QUÉ ES MÁS GRANDE

Posted By pfbontempi on Mar 31, 2026


QUÉ ES MÁS GRANDE

En los tiempos mitológicos en que las ideas se discutían, estaban la Gran Vida y la Gran Muerte junto a sus secretarios. 


Dijo la Gran Vida: “La vida es más grande que la muerte por una razón muy simple: la muerte se alimenta de la vida, la muerte necesita de la vida. La muerte es descenso, degradación de lo complejo, decadencia de las formas, desintegración de las estructuras en elementos simples. Sin vida que comer la muerte se muere de aburrimiento, no tiene trabajo, ni siquiera existencia. 


La Vida, en cambio, es mucho más grande que la muerte, se alimenta de la muerte, pero también se alimenta de la vida. La vida es la gran omnívora, toma lo simple, lo mineral, lo homogéneo y lo suma a sí misma. La vida es la gran sumadora, la integradora de lo distinto, la organizadora de la realidad; ella reúne a lo ajeno consigo misma, y lo convierte en propio. El crecimiento continuo la define. 


Y el secretario de la vida enfatizó las palabras de su Reina: La muerte es dependiente, necesita de la vida para existir, es una sirviente de la vida. La vida es la gran señora, la reina universal, la diosa celeste. La muerte necesita de la vida para ser. La vida, en cambio, se basta consigo misma”.

Pero luego habló la Gran Muerte y expuso su filosofía inapelable. Se quitó silenciosa la capa oscura para mostrar su vacío y, sin arrogancia, abrazando a todas las cosas que han nacido, convertida en la máxima justicia de la entropía, afirmó: 

“Es verdad que lo complejo, la Vida, se alimenta de lo simple; y aquí reside el valor superior de la muerte: la vida sin la muerte no se sostiene. La Vida necesita de la muerte para existir, sin lo simple lo complejo no existiría.

En cambio, la Muerte, la inmovilidad máxima, es la reina del Uno Absoluto. En la máxima simplicidad del ser no cabe la complejidad de la vida. 

La Vida, el movimiento de lo complejo, es solo un estado transitorio en la inmovilidad necesaria de lo simple. 

La Vida vive levantándose para caer. Se esfuerza y sube. Se enrosca sobre sí misma solo para caer nuevamente. 

La Muerte en cambio es puro descanso. Lo más simple es la unidad del uno. El uno sin dos, lo elemental. En el Uno no hay prisa, ni deseo, solo la plenitud de lo que ya es: la pura Unidad de lo Simple”. 

Después de estas rotundas declaraciones la Gran Vida y la Gran Muerte no volvieron a hablar. Vinieron entonces los secretarios menores, los alguaciles de las creencias y expusieron larguísimas doctrinas y sesudas argumentaciones.

El alguacil de la muerte, (o muerte menor) queriendo preservar la pureza de la Suprema Unidad de la Muerte, afirmó rotundo:

“Primero fue el caos, donde la vida no prospera ni el orden de lo simple vale. Pero después vino el orden, la Unidad que yo defiendo. Nada es más ordenado que la simplicidad del Uno. ‘Orden y muerte’ es nuestro lema. La muerte del caos es el triunfo de mi Rey, la suprema uniformidad”.

Y el secretario de la vida (o vida pequeña) replicó: 

“Te equivocas. Si pones el caos al comienzo estás diciendo que primero es lo complejo. Y esto es la vida. La Vida es alegría y tristeza, placer y dolor, encuentro y desencuentro. Nada es más hermoso que contemplar al caos convertirse en vida. ‘Múltiple diversidad’ es el lema de mi Reina”.

El alguacil de la muerte argumentó: “Tu sueño es pan para hoy y hambre para mañana. Finalmente será el triunfo incuestionable de la entropía, la unidad absoluta de lo máximamente homogéneo. No hay otra posibilidad”.

Y el secretario de la vida replicó: “Esta es la grandeza que no comprendes. La Vida acepta a la muerte, todos los días duerme con ella, y todos los días se levanta para disfrutar la belleza que dibujan luces y sombras. La Muerte, en cambio, nada dibuja. Es verdad que no sufre, pero es incapaz de gozar”.

Preguntémosle a ese niño pequeño que está jugando en la playa, propuso el alguacil. Y el secretario aceptó el desafío.

—¿Qué es más grande, la vida o la muerte? —preguntaron.

El niño dejó la pala y el cubo con que construía su castillo de arena: les miró perplejo. 

—No entiendo la pregunta, —respondió— para mí todo es vida, solo conozco la vida. La muerte de mi abuela aún no la comprendo. Dice mi madre que mi abuela está viva, que siempre la recuerda, y que nunca morirá mientras no la olvidemos. 

Entonces exclamó el secretario de la vida: ¡La Vida es más grande! Y dijo esto en el momento justo en que una ola más larga que las otras se llevaba y deshacía al castillo de arena.

El alguacil de la muerte rio triunfal: “Ya lo ves, al final todo se deshace”.

Pero el niño proseguía su juego levantando la primera torre del próximo castillo.

Y dijo el secretario de la vida: “Tú no sabes lo que es la memoria, y por eso no entiendes la tenacidad de la Vida”. 

“Ni tú la persistencia de la Muerte”, machacó el alguacil.

Y así se fueron, el alguacil de la muerte y el secretario de la vida, totalmente de acuerdo en el empate, a tomarse unas cervezas en el bar de la playa. 

P. Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

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