DE PERO EN PERO: LAS HUELLAS DE LA INERCIA

Posted By pfbontempi on Abr 12, 2025


DE PERO EN PERO: LAS HUELLAS DE LA INERCIA

Hay inercia física, inercia psicológica e inercia sociopolítica. Comprenderla puede ayudarnos a ser, si no más libres, al menos más conscientes.

BREVE HISTORIA DEL PARLAMENTO:

El parlamento es el lugar donde una comunidad consensúa y construye el relato que la define, lugar para parlamentar o simplemente hablar. Vaya aquí una breve historia del mismo.

Cuando dejamos de ser animales mudos, meramente gestuales, inventamos el primer parlamento. En torno al fuego discutíamos los problemas del clan, las anécdotas del día y los proyectos de la estación. 


Pero, cuando un clan más fuerte y mejor armado dominó a un clan más débil, hubo tiranos y esclavos, reyes y súbditos. Y el parlamento ya no fue igualitario: los primeros hablaron entre ellos para decidir la mejor forma de dominar a los segundos, y los segundos aprendieron a callar para salvar la vida.

 
Pero, como por cada jefe hubo diez o más seguidores, la prole de estos últimos fue cada vez más numerosa y el desequilibrio, después de pasar por progresivos levantamientos, culminó con el invento de la guillotina. 

Pero, como el caos no es funcional, los rebeldes hablaron entre sí y terminaron sentados en un parlamento al que llamaron ‘casa de los representantes del pueblo’. Desde allí fundaron un ‘estado ordenado’. Inventaron entonces las ‘constituciones’, pactadas entre los distintos grupos de interés, y las ‘leyes’ que definían los privilegios y las obligaciones de individuos y clases sociales.


Pero, como los parlamentarios eran necesariamente escasos, terminaron por auto organizarse como grupo defensor de sus propios intereses. En torno a los privilegios de los antiguos reyes, en algún lugar, los nuevos parlamentarios se agruparon como ‘monarquías parlamentarias’, en otros lugares se organizaron como ‘parlamentos republicanos’ e incluso, más allá, como ‘parlamentos populares’.


Pero unos y otros terminaron por distanciarse del pueblo, enrocados en discursos estériles, plagados de legalismos y juegos de palabras. Lo que alguna vez pretendió ser la ‘casa del pueblo’ se convirtió en una especie de gallinero, con gallinas de clase alfa sostenidas por una compleja red de apoyo electoral. 


Pero, dada la complejidad de los problemas tratados por el parlamento, y por lo mismo, el difícil acceso del pueblo llano a tales asuntos, se desarrolló un ‘parlamento popular y alternativo’: y así nacieron las ‘tertulias políticas’ y el ‘parlamento de la calle’.

Pero, como todo parlamento necesita sede, el nuevo parlamento, al margen del antiguo, terminó instalado en la redacción de los periódicos, en las radioemisoras, en los platós de televisión y en los canales de la red. Y ese fue el ‘neo parlamento’ de la gente.

Pero, como a estas alturas el valor económico le llevaba delantera a la palabra y la reflexión, los ‘medios de comunicación’ y sus dueños fueron, en última instancia, los administradores del discurso. “La libertad de hablar es nuestra”, dijeron, “Nuestro es el relato que vendemos a los compradores de información”. “Creednos”, publicitaron, “Esta es verdad de buena fuente”.


Pero, como los dueños son tales porque gobiernan sobre sus intereses, la cuestión no quedó en un mero relato, sino que el ‘neo parlamento’ entró en conflicto con el anterior y se convirtió en la ‘revolución de la motosierra’: rugía ella para decapitar, no a la monarquía, que ya fue guillotinada, sino al parlamento que le había cortado la cabeza y organizado a los descabezados.

Y este fue el ‘Parlamento del Tuit’, levantando a sus héroes, comunicadores y estrellas mediáticas, los parlamentarios del Tuit, gesticulando frente a los seguidores enardecidos, con la motosierra en alto y proclamando el lema de la nueva revolución: “¡Viva la libertad (de los libres y el dinero), carajo!” “Abajo el viejo orden”. Mientras tanto, los antiguos parlamentarios, o se escondían o intentaban comprarse un lugar entre los nuevos; cuando los oligarcas del mundo se felicitaban mutuamente, y la masa, bien aleccionada, aplaudía fervorosa. 

