados al emergente imperio angloamericano. Bajo el dominio del dólar y su cadena de bases militares, una cascada de guerras proxi, guerras menores y guerras civiles bien administradas, nuevos países, Corea del Sur, Vietnam, Irak, Libia, la desmembrada Yugoslavia y otros se fueron incorporando a puestos menores en esta gran alianza militar. Pendientes aún de dominar a Irán, Cuba y Venezuela, el problema de este “Gran Imperio en Expansión” es Rusia y China, que no son países menores: están nuclearizados, conservan un orgullo imperial y no piensan deshacerse en la nada de una multinacional americana.
¿De qué “se viste” hoy esta moderna (y antigua) confrontación?
Los rusos acusan a los americanos de estar armando a “gobiernos fascistas en Ucrania e Israel”. Los americanos acusan a rusos y chinos de tener ambiciosos “regímenes autoritarios” en expansión, manera eufemística de llamarlas dictaduras ex comunistas.
Así es que necesito aclarar algunas ideas.
¿Qué es el fascismo? Un movimiento político y social de carácter totalitario, “o estás conmigo o contra mí”, una ideología supremacista que subordina al conjunto de la sociedad a una clase mesiánica dirigente; clase poderosa y nacionalista que reprime con dureza militar-policial a sus minorías, que genera conflictos militares con otras naciones, que manipula y controla la información con que alimenta la belicosidad de su población.
¿Dónde se encuentran estos síntomas? Ciertamente abundan y parecen multiplicarse. Con una amplísima población carcelaria de raza negra, nietos de antiguos esclavos, con una concepción mesiánica de sí mismos y una exaltación de sus valores blancos judeo-cristianos, con una expansión militarista global, con una enorme cantidad de guerras despiadadas en su corta historia, Estados Unidos resulta ser el «matón» aventajado de su clase: “o te sometes a mis leyes o te aíslo y hago bullying sin piedad”. Con presidentes negros en su galería de notables y presidentes blancos para afirmar su destino superior, es el patrocinador, sin vergüenza, del supremacismo israelí en Palestina y de la rusofobia en Ucrania y el mundo. Es el creador del relato publicitario-hollywoodense que le convierte en salvador de la humanidad, en mesías de la libertad de ‘su’ mercado.
Con este potente historial los rusos parecen tener razón al sentirse “amenazados por un imperio neo-fascista”. Sin embargo, los americanos, mayoritariamente, nunca se reconocerían a sí mismos como un estado neo-fascista, antes bien se auto-definen como “la patria de los libres”.
¿Qué es un “régimen autoritario”? La palabra “régimen” se aparta del concepto de estado o nación, es más bien un desgraciado accidente en la historia de una nación, el contubernio de un partido o grupo que se sostiene en el poder oprimiendo a su pueblo, que controla a su población policialmente, que puede realizar elecciones políticas que no son realmente libres, porque sus ciudadanos votan coaccionados o manipulados.
Tanto chinos como rusos son herederos históricos de sendas dictaduras comunistas. Son pueblos muy disciplinados y obedientes, poseídos por un temor ancestral a criticar a sus dirigentes, solo votan en el limitado margen que permite el régimen. Con este rotundo historial los americanos parecen tener razón. Pero también ocurre que la mayor parte de esos ciudadanos, euroasiáticos y asiáticos, apoyan a sus líderes y no tienen consciencia clara de vivir en un estado no democrático.
Esta doble cuestión pone al conjunto de la humanidad en un candente dilema. El planeta parece partido nuevamente en dos hemisferios económicos, políticos, raciales y culturales. Cuando se inicia un incendio el fuego tiende a extenderse y, mientras mayor se hace, más destrucción acarrea y más difícil es su extinción. El actual “incendio mundial” se expande y es necesario apagarlo ahora. Pero ¿cómo?
Publicado en 1848, en un siglo caótico de guerras y revoluciones, el manifiesto de Marx invocaba a la unión de los pueblos, no por la cúspide de sus dirigentes, sino por la base de sus gentes llanas. Como las guerras no las hacen las élites supremacistas o autoritarias, sino los pueblos, tenía la esperanza que estos se dieran las manos a través de las fronteras. Pues son los ciudadanos los que se enardecen en contra de otros ciudadanos, quienes terminan mutilados, masacradas sus familias, rotas o arruinadas sus industrias, arrasados sus campos y quemada la naturaleza común, y, por lo mismo, ellos habrían de ser los más interesados en la paz.
