¿Por qué esta pasividad sorprendente de una humanidad al borde de la catástrofe?
DOMESTICACIÓN
La selección artificial nos permitió convertir un lobo salvaje en un manso perro de ‘peluche’. El experimento se ha repetido varias veces: se separan los cachorros de una madre salvaje, se les coloca frente a un ser humano: algunos gruñen y enseñan los colmillos, otros son más ‘pacíficos’. Se selecciona estos como nuevos reproductores, serán los ‘buenos’; a los ‘malos’ se les elimina y en pocas generaciones tendremos una sub raza de perros ultra domesticados.
Así hicimos con los lobos, los caballos salvajes y el ganado bobino. ¿Y con nosotros? ¿Quién nos domesticó a nosotros?
NOS DOMESTICÓ LA HISTORIA
En la prehistoria: un clan de belicosos guerreros, antiguos cazadores, han aprendido a vivir con comida abundante, lujo y comodidad: ¡la eficacia de la violencia! Simplemente se han convertido en conquistadores, dominantes de otros pueblos. Llegó la horda primero, el regimiento o legión luego: matan a todos los machos que no se someten al nuevo poder y ponen al resto de mujeres y hombres al servicio del nuevo régimen. Los que dominan son una clase minoritaria, el pueblo llano y trabajador sigue siendo una mayoría amedrentada y temerosa del poder.
Más recientemente, esta minoría son los portadores de una civilización armada, traen orden social y la mejor tecnología de sus modernas armas. Los nativos se defienden con palos y piedras. Los líderes rebeldes luchan hasta la muerte. Sobreviven los menos agresivos, los sumisos se convierten en siervos. Los ‘buenos’ serán la clase inferior, los que besan agradecidos la mano del nuevo amo, el que les da de comer.
Llegan a una plantación de algodón los esclavos africanos recién comprados por el gran emprendedor y propietario: son mano de obra y máquinas de producción. Vienen de un viaje durísimo, golpeados, encadenados. Si alguno de ellos gruñe y enseña los colmillos será golpeado hasta la muerte. Que mueran los ‘malos’ para que los ‘buenos’ trabajen sometidos a su destino.
Los ingleses en Australia mataron a los rebeldes, separaron a los hijos de sus progenitores y les enseñaron en escuelas-cárcel a ser buenos ciudadanos, sumisos y temerosos del rey y sus leyes.
Actualmente ocurre el brutal genocidio y colonización de oriente medio. El ejército inglés, administrador de Palestina, la entregó a los colonos sionistas fortalecidos por su moderno armamento; un proceso corto de apenas ochenta años ha impuesto su ley a sangre y fuego. Los rebeldes, los malos terroristas, simplemente eliminados; el resto de la población, mientras tanto, aterrorizada por la inclemencia de los conquistadores, está siendo diezmada por hambre, miedo y desesperación. Los que no mueran (o se marchen para ser parias de la tierra en otros lugares) serán sumisos ciudadanos, servidores de la nueva “clase gobernante” (los hijos favoritos del único dios verdadero).
Nadie ha escapado a este proceso de domesticación, ni en occidente ni en oriente. Todos somos hijos de este largo y complejo proceso que llamamos “civilización”. Aparte de nuestros países próximos, he tenido la fortuna de visitar culturas en África, Asia, medio Oriente y América, en todas partes encontré buenas gentes, y también sujetos amenazadores y potencialmente peligrosos. He observado que una mayoría de sus poblaciones eran “buenas gentes”, estimo que en todas partes rondaban el 80% de la población; pero luego estaba ese 20% de los más agresivos. Me he preguntado si ¿hay relación con la proporción natural entre “predadores” y “presas”? Me parece claro que el “carácter agresivo” es una cualidad biológica heredada de “los conquistadores”, primitivos guerreros, líderes y grandes emprendedores (tipo ‘Alejandro Magno’) en que la inteligencia y la agresividad están mezcladas. Sus genes posiblemente estén dispersos en la población actual, aunque frecuentemente vestidos de astuta y conveniente hipocresía. La mayoría somos herederos de “los otros”, esos a quienes Jesús llamaba “los mansos de corazón”, los que algún día poseerían la tierra y que son, también hoy, fuente de esperanza para un modelo social alternativo.
Pero por ahora la tierra es de sus “dueños”, cada vez más dueños de todo, concentrados en sus núcleos de poder, con estados convertidos en empresas o empresas convertidas en auténticos estados: fábricas de domesticados trabajadores-consumidores. Quien no se somete a la ley no tiene lugar en el sistema, es un terrorista o delincuente: será marginado, encarcelado o eventualmente ajusticiado.
ANESTESIA Y DOMESTICACIÓN
El juego por “dominar el proceso civilizador” tiene nuevo armamento nuclear en desarrollo, y lo proyecta al espacio bajo un control peligrosamente psicopático. ¿Por qué entonces, preguntaba, nuestros ciudadanos están anestesiados y sin reacción ante los gravísimos hechos que amenazan al futuro del planeta y de nuestra especie?
Porque somos obedientes y sumisos, primates domesticados por nuestra propia historia, y en grave riesgo ahora, por la inercia de la misma.