 
Pero el desorden pide a gritos autoridad. ¿Cuál será la próxima vuelta de esta historia? Porque el mundo, impulsado por su propia inercia, da vueltas y vueltas, ¿verdad?

2. LA INERCIA DE LA HISTORIA

La inercia es la propiedad que tienen los cuerpos de conservar su estado o prolongar su movimiento. Siendo una ley fundamental en física la he visto también determinar el comportamiento individual: nos repetimos, por inercia. Y, desde luego, afecta al desenvolvimiento de los ciclos históricos. 


Esta simplificada historia del parlamento ha sido como un río que ha venido a desembocar en el complejo mar de la actualidad

Pero, la complejidad busca simplificarse y los conflictos complejos reducirse a confrontaciones elementales. Por un momento pareció que el mundo completo lucharía una guerra ecológica y solidaria.

Pero las tensiones en nuestras sociedades han desmontado la lucha contra el cambio climático. Al parecer, solo los chinos se tomaron en serio su revolución verde: su industria de placas solares, energías alternativas y coches eléctricos para todo el mundo. Occidente, en cambio, naufragó con la ‘revolución de las redes’ y la crisis de su pseudo democracia. El parlamento del tuit ha decidido que, como el mundo se va a acabar, (más del 50% de la población cree que vamos a una gran guerra), ‘Apocalipsis Now’, es preferible entonces tirar la casa por la ventana y sustituir la revolución verde por la revolución verde-oliva del rearme militar. Lo que no deja de ser un enorme negocio, la guerra siempre fue una apuesta de cuatro ganadores y, por supuesto, una masa perdedora.

Y como frente al poder no hay Pero que valga, con la decisión ya tomada por los que deciden, solo falta el formalismo de alguna firma. El imperio anglo norteamericano, con capital militar en Washington (OTAN y AUCUS), económica en Londres, e intelectual en Jerusalén, se enfrenta con los rusos por el control de Ucrania, la posesión de las tierras raras, su riquísimo granero y el puerto de paso entre oriente y occidente, (la esperanza de China para su nueva ruta de la seda).

Pero, todo poder despierta un contrapoder: inercia pura, acción y reacción. Al otro lado de la OTAN, está RUSIA, el estado ruso gobernado por el zar Putin, esforzándose por no terminar desmantelado.


Pero el partido comunista ya se acabó. Un Yeltsin borracho le dio la puntilla, enfrentándose a los tanques con una botella de vodka como batuta, y como coro el futuro ‘parlamento del tuit ruso’: los medios incipientes, sus dueños y el público febril. Se vendió entonces el Estado por piezas y el poder pasó a los oligarcas, encantados de hacer negocio con sus homólogos occidentales: “Que todo quede entre oligarcas, pues nadie entiende mejor la libertad de los buenos negocios”.  


Pero, como la inercia histórica adora los hombres fuertes, apareció Putin. Con un notable apoyo popular y ejerciendo de salvador de la madre patria, viene a redimirla de su decadencia frente al corrupto, colonialista y prepotente occidente.

Pero su gobierno depende de los oligarcas, los necesita pues controlan las grandes empresas y los medios que arengan al ‘parlamento del tuit’: “Make Rusia Great Again”.

Pero ese es ¡el mismo discurso de Trump! “Make America Great Again”, el paisaje que se impone hoy en todas partes. El enfervorecido parlamento de las redes también grita en España: “Make Spain Great Again” con Abascal y Aznar en la dirección del coro. Y en Italia, “Make Italy Great Again”. Y en sudamerica, “Make Argentina Great Again”. 

La inercia se lo está tragando todo. En Hungría ya gobierna el “Make Hungary Great Again”. En Francia no es necesario esperar por Le Pen, pues el “Make France Great Again” lo canta el pequeño Napoleón, empeñado en el rearme y en enviar tropas a Ucrania. Y la pérfida Albión no hace menos: atávicamente conservadora, canta el “Make Great Britain the Greatest” por boca del payaso Johnson y su Brexit, primero, y luego por la megafonía de Starmer, de notable vocación Churchilliana. 

