LO FEMENINO Y LA PAZ
La escena es antigua y ritual: dos alces macho se lanzan uno contra otro con toda la fuerza de su cornamenta. Su peso y potencia arrasa la tierra, son dos tanques enfrentados. Dos enormes elefantes marinos se muerden, sacuden y golpean sin piedad, muchos cachorros mueren aplastados por su estupidez instintiva. Solo el más fuerte gobernará el mundo y dirá: yo soy el salvador de la tribu, emperador del mundo. Su comportamiento, entre varios factores, está fuertemente determinado por las concentraciones de testosterona.
La política actual, en los distintos países, se ha convertido en una plaza de gladiadores enardecidos por la chusma de opinadores, cada cual más polarizado en este peligroso escenario geopolítico. El viejo arquetipo de la lucha entre machos dominantes se está comiendo al mundo, no piensan en el daño que hacen al territorio, ni el sufrimiento que causa su cruzada.
El triunfo de la violencia y la falta de diálogo son patentes y se generalizan. Se acabó la inversión en ecología y el proyecto de ‘salvar un planeta recalentado’: la prioridad ahora es la industria de la guerra.
¿DE DÓNDE NACE LA PAZ?
¿Dónde reside el espíritu de la paz? Los caminos de las neuronas están pre-dibujados por ‘inercias’ herederas de tres raíces: la biología, las viejas mitologías, y finalmente, las modernas manipulaciones, la propaganda directa o subliminal. Ningún país se salva de estar construido sobre una historia de guerras. Siglos de historias nos han marcado con una noción de paz asociada al desenlace de una guerra. ¿Queremos la paz y por eso vamos a la guerra?
En aquel relato que hice acerca del conflicto entre Caín y Abel, describí una humanidad que, a partir de automatismos biológicos, se convirtió en una cultura arrastrada a destrucciones cíclicas.
Siglos de inercias fundadas en viejos atavismos patriarcales nos siguen llevando a buscar figuras de ‘autoridad exterior’, generalmente masculinas, escamoteando a la mujer y lo femenino como eje de la paz, y apartando a nuestra propia ‘alma’ como fuente de la misma. Lo femenino y nuestra alma: dos cuestiones fundamentales para un mundo en paz.
¿Dónde está el caudillo que nos salve de nosotros mismos? ¿Trump? ¿Putin? ¿Netanyahu? ¿El nuevo Hitler? Todos ellos necesitan un ‘enemigo’ y una guerra que justifique y reafirme su poder.
Pero, hormonalmente, la mujer es otro mundo. Sus hormonas, entre ellas la poderosa oxitocina, la llevan a las vinculaciones por placer y amor, a la preparación y cuidado del nido, y está más predispuesta, por lo mismo, a la cooperación y la paz. El hombre está más orientado a la competencia. Históricamente el hombre ha sido determinante en las estructuras sociales y políticas; la mujer en la construcción de las vinculaciones familiares.
Una nueva era de paz ¿estará relacionada con una emergencia de ‘lo femenino esencial’ en la gobernanza mundial? El feminismo lleva un par de generaciones luchando por cambiar el mundo. Y no ha sido fácil su acción, frecuentemente ridiculizada, estigmatizada, empujada a la irrelevancia por ‘las viejas inercias’. Para luchar en un mundo de hombres la mujer ha debido ‘masculinizarse’, llenarse de testosterona y entrar al ruedo masculino. Muchas de las líderes actuales, mujeres políticas, destacan por su fiereza y capacidad agresiva. ¿Recuerdan la historia de Juana de Arco? fue capaz de inflamar a ejércitos que se hundían en la derrota, pero cuando las estructuras patriarcales la vieron demasiado poderosa: ¡la quemaron acusada de herejía! Las estructuras del poder son … poderosas. Definitivamente, el camino a la paz no pasa por la testosterona.
¿Cómo sería una sociedad gobernada por el ‘espíritu femenino’? Quizás ocurriría una revolución poderosa: todas las mujeres del mundo, oriente y occidente, seguidoras de un dios u otro, ¡tomando el poder en nombre de la ‘familia humana’! ¿Qué estructura social y nuevo orden geopolítico crearían?
Muchos esperan un Mesías que marque un cambio de ciclo en la humanidad, pero, ¿acaso alguno espera ‘un mesías femenino’? Improbable evento, si viniera una mujer a reciclar las viejas historias patriarcales, saturadas de testosterona, violencia y dominio territorial, ¿la reconoceríamos? ¿Qué harían los fanáticos tradicionalistas ante una mujer así? ¿Podrían verla como nueva encarnación del poder divino?
