EN TORNO AL COVID 19 Y SU EVENTUAL DESENLACE
La solidaridad, la caridad, el amor, son impulsos naturales en el ser humano. Lo estamos viendo en cada día de esta crisis y pandemia global. Es verdad que hay ciudadanos insolidarios y enfermos de acritud antisocial, pero son minoría en relación a la buena gente. El problema está en las grandes estructuras, estas máquinas colectivas que son nuestras sociedades, organizaciones que habrían de administrar el bien común, pero que, sometidas a la larga inercia de su historia, con desgraciada frecuencia, más dificultan que facilitan su expresión. No digo que sea fácil crear una sociedad justa.
LA ENFERMEDAD: UNA CRISIS EVOLUTIVA
El covid19, siendo una enfermedad grave, es también un signo de cuestiones más extensas, cuya insoslayable realidad nos afecta a todos.
Crisis eco-planetaria. El planeta está en crisis, sus equilibrios ecológicos están disparatados, la nata de gases de origen humano y el efecto invernadero que la sigue, aunque lo nieguen algunos, es una realidad que corre imparable. Miles de especies están en crisis y entrando en la espiral de las extinciones masivas. Las mutaciones y los cambios a nivel celular y de micro organismos ya están aquí.
Crisis sociopolítica. Nuestras sociedades de oriente, medio oriente y occidente, están en crisis. Las Naciones Unidas están en crisis y desbordadas. La economía global está en crisis. Nuestra especie está en una profunda e innegable crisis evolutiva: UNO. -Crisis de salud con varias pandemias acumuladas en los últimos cien años, y nuevas amenazas que muy probablemente seguirán. DOS.-Crisis de valores, pues aún no sabemos que valores adoptar para nuestra sobrevida: si el ateísmo vale y la ciencia nos salvará; si el cristianismo es la única religión verdadera; si el judaísmo cumplirá su profecía de tener la capital de un mundo en paz; si el islam será la fraternidad de los benditos de dios; si el budismo será la llave de un mundo iluminado; si la utopía de Confucio y su humanidad fraternal ocurrirán; si el individualismo occidental y su culto al capital nos llevará a la tierra prometida; si el colectivismo oriental y su súper disciplina son la solución; si el comunismo de los recursos vitales, (agua, energía, salud, alimentos y educación) controladas por la colectividad son el camino; o si la privatización de los mismos, (agua, energía, alimentos, salud y educación en las manos privadas que quieran administrar y vender esos bienes al resto), es lo más eficaz. La humanidad está revuelta, dividida, fragmentada y por lo mismo severamente desgastada y confusa: falta de unidad y de consciencia de unidad.
Nuestro tiempo está en crisis: estamos implicados en la construcción de una torre más alta que la de Babel con el propósito de alcanzar las estrellas, y el propio peso de la construcción la está hundiendo en un pantano contaminado, ciénaga de locuras y egoísmos personales y colectivos, que buscan con torpeza muy bien armada liderar el viejo sueño imperial.
Millones de individuos están en crisis, algunos muriendo en condiciones infrahumanas, otros con lo justo para sobrevivir un par de días, y algunos sin saber dónde depositar e invertir sus valores. En este contexto se desarrolla la actual pandemia. Miles de individuos confinados en sus mundos personales se hacen preguntas y buscan sentido. Y yo mismo estoy en crisis, con más de setenta años, un cáncer en tratamiento y la amenaza del covirus.
EL TRATAMIENTO: DESARROLLO DE LA CONSCIENCIA
¿Quién será el guapo que se levante agitando banderas de salvación? Los discursos individuales del Speakers’ Corner nunca sirvieron de nada. Circulan por la red miles de soluciones a nuestro problema colectivo, nos remueven un minuto y al siguiente ya lo hemos olvidado. Ese camino no funciona. Vienen cientos de profetas y salvadores variopintos, ya ha ocurrido, sujetos que después parecen realizarse en el circo de la política como grandes artistas del histrionismo. Pero solo son voces en medio de la vocinglera y asustada multitud. Un grito individual o un aullido de grupo sectario, en medio de la cacofonía no hace música.
Si el problema se ha gestado por la inconsciencia individual y colectiva, de la cual todos somos cómplices, el desarrollo de la consciencia individual y colectiva es el único camino posible. Es fundamental entonces la Educación para la consciencia de nuestra Unidad de Especie.
