MODOS Y MUDAS DE LA MODA

Posted By pfbontempi on Jun 24, 2026


La moda es un fenómeno significativo en el devenir de nuestra especie. (Etimológicamente “moda” viene de “modo”, del latín “modus”, que significa medida o manera de algo).

Las aves se visten de plumas y colores con significado y función: atraer, amenazar, avisar. Pero nosotros somos lo que Desmond Morris llamó “mono desnudo” y nos vestimos, no solo para abrigarnos sino para identificarnos

Nos identificamos por formas intrínsecas o propias (la forma del cuerpo, color del pelo, altura, forma de pensar, hablar, actuar, etc), y también por formas extrínsecas, adoptadas para cubrirnos, adornarnos y/o marcar estatus.  

Hay una identidad que no es propia sino adoptada, definida en parte por “el modo en que nos cubrimos”, es relativa y dependiente de lo que nos rodea: las plumas de un jefe indio son nobles para unos y una curiosidad ridícula, buena para el carnaval de otros. 

Pasa lo mismo con las palabras, cuyo valor o significado depende del contexto, están sujetas el fenómeno de las modas, sirven para cubrir o disimular algo, o directamente mentir. 

Todas las formas solo duran un tiempo, experimentan leves cambios durante su vigencia, agotan su ciclo y aparece otra forma, otra moda o muda.  Durante un tiempo, por ejemplo, está de moda el amarillo, después se pone de moda el verde, el rojo o el azul. Y así con todas las formas, angostas o anchas, largas o cortas. La moda evoluciona y así hoy no nos vestimos como ayer. Ni tampoco hablamos como ayer, nuestro idioma también está sujeto a muda: palabras dejan de usarse y aparecen otras que no existían. 

La moda evoluciona porque es una expresión de vida, y la vida es el gran proceso donde todo evoluciona y cambia. La evolución es un proceso adaptativo en el que formas biológicas se extinguen y nacen otras nuevas. Todo muda. Sin embargo, ninguna novedad es absoluta: todas surgen y se construyen apoyándose en estructuras y formas previas. Y así con todo. 

Con la forma de las sociedades, el modo con que los seres humanos nos organizamos, ya sea en redes abiertas o pirámides jerarquizadas, ocurre lo mismo. Hay formas sociales que existieron y desaparecieron, sustituidas por otras.  Pero otras modas van y vienen en ciclos que se repiten: las democracias y las dictaduras, la guerra y la paz, se han entretejido largamente en el tejido que llamamos historia.

Con las formas del arte pasa lo mismo. Hay escritores muy bien adaptados a la moda, y otros que no encajan con su tiempo. En la historia de la literatura ya ha ocurrido: escritores ignorados que fueron redescubiertos y valorados muchos siglos después de su muerte; con los músicos ha ocurrido otro tanto, e incluso con las ideas científicas. 

El problema de la moda es el de cualquier sistema de signos y señales. Y del habla. La escritura no son solo palabras, sino una cierta musicalidad, un ritmo; el habla ancestral es música, somos primos hermanos de aves y ballenas, seres que cantan para comunicarse; y esas características, que no están en la literalidad del habla escrita, son determinantes importantes de nuestra comunicación. Ya ocurre que, usando aproximadamente las mismas palabras, en muchas regiones y países hispanohablantes, se habla con otra musicalidad, entonaciones a veces difíciles de entender que con el tiempo quizás deriven en otra lengua. Por mucho que la RAE se empeñe en conservar nuestras palabras, es probable que dentro de 10.000 años no solo sea difícil sino imposible leer y hablar el español arcaico de hoy. Que todo cambia parece ser una ley universal, y que el pasado lucha por no extinguirse y prevalecer también es un fenómeno natural.

La moda típica de este siglo XXI es la “ensalada de contradicciones”, la actualidad que nos vemos obligados a comer y digerir hoy. En países de oriente (musulmanes) ciertos conservadores utilizan la brutalidad de la fuerza para conservar la pureza de un pasado idealizado; resulta irónico que quienes más les critican aquí, en el occidente (judeo-cristianos), son aquellos que estuvieron dispuestos, en nuestro pasado y aún en el presente, a utilizar la fuerza, y sus leyes ad hoc, para preservar la pureza de nuestro propio e idealizado pasado. 

Ser “conservador” puede ser una moda y también puede serlo el “reformismo”. Otra cosa son las convicciones racionales, pero la moda no va de razones sino de inconsciencia y emociones.

La moda no solo está en la forma o significante (musicalidad, combinación de sonidos, formas y colores), sino en los significados con que una época o generación parece obsesionada

Hay temas que se ponen de moda. Hoy día, por ejemplo, está de moda hablar de crisis, corrupción, polarización mundial y guerras apocalípticas; y todos parecemos abducidos por este modo terrible al que está derivando la narrativa colectiva.

Sin embargo, existen ciertos temas o cuestiones que no pasan de moda. Por ejemplo: si hay dios o no hay dios, cuál es el origen de todo lo que existe, qué sentido tiene nuestra existencia, qué es la consciencia, qué es realmente todo esto que llamamos materia. Son cuestiones medulares a las que se enfrenta, de una u otra manera, cada nueva generación (medulares: aunque una y otra vez volvamos a la moda del nihilismo y las descartemos por absurdas y sin respuesta).

Ya sea que la moda vaya de amarillo o de pañuelo en la cabeza, las variaciones de lo transitorio son ajenas a nuestra médula íntima. Con frecuencia vivimos cambiando la apariencia para no cambiar nosotros. El modo en que vistamos al mono desnudo, la moda que hayamos adoptado para encarar el hecho de existir, no cambia lo que somos. Aunque la mona se vista de seda, dice el viejo refrán. 

Pero en la profundidad hay otra dimensión silenciosa: en ella permanece una identidad más profundaatemporal, que no se viste de nada ni pretende nada sino Ser. En esa identidad vacía de cualquier forma reside la capacidad de generarlas a todos. 

Nos guste o no, todos tenemos una apariencia, variación adaptativa del tiempo y circunstancia que nos haya tocado: una forma biológica, una forma psicológica y social condicionada por la familia de origen, profesión, estatus económico etc. Y, condicionada por aquellas dos, también tenemos una forma ideológica, a veces consciente y, muchas otras, inconsciente, forma reconocible incluso en aquellos que presumen de no tenerla: los “libres de ideología” o los “mal adaptados” al sistema. 

No solo estar “polarizado” es moda, estar “mal adaptado” también viste mucho y se ha convertido en moda, porque, ¿quién está realmente bien adaptado a esta inestabilidad ingobernable en que ha derivado la compleja red de lo humano? 

¿Aprenderemos a vivir superando las formas, la moda, la circunstancia y lo transitorio? ¿Encontraremos la solidez de lo fluido, la esencia radical, la unidad original de dónde todo emerge?

P.Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

MODOS Y MUDAS DE LA MODA

PD: Adornar es una palabra compuesta formada por dos partes: -El prefijo “ad” indica «aproximación» o «hacia». -El verbo “ornāre” significa «equipar», «preparar» o «aderezar».

Ornāre deriva de una antigua raíz indoeuropea que significa «ajustar», «colocar» o «disponer». Por lo tanto, en su sentido etimológico más profundo, adornar significa colocar y ajustar las cosas en su lugar para hacerlas lucir bien. De esta misma raíz indoeuropea provienen palabras relacionadas como adorno, ornato, ornamento y, curiosamente, de allí viene el concepto de arte. Y el arte, aunque todos busquemos un arte que vuele más allá de la moda, ya sabemos, está sujeto y valorado según ella.