Resulta fácil imaginar el desenlace de esta ficción: los ‘conservadores de siempre’ dirían: “¿Una mujer hablando del ‘poder de la paz’, del reino de la ‘armonía celestial’? No puede ser. Nos lleva a una claudicación ante el enemigo, está cediendo, traiciona nuestro pasado glorioso”; la tacharían de hija del demonio, encarnación de la gran ramera; sería considerada una chiflada, buena para ser vilipendiada y escupida; y quizás finalmente, como el anterior Mesías, sacrificada en una cruz bajo el epígrafe de ‘Reina de la Paz’. Una ‘salvadora femenina’ se merecería un cuento, pero no me corresponde escribirlo.
EL CAMINO DE LA PAZ
Si la paz ha terminado con frecuencia ajusticiada por la violencia, ¿cuál es el camino hacia ella? Voy a terminar estas notas evocando a cuatro figuras originadas en cuatro culturas diferentes.
En orden temporal: Lao-Tse, Sócrates, Jesús y Gandhi. Los cuatro fueron hombres sabios y buenos. En épocas en que la mujer no tenía tribuna, ninguno de ellos fue el tipo de ‘héroe por la fuerza de la testosterona’.
Lao-Tse (China, S. VI AC): fue reconocido en la corte de su tiempo, pero la sabiduría despierta envidias e intrigas, finalmente fue desterrado y se marchó para no volver, armado con un bastón y el bolso de ermitaño; entregó toda su sabiduría a un hombre sencillo y bueno que encontró en la última frontera, y ese escribano desconocido recogió una filosofía que llega hasta hoy.
El otro fue Sócrates (Europa, Grecia, S. V AC): combatía la ignorancia, la arrogancia de sofistas y gobernantes desde la humildad del filósofo capaz de cuestionarlo todo. Fue acusado de corromper a la juventud y obligado a decidir entre la muerte o el destierro. Sócrates prefirió ser ajusticiado en el que había sido su pueblo, morir entre sus gentes.
Luego vino Jesús (mundo Semítico, S. I DC): respetado por algunos sabios, temido por los eruditos, sacerdotes y poderosos de su época. Fue condenado a muerte y ajusticiado a edad temprana.
Gandhi (India, S. XX DC): desarmado, arriesgándose a ser asesinado por el poder imperial de su tiempo, puso una y otra vez la otra mejilla. “La verdadera fuerza reside en la capacidad de conservar la paz”. Predicando la resistencia pacífica, finalmente murió asesinado por la violencia de uno de aquellos a quienes había venido a liberar.
Los cuatro tuvieron valor e inteligencia para expresar públicamente sus valores, cuestionaron agudamente las ‘estructuras cognitivas individuales’, y se permitieron ser críticos con el poder y las inercias sociales. Y finalmente, supieron aceptar el rechazo social y la muerte.
SABIDURÍA ANTIGUA Y PAZ MODERNA
La paz es el camino. La violenta ‘lucha por el poder’ es el atavismo animal que nos corresponde superar para sobrevivir como especie.
Sin paz no podremos colonizar el futuro ni alcanzar el destino de una humanidad incluyente, que asuma a todos sus pueblos, que incluya a todas sus razas, que incorpore a todas sus culturas y dignifique a todas sus tradiciones.
Una humanidad que conviva en paz habrá pasado, del largo ciclo del patriarcado, a un nuevo tiempo en que el espíritu femenino, solidario, fraternal, se habrá expandido y gobierne.
Que las locuras del pasado, las que siguen inercialmente gobernando este presente, puedan ser algún día superadas por una Humanidad inteligente: inteligente no para hacer la guerra sino para habitar en paz. Una Humanidad así estará unificada bajo un espíritu femenino. Y ese espíritu no será ajeno al corazón de un nuevo tipo de masculinidad, no posesiva, no territorial ni belicosa.
Que cada uno pueda buscar las respuestas en el fondo esencial de sí mismo, y allí, en ese fondo indescriptible, seamos hombres o mujeres encontremos la naturaleza femenina, dulce, aceptadora, solidaria y sabia de la Paz. Pues en el fondo del alma humana, cuando la inteligencia y la consciencia se han depurado de sesgos y condicionamientos, el rio de lo femenino y lo masculino confluyen en el generoso y amplio mar que llamamos Humanidad.
Que cada uno pueda profundizar en sí mismo para encontrar ese mar que nos incluye y acepta a todos.
P. Francisco Bontempi
Médico y Psicoterapeuta
LO FEMENINO Y LA PAZ