Pero, casi doscientos años después, la humanidad permanece atrincherada en sus viejos atavismos y dogmas, enzarzada en disputas y desconfianzas repetitivas, dividida, ya sea en el nombre de la Torá, del Corán, del Evangelio, del sacrosanto mercado, del orden policial-militar, o del control de la información que ejercen los que pueden.
UN POCO DE PRESENTE:
El planeta sobrecalentado se está quemando. La crisis climática nos afecta a todos y el actual conflicto global es nuestro. Y esto es grave. Acaba de triunfar Trump, un tipo con poca vergüenza y abogados bien pagados, amante de los autoritarismos y defensor acérrimo del sionismo; ha sido el triunfo de la manipulación en red, el fracaso de una democracia previamente hueca, sin diálogo efectivo y plagada de insultos y descalificaciones. Dice que quiere paz en el mundo, que hablará con Putin y acabará con la guerra, que le gustan los “hombres fuertes”. Pero mientras tanto el presidente saliente, con un evidente deterioro mental, le echa gasolina al fuego de la tercera guerra mundial en Ucrania y alimenta la sangría palestina bajo la bota sionista en expansión. Entre ambos, Elon Musk, el hombre más rico del mundo, entra a gobernar con Trump para el desmontaje del “estado” y liquidación de su “burocracia”; son el equipo perfecto para soltar en tropel la caballería de los mega-ricos; se acaba el ‘estado protector’, toca el “sálvese quien pueda”. ¿Y el que no pueda?
Es evidente que los ciudadanos normales estamos divididos en un mar de contradicciones y bulos, que impotentes no podemos hacer nada, que las guerras ocurren al margen de nuestra voluntad. Son guerras que nadie vota ni quiere, pero que, en una cascada de pasos que se van sumando inercialmente, (amparadas por la pasividad de las poblaciones) culminan en matanzas brutales, disimuladas, por ahora, con el baño publicitario de un consumo que no cesa.
El llamado de Marx a la unidad de los proletarios no surtió efecto, es evidente que los pueblos siguen divididos. Aunque parezca cínico quizá debió dirigirse antes a los poderosos, a los dueños del capital, ¿se unificarán ellos mejor? Los oligarcas de oriente y occidente controlan las tecnologías y los medios, manejan las redes y sostienen o derriban gobiernos. Son, por lo tanto, fundamentales en la construcción de la paz o el estallido de las guerras.
Encontré en la red una carta de Giacomo Zancatto, dirigida “a los oligarcas del mundo”. Como es de libre reproducción y coincido con sus planteamientos he decidido colgarla en mi blog.
CARTA A LOS MUY RICOS:
Distinguidos Señores entre los muy ricos:
Me dirijo a vosotros porque he perdido la esperanza en el pueblo ignorante y repetidamente belicoso al que pertenezco. El mundo de todos está en una profunda crisis. Hay una enfermedad colectiva que no respeta fronteras ni regímenes políticos. Las sociedades de oriente y occidente corren riesgo de enloquecer mientras se extinguen miles de especies y la naturaleza se sobrecalienta hacia algún tipo de ebullición.
Me dirijo a vosotros porque sois tan culpables o tan inocentes como cualquier ciudadano normal. Pero vuestras lealtades son más pragmáticas y vuestras obligaciones más laxas. Vosotros cruzáis la frontera entre oriente y occidente mejor que nadie, entendéis de éxitos económicos y de fracasos empresariales. Podéis hablar entre vosotros y ciertamente, con vuestro poder, hacer algo por la paz. No tenéis la culpa de vuestro poder, lo heredasteis o lo habéis ganado. Pero ese poder hoy es vuestro e implica una enorme responsabilidad en relación al futuro de esta colectividad transnacional que llamamos Humanidad. Si no usáis sabiamente este poder todos perderemos.
Ustedes con poder y nosotros, ciudadanos sin poder, sabemos bien que las tendencias del comportamiento social son maleables, que se “controlan” a través de las redes, que la palabra y la imagen son manipulables, un poder enorme que modula a las sociedades y condiciona el comportamiento de sus individuos.
Nuestras actuales sociedades están vertebradas a través de las redes. El conglomerado de empresas que maneja ese ámbito ha adquirido un desmesurado poder. Empresas y tecnologías americanas colonizaban el mercado chino mientras empresas y tecnologías chinas se expandían por occidente. Pero la baraja se ha roto y el mundo se rompe nuevamente en hemisferios híper armados, en redes incompatibles plagadas de desconfianza y amenazas, en una competencia enloquecida de ¡a ver quién manda a quien! ¿Es un riesgo abrir nuestro mercado a empresas que pudieran abocarnos a una civilización global gestionada por chinos ateos, y no por euro americanos judeocristianos? ¿Es una cuestión de desconfianza étnica? ¿Es una pugna entre sistemas socio-económicos incompatibles? ¿Es la vieja paranoia del imperio dominante: “para que otro no me domine debo dominarlo yo”?
