LA ARAUCARIA, reflexiones sobre el significado.

Posted By pfbontempi on Jun 11, 2026


LA ARAUCARIA

La Realidad es lo que es, con independencia del ojo que pudiera contemplarla. Pero las cosas pueden tener significado, significado que no es per-se sino “para alguien”. Hace unos treinta años planté una araucaria, casi en el fondo del barranco que hay junto a nuestra casa. En medio de las rocas enormes del fondo pétreo ella comenzó lentamente a expandir sus raíces y alongar el tronco. Años después me di cuenta que había partido las rocas y se estiraba por encima de un viejo roble, ya sobrepasaba a los pinos más altos y asomaba su copa a la vista de mi casa. 

Recordé entonces porqué la planté allí. Yo emigré de Chile un mes después del sangriento golpe militar, aquel desesperado intento de la fuerza armada por instaurar un orden y controlar el caos que emergió cuando un tercio de la sociedad cuestionó al viejo sistema, calificándolo de injusto, cuando otro tercio vomitó su ira sobre aquellos y el tercio central se debatió perplejo. 

Arauco, en el sur de Chile, tierra de araucarias, era y es la patria de un pueblo ancestral que nunca se rindió ante la imposición autoritaria. Y en mi familia había tradición: mi bisabuelo materno, un abogado culto, había huido con lo puesto de la sangrienta dictadura de Rosas, en Argentina; mis abuelos paternos emigraron de una Europa a punto de hundirse en el abismo de la guerra; y yo mismo había preferido objetar la conscripción obligatoria, ser remiso a la imposición militar que finalmente desembocó en dictadura. 

Tras varios puertos en el camino, nuestro barco emigrante había encallado en esta bellísima isla y su lejana montaña. Aquí construimos nuestra casa y desde ella, mirando hacia el atardecer del sol que se marcha hacia América, plantamos la araucaria de esta historia. Algún día, cuando ella fuera suficientemente alta, su cumbre aérea flotaría sobre aquel sol en fuga. Así la imaginamos. Y ese día ya ha llegado. Quizás tenga más de 20 metros cimbrándose al viento, como una bandera libre hacia el sol anhelado. 

Como todo pasa, dentro de un tiempo no estaré aquí. Pero la araucaria es más longeva y aún seguirá, marcando el sol del oeste. Quizás algún día venga alguien y la mire sin conocer este sentido: solo verá un árbol más, un tronco viejo que no significa nada, un árbol más entre los muchos que alguien plantó. Y así ocurre. Cuando aquí llegamos había entre las zarzas un viejo y leñoso peral, retorcido y casi seco, un árbol que, sin embargo, una y otra vez brotaba de su lejana raíz; tampoco era oriundo de aquí, algún campesino lo plantó en una ladera difícil, hace doscientos o trescientos años. Y sé muy bien que significó algo para alguien.

Porque el significado nunca es per-se. Siempre es un significado “para alguien”.

Algo parecido nos pasa con los restos de antiguas culturas, pues también existe el “significado colectivo”. Los antropólogos han debatido largamente sobre el significado de esas manos pintadas en la caverna ¿qué significaba “para ellos”? O el porqué de las pirámides, abiertas a tantas hipótesis: que si tumbas, si templos o instrumentos astronómicos. La cultura es una especie de relato que le da significado a los hechos y a las cosas. Pero las culturas, aunque todas hayan querido ser eternas, también mueren. Y los relatos se olvidan, o dejan de tener sentido. La realidad evoluciona y con ella los significados.

SIGNIFICADO DEL ÁRBOL

¿Qué significado le daban los antiguos al “árbol de la vida”? ¿Y a la “Vida misma”? Porque, si la vida es un árbol, ella es un árbol con significado para alguien. Más allá de las creencias e identidades particulares ¿existe el gran árbol que nos incluye a todos? ¿O estamos condenados a ser partes de un arbolillo que excluye a los demás, que niega la inmensidad del bosque?

¿Acaso tiene significado “la Vida”? Alguien la llamó “Sagrada” y quiero evocar esa cualidad, porque hoy se sigue matando a millares de seres humanos, para construir sobre sus tumbas el mundo donde reinarán las máquinas y el elusivo dios del capital. El respeto a la vida del congénere es ancestral. Pero ancestral también es la separación en clanes y facciones enfrentadas. 

¿Dónde encontrar el principio superior que nos convierte en congéneres? Quizás solo en la esencia de la vida más común, en lo simple, vulgar y corriente, no en lo excepcional y único, sino en lo común y repetido. Allí, en el tesoro de todos, está el nido de la chispa portentosa, el hogar de mil hijos y una única madre, imposible de detener, como la inmensidad expansiva de un Universo sin orillas.  

La vida que ama ser vida es la dadora de significados, Sagrada en sí misma, es la vida de todos (etimológicamente “sagrado” significa “divino”, concepto asociado a otros dos: “origen” y capacidad de otorgar “significado”); ella incluye en su raíz el misterio de su propio sentido, y ese misterio, plagado de contradicciones para quien la imagina “desde fuera”, solo ella lo conoce.

En mi trabajo veo y escucho a personas que me hablan de vidas absurdas, sin significado: “Doctor, no sé para qué vivo”, y el mundo mismo, como construcción de diferentes órdenes sociales, parece haber enloquecido, convertido en un gran animal trastornado, con el alma rota, arrojándose por un precipicio absurdo, sin más sentido que la imposición y la fuerza de su inercia.

Plantaré un último esqueje para la esperanza, pues mi oficio habitó siempre entre el dolor y la esperanza. He buscado sentirme parte de una Unidad Incluyente, una Humanidad dónde quepamos todos, con independencia de sexo, raza, religión o tendencia política; ese sentimiento de pertenencia a una Unidad no-sectaria, ese pensamiento inclusivo, me da sentido. 

Asumo, sin embargo, que nuestra existencia particular, la vida que experimentamos, (subjetivamente separada e individual), no tiene un significado per-se: su significado es siempre “para alguien”, para cada ser consciente. Asumo el mío.

¿Y el significado colectivo? Si existiera, seguro nacerá como el complejo hato de significados individuales.

Que los individuos determinan la evolución colectiva para mi tiene sentido. Así como la inversa: que la colectividad es un fuerte determinante del significado individual.

¿Seremos congéneres alguna vez? En la evolución de nuestra Consciencia está mi esperanza, pues la consciencia puede estar abierta a la diversidad, o encerrada en sus condicionantes particulares; en ella reside la posibilidad de un significado común, en el conocimiento de una Realidad más amplia que los intereses individuales o sectarios. Para la ciencia: el conocimiento, como la inteligencia y la consciencia, son constantes universales que no se encierran en fronteras. Y el Amor, finalmente, como sentimiento radical, ancestral y unificador, ¿quién podría adjudicárselo a este y negárselo a aquel? 

Pues, más allá de nuestras subjetividades personales, históricas, raciales y culturales, todos somos ramas y frutos de un mismo árbol: ramas de la Vida, con mayúscula.  

¿Hay sentido y esperanza, entonces? Estoy seguro que la aventura de existir tiene significado, que para ti también lo tiene, aunque nunca te lo hayas planteado.

P. Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

LA ARAUCARIA