La convulsión mediática puede remover consciencias, pero el remedio después del virus no vendrá por los medios, estamos demasiado adocenados y pseudo informados en la pasividad del sillón. El cambio es algo muy íntimo, se activa en el corazón de cada cual y nos moviliza, es algo que implica compromisos objetivos, una forma de vida coherente con los valores buscados, una disciplina rigurosa, una capacidad autocrítica y una humildad a prueba de halagos y reproches. Pero estos desarrollos tampoco ocurren en el individuo aislado, sino en redes asociadas de sujetos reales que interactúan. Son procesos sociales que ocurren en grupos y redes de individuos asociados y comprometidos. Si nuestra acción se limita a retransmitir memes, algo hacemos, aunque más bien poco, no estamos siendo partícipes de cambios reales, prácticos y objetivos. En esta crisis tendremos que tomar decisiones y actuar. Algunos lo harán y muchos, desgraciadamente, solo se dejarán arrastrar.
Como individuos asociados a nuestros grupos de pertenencia, familias, partidos, asociaciones, cooperativas, ONG, sectas y religiones incluso, nos enfrentamos a esta crisis en todos estos niveles. Y ojalá seamos capaces de despejar falsos dilemas, y de enfrentarnos a los dilemas de fondo que definen a nuestro tiempo y condición. El virus es solo la punta del iceberg de la gravísima encrucijada en que estamos como especie, administradores responsables del planeta y de nuestras sociedades, pero ya nos está moviendo hacia definiciones críticas.
Una crisis medioambiental grave, con las presentes y futuras consecuencias sanitarias, nos enfrenta a nosotros mismos y al tipo de sociedad que construimos con nuestra manera de ser individuos. Y esto también es política, no solo reflexión abstracta, pues ya saliendo de la cuarentena, dentro de no mucho, la inercia de los medios y las majaderas obsesiones del duelo entre políticos nos llevarán a lo mismo que había antes del virus, pero multiplicado. Toda actitud y actuación humana tiene una dimensión política, pues respalda o entra en crisis con planteamientos que implican “el gobierno de las polis”.
Vale la pena hacer una lectura crítica de Yuval Harari, “Sapiens” y “21 lecciones para el siglo XXI”, donde ya advierte de los falsos dilemas que distraen nuestra consciencia de los problemas de fondo.
El dilema no será entre el sistema de la “Empresa Totalitaria” y el «Estado Totalitario». (Llamo empresa totalitaria a la típica empresa del Libre Mercado, pues su funcionamiento interno es autocrático y dictatorial: o estás conmigo o te largas; mientras que el sistema del “Estado Totalitario” es en sí mismo una enorme empresa dictatorial: o estás conmigo o te callas). Pues en el fondo ambos sistemas hacen lo mismo: administrar las fuerzas del individuo, extraer su energía y quedarse con la plusvalía generada, para un mayor crecimiento inercial de la empresa privada o del estado. Por lo tanto, será falso el dilema de confrontación este-oeste (USA-China) al que algunos ya quieren llevarnos, desde ante incluso de esta crisis. Pues además, ambos sistemas han demostrado una gravísima irresponsabilidad en relación al cuidado del medio ambiente, fundamental para nuestra sobrevida.
Tampoco será válido el dilema entre individuo y colectividad, (dilema que en su máxima contradicción es individualismo vs comunismo) pues el individuo necesita a la sociedad para alcanzar su plenitud, e incluso para sobrevivir; y toda sociedad, desde una familia a una gran empresa o estado nacional, necesita la plenitud de sus individuos para ser una mejor sociedad.
En juego hay dos dilemas, y sobre ello habríamos de reflexionar y decidir, como ciudadanos responsables que somos de nuestro futuro común, y del sentido que tenga la palabra Humanidad. El primer dilema: Vigilancia totalitaria (al estilo CIA o al estilo chino) vs Empoderamiento de la Ciudadanía. La vigilancia tecnológica tipo ´gran hermano´ya es posible y en parte está siendo usada en un lado y otro, pero también es claro que el empoderamiento de la ciudadanía exige niveles altos de consciencia individual y colectiva, pues si eso desemboca en la dictadura del proletariado ya conocemos su posible evolución; y si por el otro evoluciona a la dictadura de una plutocracia sostenida por masas mediáticamente manipuladas estaríamos ante una nueva forma de fascismo.
