ESPERANZA: EGO Y AGRADECIMIENTO//
Byung Chul Han, es un filósofo de origen coreano, estudiante y profesional en Alemania. Hace una crítica certera a la inconsciencia colectiva que sostiene la farsa política del actual sistema. Se pregunta “¿cómo es posible que para operar en un quirófano o pilotar un avión se requieran años de prácticas supervisadas, mientras que, para acceder a la supuesta cumbre del poder, un puesto que habilita para apretar un botón nuclear o llevar a un pueblo a la guerra, solo sea necesario conseguir popularidad en las redes?”
Concluye que el sistema no se equivocó al colocar a un payaso, un actor o un incompetente en el trono. “El actual sistema necesita del circo, para que nadie note que en realidad el trono está vacío”. Afirma que “durante décadas nos vendieron la idea que la democracia es el gobierno del pueblo”, que nuestro voto importaba, y no niega que quizá alguna vez fuera verdad, pero afirma que “lo que tenemos ahora es una simulación perfecta, un teatro tan bien montado que seguimos comprando entradas para el espectáculo de la política, aunque ya sepamos que los actores no escriben el guion, que el decorado es cartón pintado y que la obra se representa para mantenernos en la butaca con la atención absorta, incapaces de mirar lo que en realidad está pasando en otro edificio, sin cámaras ni audiencia, dónde se están tomando las decisiones que gobiernan las vidas de la audiencia”.
Describe a un público, los electores, quienes, obsesionados por el humo resultan incapaces de entender la dinámica del fuego. Dice que: “Tal vez el enemigo no sea el idiota en el trono sino el mecanismo que lo ha entronado”. Y esta cuestión es importante, pues ese “mecanismo”, con gravosos resortes ocultos, nos ha hecho a todos cómplices directos de esta humanidad en crisis: con nuestra inconsciencia, la anestesia que nos impide cuestionar, cuestionarnos y actuar con coherencia.
Sugiere que: “Es preferible aprender a vivir sin esperar al líder correcto, al partido correcto, a la elección correcta. Asumir que si queremos cambiar algo tendremos que hacerlo sin pedir permiso a los reguladores del espectáculo. Porque el espectáculo nunca dará permiso para su propia abolición”.
Y esta última reflexión apunta a la Esperanza; porque quizá la Esperanza no esté dentro de un sistema tan cuestionable, sino fuera de él.
Si me planteo de dónde sacar Esperanza, tengo que profundizar en la raíz de mi propia experiencia. Pues yo mismo puedo ponerme una venda en los ojos, y actuar como si todo esto no fuera conmigo, mirar para otro lado mientras ¡en la práctica! me dejo llevar por la inercia colectiva que está destruyendo la biología del planeta y amenazando a nuestra especie. La alternativa es reflexionar críticamente, cuestionar lo que soy, los valores y pulsiones que me mueven, y dar pasos en el sentido de una mayor coherencia. Pero ¿cómo hacerlo?
La esperanza en la Humanidad nos plantea una condición fundamental: la superación del egoísmo personal y de grupo. Es necesario reflexionar nuevamente sobre el EGO. El primer pilar de la esperanza fue la vitalidad, luego vimos la necesidad fundamental de consciencia, luego fue la necesidad de abrir nuestra mente a contemplar alternativas; y ahora vemos la necesidad de salir de nuestra zona de confort, trascender los muros del ego.
TRASCENDIENDO AL EGO
Voy a partir del supuesto que “todos queremos un mundo mejor”, incluso nuestros líderes, rojos o azules. Todos queremos Esperanza. Yo también la necesito. Me vienen a la mente anécdotas que la alimentan, cuando veo la generosidad de ese emigrante pobre que se lanzó a las vías del metro para salvar a una anciana que se había caído allí, para él mismo perder sus piernas. Cuando veo la generosidad de Vicente Ferrer y su fundación en la India. Cuando un médico sacrifica incluso el bienestar de su familia atendiendo sin cobrar. Cuando miles de investigadores y científicos acumulan cansancio sobre sus espaldas en la esforzada búsqueda de conocimiento, descifrar las claves de la realidad. Cuando tantos maestros y profesores se consagran a la enseñanza, mal pagados, muchas veces denostados por los propios padres o perseguidos por autoridades policiales o políticas. Son hechos reales que me enseñan una dimensión humana más valiosa que el nivel de renta o las voces de la propaganda, son hechos que sostienen mi esperanza.