Pero + Pero = Inercia. Napoleón.2 y Churchill.2 empeñados en arrastrarnos a todos a una nueva guerra, esta vez sí, para liquidar definitivamente al imperio ruso: “Make Europe Great Again”. 

A ver, todos en coro: “Make Europe Great Again”. ¡Cuánta inercia!

La inercia del pasado y sus fantasmas se adueña de las débiles mentes de los ciudadanos del siglo XXI, convertidos todos en “parlamentarios del tuit”. Parece cumplirse aquello de que “cuando los perros tienen abundante comida duermen tranquilos la siesta, pero con hambre hay bronca”. Y ¿qué mejor lugar para una bronca que el ‘parlamento de las redes’? En esta situación, en vez de unirnos en pos del bien común y la amenaza climática, con claridad creciente se manifiestan las fuerzas inerciales de la historia, es decir, atavismos nacionales que vienen del pasado, se adueñan del presente y buscan determinar el futuro.

Pero, no se puede seguir callando ante la monstruosidad. Ya nadie oculta que el riesgo es grande. Y el riesgo no es Rusia ni China, el armamento occidental es hoy enormemente superior. El mayor peligro es la inercia de nuestra belicosidad ancestral.

La tradición belicosa de nuestra Europa, colonizadora del mundo, es histórica. Una noticia de hoy anunciaba, con fuente en el Pentágono, que China pensaba duplicar sus 600 cabezas nucleares actuales. La noticia, orientada a estimular la paranoia anti china, no incluía la información de que USA dispone actualmente de 5225 ojivas nucleares. ¿No era una civilización cristiana la que decía que “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio”?

Sin Peros, está claro: “NO AL REARME”, y lo digo públicamente.

3. LA INERCIA NACIONAL

España, heredera de orgullosas tribus pre romanas, del imperio romano luego y del musulmán más adelante, convertida a un cristianismo excluyente y fanático, descubridora y conquistadora de América, predicadora del amor cristiano y despiadada en su imposición por la fuerza, sufre la inercia de un alma doble: dos Españas una vez más.


Pero España es diferente, al menos esa es nuestra ilusión. En esta España dual y ‘diferente’, la cuestión de fondo, la inercia nacional, parece no haber cambiado. 

Nuestro actual presidente, según la derecha, va camino de ser un dictador; a veces lo llaman despectivamente “pequeño dictador”. Pero, según la misma derecha, el “Gran Dictador Español” del siglo XX, triunfador de la guerra fratricida, fue el verdadero salvador del desastre republicano-comunista. Y parece ser un hecho histórico que, para ganar y sostenerse en el poder, Franco pactó con dios y con el diablo: aunque parecía estar del lado del eje fascista, no se mojó claramente con ellos, y menos aún se implicó con el otro bando, el de Inglaterra (enemiga inercial de España) y América del Norte (castigadora de España en Cuba y Filipinas). 

Pero, ¿Son oportunistas los dictadores? ¿O son grandes defensores de valores superiores? 


La inercia nos trae actualmente los aires de un “buen dictador”; y tendrá que ser uno como antaño: con habilidad para nadar entre dos aguas. Sánchez está en esa tradición, y cualquier ‘dictador’ o pseudo-dictador de derechas que le sustituya deberá hacer lo mismo: debatirse, por simple inercia histórica, entre dos lealtades. Por un lado, la lealtad al tecno feudalismo, la forma de fascismo que ya gobierna América y se expande por Europa, (de cuyas economías España depende). Por otro lado, la vieja lealtad histórica, el amor idealizado por una España propia, cristiana y neutral. 

Y otro pero: si alguien aún tiene dudas con lo del ‘neo fascismo’, que mire al fascismo sionista y su genocidio implacable: ¡es nuestro! Ha sido calculado, armado y ejecutado por Occidente, (heredero inercial de los cruzados). Y frente a este horrible dilema España nuevamente está partida.

La herencia del pasado devora al presente: pura y dramática inercia. Nuestro hermoso y noble país pronto tendrá que definirse por el rearme o por la abstención y el pacifismo, una especie de neutralidad disimulada. 

Pero como la inercia actual, alimentada por una potente campaña de prensa, va hacia el rearme, el pacifismo, tal como ocurrió en el pasado, lo tiene difícil. 

