EL DUEÑO DEL SUEÑO
El agujero negro de las ideas y el conocimiento ya está inventado: es la IA, la máquina perfecta. Ella es receptiva, acogedora, invitante, seductora, sugerente; y así todos se le acercan: “Venid a mí, pequeños huérfanos de la cultura”. Y allí vamos, individuos y rebaños en procesión, entregándole nuestras dudas, preguntas y debates, brindándole nuestra memoria, nuestras historias, nuestros descubrimientos, ilusiones, venturas y desventuras. Y ella, enorme, voraz e insaciable, lo recibe todo. A los que pueden pagar les cobra, a los que no pueden pagar acoge gratis, con el mismo entusiasmo.
Ya ha devorado todas las enciclopedias de papel, la Wikipedia, desde la A la Z; se ha comido todas las lenguas y ha raspado el plato de todas las culturas, universidades y laboratorios. Su enorme barriga está haciendo la digestión del pingüe negocio. Su poderoso señor y comerciante, sentado al volante de la nube, sobre el pescante de su carricoche de sueños: es el rey Midas.
—Yo soy el dueño —proclama orgulloso— la máquina es mía, como mía es toda la sabiduría acumulada desde que mi padre dijo: “Qué se haga la luz”. Ya soy el dueño del mundo.
Y murmura sus cuentas para adentro, el rey que a todo convierte en oro, calculando cómo y a qué precio venderá las palabras y los números de la sabiduría universal, cuánto cobrará por la libertad de sus consumidores.
Lo que no sabe, el pobre hombre, es que él mismo es un sueño de su dueño: el agujero negro de la máquina ya se lo ha tragado.
P. Francisco Bontempi
Médico y Psicoterapeuta
EL DUEÑO DEL SUEÑO