PRISMA

Posted By pfbontempi on Dic 19, 2024


PRISMA


“Veo a la consciencia como fundamental, y a la materia como un derivado de la consciencia”. Max Planck (padre de la física cuántica)

DEL AMOR: El amor es más que encuentro, comunicación, entendimiento, reconocimiento, o deseo. El amor es resonancia. La resonancia es el fenómeno de “dos o más” unificados en una vibración compartida. 

No hay verdadero amor sin desprendimiento, sin soltarnos de esa parte nuestra que genera división, que crea frontera: el ego controlador. Soltar entonces, dejar ser, sin apego ni afán de control o posesión. 

Pero el control es un mecanismo de defensa necesario y frecuente, se alimenta del miedo y busca paliarlo. El miedo y la inseguridad llevan a la negación del amor, al apego defensivo y la dependencia. El apego y la dependencia son los mayores enemigos del amor.

El miedo es enemigo directo del amor, o lo niega, o convierte al amor, de por si flexible, ágil y alegre, en rutina y automatismo, en una mascarada de la vitalidad creativa del amor. 

La dependencia crea un sustituto del amor, un amor descafeinado que nunca llega a la plenitud de la resonancia; se queda siempre en frustración y deseo de un “algo más” inalcanzable. 

La frustración de los deseos lleva a la recriminación y al reproche; estos se convierten, inevitablemente, en rechazo, ruptura y mayor frustración.


El apego y la dependencia surgen de la debilidad, del temor a perder. 


El estado de debilidad está asociado a una desconexión, (del sujeto que la experimenta), con su naturaleza más profunda o naturaleza esencial. Esta situación suele ser aprendida y condicionada por nuestras experiencias infantiles.

La vida es una escuela que comienza en la infancia, allí aprendemos tanto a experimentar la resonancia del amor, como a encerrarnos en las defensas caracteriales, la cáscara que protege nuestra debilidad. Nuestra cáscara está directamente emparentada con la cáscara de nuestros padres.

El temor es una experiencia natural en la infancia. El niño o niña necesita seguridad biológica y anímica para crecer sano/a. Por esa necesidad se apega y se deja modelar (consciente e inconscientemente) por su entorno primario. 

El modelaje infantil a veces resulta ser un aprendizaje negativo, un cúmulo de condicionamientos del carácter, una forma de personalidad, que le dificulta en su vida adulta “el vuelo del amor”, la plenitud del ser, la confianza en sí mismo y el desarrollo de su potencial.


Sin embargo, sean cuales sean los condicionamientos formativos que nos afecten, seguimos siendo sujetos dotados con un potencial innato para el amor, para la creatividad y el aprendizaje; pues todo esto es “natural” y la naturaleza es nuestra parte más poderosa. Confiar en nuestra naturaleza es un componente fundamental del amor.

La grandeza del verdadero amor proviene del desprendimiento, y éste de la seguridad. El verdadero amor es desprendido, no posesivo; es generoso y permite al ser amado ser tal como es, por lo tanto, no exige ni espera reciprocidad. El verdadero amor ama, sin calcular la reciprocidad del intercambio.

La confianza es el pilar en que se afirma el amor. Al mismo tiempo, el amor es alimento de la confianza.


No hay gozo mayor que el encuentro de dos seres en su plena capacidad de amar: para ellos está claro que “el amor es Uno”. El amor es el encuentro de dos confianzas. 

La sombra de la desconfianza se alimenta de aprendizajes negativos previos y es enemiga directa del amor.


El amor que calcula la ‘medida del amor’ no es verdadero amor, sino un cálculo de conveniencias que surge del ego defensivo, lo delimita y termina por amurallar sus fronteras. 


Mientras más profundo y verdadero el amor, más simple es. Lo más simple perdura. Lo complejo tarde o temprano se deteriora.

DE LA LUZ: El Amor y la Luz son dos caras de lo mismo. El amor ilumina. La luz enseña la unidad de las contradicciones


La luz es uno de los misterios más profundos de la naturaleza, es ubicua y dual, es corpúsculo y onda al mismo tiempo; es materia y pura energía. Es simplísima, está aquí y allí al mismo tiempo, y es constante, nada es más constante que su velocidad. Ella expresa o encarna todas las contradicciones, al mismo tiempo que las sintetiza en su absoluta simplicidad.


La energía del sol, que es luz, se acumula en las plantas y animales que comemos: estamos hechos de luz

En nuestra condición humana, la “Luz” se materializa como “Cuerpo”, y “Consciencia”, ella es el sustrato resonante en que se experimenta el “Amor”.