Lo que alimenta mi esperanza es la bondad, pues ella es generosa. La generosidad viene con la capacidad de desprendimiento. Y para mí eso tiene raíz biológica, ya existe un instinto de “altruismo solidario”, comprobado incluso en animales. Lo que deprime mi esperanza es el egoísmo individual que tanto abunda. Hemos creado esta “sociedad charca” sostenida por un individualismo patológico, un narcisismo caricaturesco que se muestra sin pudor, o que se disimula hipócritamente en nuestros líderes más grandiosos.
¿Por qué es necesario ver más allá del ego para encontrar esperanza?
Entiendo al “ego personal” como ese conjunto de programas de carácter y personalidad con el cual estamos identificados, nuestra bandera personal, nuestro orgullo, el modo de nuestra acción en el mundo, todo eso que nace de la identidad que hemos asumido. Pues, si al nacer somos tan pobres que, por no tener no tenemos ni siquiera nombre, con los años hemos llegado a ser alguien y algo, ese ego o personaje que, debidamente administrado, nos permite ganarnos la vida y sobrevivir en la charca. El ego es la persona, (etimológicamente “máscara”), o modelo de nosotros mismos, que aprendimos a proyectar en nuestra percepción del mundo para operar en él.
Y luego está el ego grupal. Existe un ego familiar, a veces compulsivamente cerrado o excluyente. A veces pertenecemos con orgullo a cierta institución con la que nos identificamos: puedo dar la vida por mi equipo de futbol y lanzar bengalas a los contrarios. Existe el ego nacional, a veces un ego esquizoide con dos personalidades contrapuestas (como el triste caso español). ¿Cuál de las dos Españas es la verdadera? (quizá valdría la pena desarrollar una “psicoterapia para la esquizofrenia colectiva” que desde hace siglos tiene a España partida en dos).
La superación del límite personal nos puede abrir a lo colectivo; sin embargo, quizás superemos la frontera personal solo para enclaustrarnos en un ego colectivo, el egoísmo de un grupo sectario o anti-solidario.
El egoísmo colectivo ha existido y existe: hay comunidades excluyentes: quizás alguien, individuo o grupo, no tiene esperanza en el mundo, o desconfía de la Humanidad como colectividad, quizás entonces pone su esperanza en una salvación personal, esa que encontrará “solo con los suyos y en el más allá”: imagina entonces un “ego infinito”, ilimitado e inmortal, que se salvará por gracia de Dios mientras el mundo se hunde. Pues existe también esta forma del egoísmo espiritual, característico de tantas religiones excluyentes que bloquean la generosidad (circunscrita solo a los “suyos”) y no alimentan la esperanza en la Humanidad, como cuerpo colectivo de todas las etnias y culturas.
La comprensión de que la “consciencia de ser” es más amplia y universal que los límites del ego (individual o grupal) es un umbral hacia la Esperanza. El ego tiene una forma de consciencia limitada: “mi interés”, o en lo colectivo “nuestra seguridad”; el ego mismo se ha constituido como un mecanismo de autodefensa. La “consciencia de ser”, en cambio, desborda la piel del ego, la muralla de la secta, partido o grupo, abraza a los demás porque los siente, comprende que el interés propio, aislado de los demás es un absurdo. La Esperanza trasciende el interés personal y se proyecta como una consciencia superior que comprende que el ego mismo no existe sin los demás.
La esperanza nace con la generosidad que veo, valoro y reconozco en los otros, los “diferentes-iguales”; nace con la alegría que esa percepción me hace sentir: la gente es buena, hay mucha buena gente. La esperanza nace con el impulso de unirse a tanta buena gente, salir de la auto-frontera, confiar que hay vida más allá de nuestra “zona de confort”.
Superar el ‘ego personal’ por una consciencia más amplia, hacernos conscientes de los condicionantes del ‘ego colectivo’ en el que hayamos estado implicados, son pasos hacia la generosidad y la esperanza. Cuando somos capaces de darnos cuenta de los condicionamientos con que funcionamos, ya caminamos hacia un mundo mejor.
