EL REO Y EL VERDUGO 

Posted By pfbontempi on Mar 8, 2025


—Tengo algo que decir —dijo el reo de muerte al oído del verdugo. 

—Dilo.

—Quiero que se me conceda un último deseo.

—Pídelo.

—Pido que se me permita contar un cuento, y que solo al llegar al final del mismo se ejecute la sentencia.

—Parece razonable, puedes empezar tu cuento.

“Había una vez un rey que se arruinó y perdió todas las riquezas sobre las que había gobernado. Del árbol caído todos hacen leña, se dijo mientras sus ministros, banqueros, y antiguos guardaespaldas le daban la espalda. Quítate la vida como un general japonés deshonrado, le dijo el antiguo primer ministro antes de escupir al suelo y marcharse. El rey pensó que estaba arruinado pero que su honor no dependía de su fortuna, así es que decidió vivir, y como no sabía hacer nada sino mandar a otros que sí supieran hacer algo se convirtió en mendigo. Su horario de trabajo empezaba a las diez y terminaba a las trece horas: vestido de pordiosero se instalaba a la salida del banco con la mano extendida. Tres horas después se marchaba con el salario de su jornada.

Un día pasó un viejo que no miró las ropas andrajosas sino la mirada de aquel mendigo, abrió su bolso y le dio tres monedas. —Ya no quiero solo sobrevivir —dijo el mendigo— quiero saber quién soy. 

—¿No lo sabes? —pregunto el viejo. 

—A veces aún creo que soy rey —dijo el mendigo— y otras un mendigo miserable. 

—¿Y cómo puedes saber la verdad? —inquirió el viejo. 

—Necesito alguien que me diga quien soy; así como el nombre nos lo ponen los demás, son los demás quienes nos miran, nos ven y nos tratan de manera adecuada a lo que han visto. 

—¿Dices que son otros quienes nos definen? 

—Lo digo, son otros quienes definen lo que somos. Así es que dímelo ¿quién soy?

—Solo sé lo que veo —dijo el viejo— un mendigo, quizás trastornado, que pide información acerca de su identidad. 

—¿Esto es lo que soy o esto es lo que ves? —preguntó el que había perdido su identidad. 

—Es lo que veo —dijo el viejo. 

—¿Entonces tú tampoco sabes quién soy? 

—En realidad no lo sé. Si tú, que estas dentro del pellejo no lo sabes, y tienes más información que nadie acerca de lo que eres, ¿cómo va nadie a decírtelo?

—Tienes razón —dijo el mendigo/rey—. Ya sé entonces lo que soy: soy el rey de mi reino. 

—Si tú lo dices —replicó el viejo— no lo discutiré. Pero dime ¿cuál es tu reino? ¿dónde empieza y dónde acaba? 

—Mi reino es lo que soy, comienza dónde yo comienzo y termina dónde yo termino. 

—¿Entonces tu reino no es algo que tengas sino ‘lo que eres’? —quiso aclarar el viejo. 

—Cierto, yo soy mi reino y el rey de mi reino. 

—¿Alguien te puede arrebatar lo que eres? —quiso saber el viejo. 

—Nadie me puede despojar de lo que soy, salvo quitándome la vida —respondió el mendigo/rey.

Y preguntó luego al viejo: —¿Y tú quién eres? 

—Dime tú quien soy —respondió el viejo. 

—Para mí eres un hombre sabio —dijo el rey/mendigo. 

—¿Eso es lo que soy o lo que tú percibes? —quiso saber el viejo. 

—Lo percibo porque así has sido conmigo, un consejero sabio: me has devuelto a lo que soy, me has hecho mirar más allá de mi apariencia. 

—Yo no te he devuelto a ninguna parte —replicó el viejo—solo te hice una pregunta; el resto lo has hecho tú. 

—Me has liberado de mí mismo y al mismo tiempo me has devuelto a mí mismo —aclaró agradecido el rey/mendigo. 

—Eres un rey generoso —dijo el viejo. 

—Eres un hombre generoso —dijo el mendigo/rey, en el momento en que el viejo se marchaba sin más explicaciones˝. 

—¿Terminaste tu cuento? —quiso saber el verdugo—. ¿Estás ya preparado para morir? 

—El cuento está inconcluso —respondió el reo de muerte. 

—Termínalo entonces —urgió el verdugo. 

—El cuento se ha convertido en dos cuentos —respondió el condenado—, y ahora tiene dos finales, uno va con el viejo y el otro con el rey/mendigo. 

—¿Quieres decir que por cada personaje que aparezca en tu historia se abrirá una nueva historia y se retrasará el final? 

—Cierto —dijo el reo de muerte—, he empezado una versión de la historia interminable. Todo hombre lleva consigo un relato abierto que se ramifica infinitamente. 

—Entonces morirás sin acabarlo —dijo el verdugo. 

—Moriré sin acabarlo —dijo al verdugo el reo de muerte— pero ya no podrás quitarme la vida, pues ella va con mi historia y ahora te incluye. Me puedes cansar hasta el agotamiento, torturarme sin dormir y finalmente ejecutarme. Pero no puedes quitarme lo que soy. Yo soy la urdimbre de una historia en la que también vas tú; quitándome la vida me has convertido en parte de la tuya. Me quitas la vida y me das vida eterna. 

—No te entiendo —dijo el verdugo. 

—Ni falta que hace —respondió el condenado a muerte— por eso tú eres el verdugo y yo el que te conoce. 

P.Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

EL REO Y EL VERDUGO

(biología y consciencia)