Son cuestiones de geopolítica que debieran decidirse por autoridades competentes y representativas del pueblo, entonces, ¿por qué me dirijo a vosotros? Ya lo he dicho: porque de vosotros depende el funcionamiento de las redes y de ellas la opinión pública que apoya o rechaza los temas de política internacional. Todos sabemos que la información es poder, que quien controla las redes maneja al rebaño. Por eso en China y Rusia están vetadas las redes occidentales; por eso entre nosotros se están prohibiendo las avanzadas tecnologías chinas.
En oriente y occidente muchas voces os culpan a vosotros, oligarcas, y señores del nuevo Tecno-Feudalismo (Yanis Varoufakis) por las inequidades sociales crecientes, por la destrucción de ecosistemas y el peligroso clima bélico. He reflexionado estas cuestiones y he llegado a la conclusión que sois inocentes, tan inocentes como las clases subalternas a las que pertenezco. Tan inocentes o tan culpables como todos.
Ocurre simplemente que el mundo funciona así, y vosotros lo habéis entendido. La empresa privada, motor de la economía occidental y también oriental, factor primordial de la riqueza colectiva, es en realidad “privada”. Os pertenece a vosotros y a vuestros herederos. Vosotros tenéis, por lo mismo, una soberanía de la que vuestros empleados carecen: vosotros podéis despedirles, mientras ellos no pueden cuestionar vuestro poder. El contrato con vuestros consumidores también es asimétrico. Y esa asimetría social implica también una sobre-responsabilidad a la que estoy apelando.
Es cierto que la estructura futura de nuestras sociedades y nuestra sobrevida como especie depende de todos, de la humanidad en su conjunto, no sólo de vosotros, pero sí creo que vosotros podéis catalizar o entorpecer esta evolución, desactivar el actual clima bélico o potenciarlo.
Está claro que en el pueblo llano hay sujetos violentos y belicosos, pero también muchos otros pacíficos y solidarios. Lo mismo pasa entre las autoridades elegidas para gobernarnos: hay tipos pacíficos y otros propensos a la violencia. Entre vosotros, los muy ricos, ocurre lo mismo: algunos creéis que no hay más camino que la hegemonía de la fuerza, la guerra como solución, incluso Armageddon; mientras otros, afortunadamente, aún creéis en el poder de los negocios, el diálogo y el intercambio.
Tenéis el poder enorme que nuestras sociedades os han otorgado. Es necesario que uséis ese poder con sabiduría. No os encerréis en vuestro egoísmo, en vuestras supersticiones y miedos, ira y desconfianza. Salid de vuestro hemisferio, romped vuestras burbujas. ¡Oligarcas de oriente y occidente, uníos! Solo vosotros podéis controlar a los belicistas de uno y otro lado. Es urgente frenar los delirios colectivos que amenazan con llevarnos a una catástrofe global.
Estamos, como especie, al borde de un gran salto evolutivo, y mientras más cerca de la cumbre mayor es el peligro de caída.
Atentamente
Giacomo Zancatto
ENTRE LA INERCIA Y LA VOLUNTAD
Según Zancatto solo los muy ricos pueden parar esta escalada bélica. Pero yo no lo tengo tan claro. Comencé esta reflexión preguntándome ¿quién puede hacer algo? alimentando la ingenua esperanza que cualquier ser humano amante de la humanidad podría actuar como cortafuego. La realidad es que la polarización actual, mundial, europea y nacional, aumenta. Denunciar la bárbara crueldad del genocidio sionista acarrea la grave acusación de antisem*ta. Denunciar la agresión rusa implica apoyar al imperialismo anglo americano. Y viceversa, denunciar la violencia palestina es ignorar las causas previas y ser pro israelí. Condenar el armamentismo belicoso de la OTAN es ser pro ruso o pro chino. La polarización tiene un efecto perverso: condena a los tibios al limbo de los mudos; y entonces … los extremos polarizados se adueñan de la orquesta.
La humanidad es un coro complejo y polifacético, todo ser humano tiene un lugar aquí. Si callamos ante la violencia creciente la estamos consintiendo. Si esto no se detiene nos quemaremos todos.
ENTRE LA INERCIA Y LA VOLUNTAD
Reflexiones de Francisco Bontempi
Médico y Psicoterapeuta