EL AGRADECIMIENTO
El Agradecimiento nace de los pilares analizados y sostiene con ellos a la Esperanza:
1— LA VITALIDAD: como fuerza esencial, como instinto de vida y dinamismo corporal, como energía fundamental que nace de las estructuras más profundas de la realidad, de la materia básica del universo. La vitalidad está arraigada en “eso” que ha evolucionado convirtiéndose en organismo y sociedad; nos conecta con lo Real, nos hace sentir que estamos vivos, y nos sitúa implicados, porque todos somos parte y actuamos en el gran teatro del mundo.
2— LA CONSCIENCIA: nacida de la vitalidad (un depresivo está anestesiado y un muerto carece de consciencia), nos permite darnos cuenta de nosotros mismos como entidades operativas en la realidad, nos hace comprender cómo los procesos en que el “sujeto de la acción” (nosotros), y el “medio ambiente” (natura y cultura) se retroalimentan, que en alguna medida lo que está sucediendo depende de nosotros. La consciencia nos permite crear y contemplar nuevas alternativas.
3— NUEVAS ALTERNATIVAS: sin perder la consciencia de que lo nuevo está arraigado en lo antiguo y que lo antiguo se sostiene en su naturaleza original, la evolución de la naturaleza que nos incluye nos plantea dilemas: nos confronta con la posibilidad de extinción o una transformación adaptativa, un cambio a nuevos modelos de organización social, modelos que, como he sugerido en el artículo anterior, podrían estar inspirados en el “comunitarismo solidario del propio organismo biológico”.
4— TRASCENDIENDO AL EGO: Para encontrar una medicina eficaz tiene que haber un diagnóstico correcto. El problema actual nace de la incomunicación, del encierro egoísta de sujetos y grupos en sus intereses miopes, de una competencia, muchas veces violenta, entre sociedades etnocéntricas y excluyentes. La medicina para este problema viene con la superación de esas fronteras, la trascendencia del egoísmo.
5— EL AGRADECIMIENTO: Y así llegamos al quinto pilar de la Esperanza, el Agradecimiento, pues su ausencia es amarga, bloquea la alegría vital y obscurece el horizonte. Darnos cuenta que pertenecemos a una realidad infinitamente más amplia que nuestros esquemas psico-sociales, despierta un profundo sentimiento de agradecimiento: porque somos una parte real, aunque pequeñísima, de lo Inmenso.
El Agradecimiento se abre con una respiración profunda, con una percepción de la vida como regalo, no como logro del esfuerzo. ¿Qué he hecho yo para existir? Es cierto que he hecho algo, poco o mucho, para sobrevivir, pero la vida nos vino dada; las amistades, el amor, la salud, la contemplación de un amanecer, el gozo de simplemente existir, todo eso nos llega como parte de este desenvolverse sorprendente de la realidad en que estamos implicados. El sentimiento de gratitud es generoso y esperanzado. Aunque pueda haber dolor y sufrimiento también hay gozo y placer que podemos agradecer.
Me contaron de un sujeto que vive aislado, que comparte en twiter su desesperanza, se ha dado cuenta de cuan miserable es su existencia, no conoce a sus vecinos, no tiene esperanza en la evolución del mundo y su mejor deseo es que sus perros y gatos no le sobrevivan. Es cierto que hay vidas miserables, pero, dicho esto, también es cierto que muchos somos Ultra Privilegiados, que si la humanidad se ha multiplicado tanto, es un triunfo de la Vida que debiéramos cuidar. Comparado con cualquier forma de vida anterior, el ser humano contemporáneo tiene posibilidades impensables hace pocas generaciones.
Si somos agradecidos con el regalo del presente, si asumimos nuestra vitalidad, si nos maravillamos del hecho portentoso de la consciencia, si somos capaces de reflexionar críticamente para actuar desde la generosidad, si contemplamos nuevas alternativas con desprendimiento del ego: ¡bienvenida la Esperanza!
Francisco Bontempi
Médico y Psicoterapeuta
3– ESPERANZA: EGO Y AGRADECIMIENTO (Reflexiones sobre la Esperanza)