El amor, al igual que la luz, reduce las contradicciones y las sintetiza en “la pura unidad del ser”. El amor, como la luz, es cuerpo y consciencia al mismo tiempo, está aquí y allí al mismo tiempo.

El amor ilumina la Realidad y le da sentido; no siendo ese sentido, otro distinto a la pura simplicidad de la luz y la consciencia. Amor, luz y consciencia son «unificadores».

Del mismo modo que, en “la constancia de la Luz” los cuerpos cambiantes y sus velocidades relativas encuentran lugar y referencia, en “la Consciencia” los fenómenos fragmentarios, lo inconstante y contradictorio, encuentra su hogar, descanso y disolución.

En el sentido de “comprender en sí las contradicciones”, de ser un marco estable y simple para lo complejo y cambiante: Luz, Amor y Consciencia son lo mismo


¿No somos acaso tan materiales como nuestros cuerpos y tan inmateriales e inaprehensibles como nuestra consciencia?

DE LA CONSCIENCIAEl amor es consciencia simultánea de uno y otro. Es un descubrimiento, tanto del otro ser, del ser amado, como de uno mismo, el ser amante. 

La consciencia de uno y del otro está en la esencia de la resonancia amorosa. El que no tiene consciencia de sí mismo, o ignora al otro por exceso de autoimportancia, ha perdido el hilo del amor. 

PRISMA: Imagina un prisma de tres caras: una cara es la Luz, otra el Amor, otra la Consciencia.

Cabeza, Corazón y Esencia, son tres aspectos básicos del fenómeno humano, integran el prisma que somos y que nos define. 

El prisma descompone la Unidad Básica de la Realidad en un espectro de niveles y aspectos del ser.


La primera cara del prisma está en la cabeza pensante. Como en la mente del físico o el agrimensor, la cabeza descompone la luz en un espectro de siete colores y varias longitudes de onda; ella analiza, separa y evalúa, ella imagina modelos, define conceptos, plantea hipótesis, especula y construye argumentos. La cabeza puede acercarse a la comprensión de “la unidad de lo real”, pero también puede convertir a la “experiencia de ser” en delirio, en mera ilusión. La cabeza puede potenciar la inteligencia biológica del amor, apuntar a la unidad; pero también puede destruir al amor por exceso de juicio o sobre análisis y conducir a la fragmentación. 


La segunda cara del prisma está en el corazón, en la experiencia emocional. La energía del amor es aquí un rio líquido de poderoso flujo, un rio que abraza y unifica todo lo que encuentra a su paso. El/la amante y su enamorada/o descubren un paisaje iluminado con los mil colores del amor, en su corazón no caben el análisis ni la separación pues allí todo es síntesis, un paisaje coherente y unitario. La emoción es una fuerza unificadora, contagiosa y expansiva. Pero, la emoción, la fuerza del afecto, puede ser también una fuerza disruptiva y separadora. El amor reúne, el odio rompe y separa, aunque paradójicamente, incluso en la ruptura del odio las partes «odiantes» siguen unidas, como un polo al otro polo, en la unidad mayor que las comprende. Si estamos tristes o alegres no se confina solo al corazón, se compromete la totalidad del cuerpo y el resto de lo que somos. 


La tercera cara del prisma está en la consciencia: en ella, la variedad interminablemente cambiante de los “aspectos o fenómenos de lo real”, (fenómenos intelectuales, afectivos y sensoriales), se sintetizan en la perfecta unidad de la matriz que les sostiene

La consciencia es el campo común en que se unifica lo diverso, lo que trasciende y sostiene a los fenómenos siempre cambiantes; es la luz que está allí y aquí al mismo tiempo; es la energía sustantiva por debajo del análisis de la cabeza, al mismo tiempo que el campo de energía que confiere su fuerza unificadora al corazón.


En esta “Unidad Natural del Ser que somos”, unificación y descomposición, análisis y síntesis, son los dos movimientos con que se desenvuelve nuestro proceso cognitivo. La cognición puede iluminar el camino a la comprensión de lo que somos, o generar el caos de la fragmentación y el sin sentido. 

Vive entonces para encarnar el misterio en que “Consciencia”, “Luz” y “Amor” son tres aspectos de lo mismo: la “Unidad Natural del Ser que somos”.


REFLEXIONES DE UN PSICOTERAPEUTA

Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

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