Nuestras clases dirigentes parecen no entender lo que ocurre. Ellos/ellas mismos/as están anestesiados por la inercia de los procesos históricos que les situaron en ese poder. Algunos argumentan que es la falta disciplina en los colegios, que los padres son consentidores de sus hijos, que ya nadie quiere trabajar en trabajos estúpidos por sueldos cortos, que hace falta una nueva mano dura que a todos ponga en su sitio.
Los administradores de este desastre inercial, generalmente oportunistas bien intencionados, (pero sin muchas luces), hacen lo que pueden.
Los que están, por carácter e historia, acostumbrados a gobernar por la fuerza autoritaria, la imposición del respeto y miedo al más fuerte … se preparan para imponer su receta de siempre.
Mientras tanto, las grandes masas, entre las que estoy junto a los que amo, duermen anestesiadas por el ruido tóxico de la manipulación mediática y la polarización subsiguiente: la decantación progresiva entre enmudecidos perplejos y vocingleros radicalizados.
En este caos ¿sabe alguien lo que se puede hacer? ¡Nada! Solo esperar a que venga un gran líder con suficiente: “yo ordeno y mando”.
Hemos sido enseñados a comer, callar y obedecer: claves de nuestra domesticación. ¿Son necesarias nuevas guerras para que recordemos la vieja receta? Muchos creen que es inevitable, que el nuevo orden mundial solo puede nacer como consecuencia de una nueva violencia masiva: la horrible receta del siglo pasado.
Esta noción de una pseudo paz que se impone por la fuerza plantea un problema: estamos domesticados y tendemos a la sumisión para acoplarnos en “pirámides sociales”. Las “redes igualitarias”, las democracias populares de los clanes originales, la fratría o hermandad primitiva, la ilusión del cristianismo comunitario, la frustración idealizada del comunismo moderno, fracasaron todas en un pasado violentado, cuando chocaron con la realidad pragmática e implacable de las “pirámides del poder” guerrero.
Ahora somos pacíficos y nos dejamos guiar por nuestros amados (o temidos) líderes: pues ellos “solo desean nuestro bien”.
Obedecemos automáticamente, y cuando nos dicen que toca armarnos (para una guerra que nadie desea y que a nadie conviene) … allá vamos.
Porque, si nos rebelamos y salimos con pancartas gritando que “no a la guerra”, se plantea un dilema: ya no estaríamos siendo pacíficos y sumisos a la ley y al orden que disponen las autoridades, los salvadores que organizan y gestionan la guerra; estaríamos cuestionando a nuestros líderes y desordenando la sociedad. ¿Eso es “malo”? ¿Podríamos alimentar con nuestra rebeldía el renacimiento del lobo ancestral?
¿Cómo hacer para oponerse a la guerra sin que el fuego de la violencia nos consuma a unos y otros, belicistas y pacifistas?
¿Puede la fuerza de la no violencia ser mayor que la fuerza de la violencia?
El escenario donde se resuelve este dilema es la consciencia individual. Si suficientes individuos cogen el camino de una paz madura y responsable, no habrá manipulación ni miedo que consiga llevarnos a ninguna guerra.
LA POLARIZACIÓN COMPLICADA
Pero en un mundo polarizado esta es una opción difícil. Los pacifistas están entre seguidores del Papa católico, de muchos rabinos judíos, de místicos o estudiosos del islam, incluidos frecuentemente en tendencias de derecha. Otros pacifistas están en movimientos de izquierda. De allí que, cuando los pacifistas de izquierda buscan el desarme, la derecha belicosa les acusa de traidores y pro-enemigo. Y cuando los pacifistas de derecha buscan hacerse oír son acallados por las voces del pragmatismo polarizado, acusados de idealistas fuera de la realidad y, eventualmente, de favorecer a la izquierda enemiga que quiere imponer su ateísmo.
¿Cómo hacer para que los pacifistas de derecha e izquierda puedan abandonar sus respectivas polarizaciones para confluir en un gran frente anti bélico?
Si esto no se consigue, la inercia de una polarización creciente nos arrastrará a un agravamiento de los conflictos, con enormes masas de ciudadanos pacíficos y bien domesticados, empobrecidos y humillados por la violencia, convertidos en víctimas colaterales de estas limpiezas étnicas e ideológicas. Y una vez más será el fracaso del dios de la paz, de la inteligencia solidaria: se habrá perdido la posibilidad de una humanidad moralmente evolucionada.
Soy consciente de la oscuridad de este presente, nacionalmente estresante y geopolíticamente agobiante; multitudes de niños/as y adolescentes, dispersos en los cinco continentes se enfrentan al absurdo de vidas precozmente mutiladas. Por lo mismo, el próximo artículo de esta serie de “reflexiones sobre la actualidad”, lo he dedicado a explorar las dinámicas psicológicas latentes en algo imprescindible: la “ESPERANZA”.
PD: Para una amplia y rigurosa información sobre la actual encrucijada histórica recomiendo el canal de Youtube: “Neutrality Studies”, de Pascal Lottaz. Tiene traducción al español.
P. Francisco Bontempi
Médico y Psicoterapeuta
DOMESTICACIÓN (Reflexiones sobre la actualidad.3)