DE HORMIGAS…
La inmensidad de dios, el gran espíritu cósmico, le habló a una hormiga en el lenguaje de las hormigas: “Hay maravillas en la inmensidad celeste, prodigios en el fondo de la tierra, portentos en la red de los seres vivos, levanta tu cabeza y goza de saber que eres parte de todo esto”. En ese lugar dónde la cabeza se une con el tronco y salen las primeras patas, la hormiga sintió una especie de escalofrío. Pensó que alguna hormiga trastornada le había hablado y giró la cabeza para ver de dónde venía la voz. “No me busques afuera, —dijo la voz— el misterio está en lo que te mueve, en el núcleo de tus tripas de hormiga”.
“No hay misterio —se dijo la hormiga—las claves para una vida plena siempre han estado en el hormiguero”. Y recordó entonces las reglas de la buena vida: “Haz tu trabajo con eficacia y paciencia de hormiga, así tendrás todo lo que necesitas para el buen vivir. Camina por la autopista 42 y en el punto 30 desvíate a la derecha, busca gotas de proteína y tráelas a casa. Nuestra especie está bendita entre todas las especies, sobrevivimos a cataclismos y nos adaptamos a todas las situaciones. Vuelve a casa y ofrece el fruto de tu labor en el altar de la Reina”. Así recordaba la hormiga los códigos maestros de su Clan mientras se afanaba en sus labores.
Pero eran tiempos revueltos, también en el hormiguero. Una sub especie de hormigas disidentes sembraban insidias antisistema: “Cansaos de vivir vidas absurdas. Tiene que haber un sentido superior que eleve nuestros esfuerzos, más allá incluso de la corte de los zánganos”. “¡Que viva el placer! —gritaban otras— tenemos demasiado trabajo y poco placer. ¡Que el barrio de los placeres se convierta en capital de nuestro hormiguero! Nuestra vida es demasiado corta. Inventemos la jubilación que nos corone de placer, que nos convierta en reinas finalmente ociosas y disfrutonas”.
Pero luego venían hormigas armadas con poderosos argumentos, traían a la memoria catástrofes antiguas y trabajo heroico; ellas pontificaban: “El trabajo siempre ha sido nuestra salvación. Sigamos empeñadas con ahínco en la construcción del Hormiguero Celeste, el fruto de nuestra abnegación siempre estuvo en el futuro de nuestra magnífica especie”.
Después de varias aventuras de hormiga, con su gota de proteína a cuestas, volvió esa noche la hormiga al hormiguero. Recordó fugazmente las extrañas palabras que escuchó en aquel ya lejano amanecer. “Voy a hablar con mi Consultora de Consciencia, —se dijo, y fue con aquella y le repitió las extrañas palabras que aún recordaba: “Hay maravillas en la inmensidad celeste, prodigios en el fondo de la tierra, portentos en la red de los seres vivos, levanta tu cabeza y goza de saber que eres parte de todo esto”.
La consultora le aclaró: “No es un fenómeno extraño escuchar esas voces, hay antiguas tradiciones que cuentan cómo, mucho antes de la fundación de nuestro Sagrado Hormiguero, las hormigas vivíamos en familias aisladas y dispersas, a veces, incluso, como individuos solitarios que sobrevivían como podían. No había otro futuro entonces sino sobrevivir. En esa época extraña y bárbara nacieron las ideas de un destino superior. Algunas hormigas trepaban a los árboles más altos, llegaban a la última rama y se sostenían en la última hoja. A veces se quedaban allí toda la noche, atrapadas en el magnetismo con que se tejen las estrellas en el cielo. Fueron ellas las que hablaron de misterios, ellas acuñaron las voces extrañas y los pensamientos mágicos que, aún a veces, brotan en nuestras cabezas de hormiga. Pero no te engañes con esos arcaísmos, cómo tú sabes, en los tiempos modernos de nuestro Sagrado Hormiguero ya no hay misterio, hemos resuelto la ecuación original y nuestra Sagrada Reina garantiza la paz y la comida que nos convierte en especie superior. Por supuesto que hay cosas enormes en los cielos y en las tierras, pero tú no te preocupes por eso: nuestras Hormigas Codificadoras ya han completado el catálogo de las grandes preguntas, y afinado además el decálogo de las respuestas trascendentales. Descansa esta noche con tu corazón bien puesto y amanece mañana bien dispuesta a cumplir con tu destino de hormiga. Y que viva eternamente nuestro Sagrado Hormiguero”.
La hormiga de nuestra historia se durmió reconfortada: la voluntad paradójica del dios de las hormigas se cumpliría a través de las reglas del hormiguero: todo estaba bien, no existía el misterio ni pregunta o respuesta que pudiera inquietarla.
Pero esa noche tuvo un sueño perturbador: se vio a sí misma convertida en un extraño y enorme ser, casi tan grande como una torre de mil hormigas. Tenía ocho extremidades y una cabeza más bien pequeña. Caminaba erguida sobre cuatro patas inferiores y con las otras cuatro manipulaba objetos ajenos a su cuerpo. Sus ojos eran pequeños y penetrantes, dos adelante y dos atrás. Su boca ocupaba casi todo el frente de la cara.
Afortunadamente, cuando algo no encaja con los códigos del hormiguero resulta automáticamente borrado, demasiado extraño para ser procesado por las neuronas de una hormiga; y esto hizo el cerebro programado de la nuestra: borró de su consciencia de hormiga aquel sueño junto con todo lo que no encajaba en sus códigos de hormiga. Uf. ¡Qué alivio! Los sueños solo sueños son.
DE HORMIGAS Y HORMIGUERO
Un cuento de Francisco Bontempi
Médico y Psicoterapeuta