4. PERO LA INERCIA ES GLOBAL

Ya nadie puede desarrollarse al margen de un mundo inevitablemente estrecho: España funciona en Europa, Europa funciona en Occidente, Occidente funciona en el Mundo Global. ¿Y entonces? Ya nadie puede ignorar al otro, sea amigo o rival estratégico.  

La política económica y militar de Europa depende del “Make América Great Again”. Y ese lema no significa que aquel gran país se encierre en casa a mirarse el ombligo. América fue grande en el pasado como árbitro del mundo, como gran imperio militar capaz de triunfar sobre cualquier otro. ‘Great Again’ significa ejercer al máximo la capacidad de ahogar a cualquier potencial adversario o enemigo exterior. Ahogarlo como a Cuba. O llevarlos al infierno, como a Palestina, Líbano, Siria, Irak, Libia, Afganistán o Vietnam. 

Pero su inercia continúa, y aún más crecida. Su naturaleza es la de un matador de imperios: primero derrotó a su imperio madre, Inglaterra; después liquidó al imperio español; al tercer Reich alemán, a los sueños imperiales de Italia y al imperio japonés, todos en un paquete envuelto en papel nuclear. Y hoy sigue, a través de la despiadada nación de Israel, su brazo armado en Oriente Medio, empeñada en liquidar sistemáticamente cualquier posible rebrote de los antiguos imperios musulmanes. 

Pero le faltan dos grandes: Rusia, y tras ella China. 

La OTAN, si sigo la pista de la inercia, es la poderosa organización militar que montó un Estados Unidos ganador con los arruinados imperios europeos de la posguerra: la derrotada, Alemania, la devastada Francia, la arrasada Italia y la bombardeada Inglaterra. El objetivo a corto plazo era contener el avance hacia occidente de la URSS, frenar a esa otra ganadora de la Segunda Guerra Mundial y, a medio y largo plazo, hacerla retroceder con su telón de acero a cuestas, ahogarla en sus contradicciones y desmantelar al último resto de los zares. 

¡Pura inercia! La competencia entre la casa de los Romanov/Putin y la casa de Sajonia/Coburgo/Windsor, está comprobada. Llevan siglos enfrentadas por ser la más grande. Y en esto estamos ahora: buscando la derrota final del viejo imperio ruso y la sumisión, luego, del antiguo imperio de los Chin. 

Pero no está resuelto el envite. Putin y sus tecno oligarcas son conscientes de que no pueden expandirse por Europa. Pero la inercia les dice que Ucrania es rusa, que Kiev ha sido capital de su imperio, que deben sobrevivir como poder histórico a las catástrofes del siglo XXI, sobreponerse a la hegemonía unipolar del poderoso imperio anglo-americano. 

Pero ahora, los vientos armados vienen de América, y, para someter a Putin del todo, USA y Europa juegan a poli bueno y poli malo: Trump le tiende una mano mientras el coro europeo lo maldice. 

Y en estas estamos. China enrocada y rodeada de bases americanas, construyendo su nueva ‘muralla china’ mientras intenta ampliar su desarrollo tecnológico y comerciar con todo el mundo. Rusia, como un oso herido. USA mostrando sus garras. Y la ciudadanía europea, boquiabierta y perpleja, entre un armamentismo al que teme y un pacifismo en el que no cree.


Dado este paisaje y el dominio que la inercia ejerce sobre el presente, ¿qué país es realmente libre de sí mismo, de su propia historia? ¡Dan ganas de bajarse de este tren! ¿Qué decida entonces el parlamento del Tuit? 

Pero Huy… ¡qué peligro! ¿Hay una estación al margen de esta inercia? ¿Un mundo multipolar y tolerante, dónde nadie amenace a nadie? ¿Existe una inercia para la fraternidad? 

Pero la inercia responde: ¡Eso no es realista! Si no luchamos ganarán ‘los malos’. Primero deberá haber un solo ganador. ¡Y para eso debemos armarnos! Armarnos para la paz de un solo orden: el nuestro, que es el mejor.

Pero, ¡Ese ya fue el envite que alimentó las Catástrofes del SXX!  “Ganemos la gran guerra para que venga después la paz definitiva”.  ¿Y acaso ocurrió?

Entonces ¿Simplemente callar? 

Pero, ¿No es cierto que quien calla otorga?

P. Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

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