Y el segundo dilema: Aislamiento nacionalista (micro o macro nacionalismos) vs Solidaridad Global. Dilema que en el terreno individual se traduce como: Egoísmo individualista vs Consciencia de humanidad. El egoísmo individual o grupal pretende ignorar el hecho de que ya hemos entrado en la etapa de aldea global, que el planeta y la humanidad son una unidad funcional, orgánica y económica indivisible, el barco común donde vamos todos. El egoísta pretende salvarse con un bote particular cuando se hunde el Titanic.
Yo apuesto por el empoderamiento de la ciudadanía y la solidaridad global. Y esto pasa, necesariamente, por una evolución de la consciencia individual y colectiva, por la superación del egoísmo individual y de grupo.
¿CÓMO SE APLICA?
Hay ocho mil millones de maneras de aplicar esta receta. Pero todas exigen virtudes individuales: serenidad, amor por la verdad, ecuanimidad, justicia, libertad de juicio y consciencia. Y también el reflejo social de estas virtudes, virtudes de grupo: solidaridad, capacidad de diálogo y trabajo, vinculaciones y compromiso social, humildad, capacidad de discernimiento y consciencia; nuevamente consciencia, la piedra de toque de cualquier posible evolución. Que cada uno determine la medida de estos valores en sí mismo. La educación en valores es fundamental. La capacidad de crítica saludable y autocrítica son necesarias. El respeto por el pasado es saludable solo si sabemos reconocer las taras hereditarias que lastran nuestro presente y comprometen nuestro futuro.
Si crees que el mundo necesita cambiar, para cambiar el mundo cambia primero tu forma práctica y valórica de vivir. Aprovecha esta cuarentena obligatoria para reflexionar y encontrar tu propia síntesis acerca de la situación individual y colectiva de la que eres parte. Y comparte tu visión, tu inteligencia, tus sentimientos y, en cuanto sea posible, tu presencia. Desarrolla un diálogo fructífero, los medios actuales lo permiten, comparte tu situación vital y, ayudando y siendo ayudado, busca estrategias de vida y acción para la salida que pronto vendrá. Comparte lo que eres; que tu voz llegue hasta tu vecino o dé la vuelta al mundo no importa; lo importante es compartir. El sentido de nuestra vida está en los demás. Cuídate y cuida a tus amigos y seres queridos.
Pregúntate: ¿cómo quieres vivir? ¿Cómo quieres que sean tus relaciones laborales? ¿Cómo y en qué quieres invertir tu energía vital? ¿Y tus relaciones personales? ¿Cómo quieres reconstruirlas?
Ordena tu jerarquía de valores observando el tiempo que dedicas a los temas y cuestiones en que inviertes tu energía, tanto en tu mente como en tu vida real; “dime a qué te dedicas y te diré quién eres”. Plantéate reordenar esos valores.
El gran enemigo es el egoísmo. Comienza por derrotar al egoísmo propio, solo después ocúpate del ajeno. La acción por y para tu ego solo contribuye al sufrimiento tuyo y del mundo.
Haz que tu vida sea útil, eficaz y hermosa: útil porque sirva a los demás; eficaz porque utilices todos los elementos de que dispones; y hermosa, como resulta ser cuando encuentras la utilidad y eficacia óptima de lo que eres.
No permitas que nadie te avergüence por amar lo que amas, ni de vivir comprometido y coherente con tus principios. Mantén la cabeza alta y abierto el corazón a su plenitud.
Sé compasivo y tolerante con tus rivales y/o enemigos caídos; y también con aquellos que sean más fuertes que tú. Pero mantén siempre la claridad de tu posición. Una luz es claridad para sí misma y también para los demás.
Sé consciente que nada de esto es cuestión de otro mundo, que cualquier otro mundo empieza y se desarrolla desde tu presente, sea el que sea.
Sé práctico y eficaz, que tu vida sea práctica y eficaz, que tus acciones sean prácticas y eficaces. Antes que cualquier ideología, fe o creencia, lo que en realidad cuenta es lo qué haces con tu realidad. Como decía Jesús: por sus frutos se les conocerá. No se le piden peras al limonero, sino limones. Pero ambos, lo dulce y lo ácido, son necesarios para la salud. La inteligencia es tolerante, la intolerancia es estúpida. Examina lo que eres y lo que das, y transforma creativamente ambas cosas. Cada uno de nosotros es parte del problema y parte de la solución.
La unidad básica de la vida es la célula; ésta tiene una membrana semipermeable, no un caparazón impermeable. Que así sean tus límites y defensas, no permitas que la flexibilidad y permeabilidad naturales se convierten en rigidez. La flexibilidad es vida, la rigidez es muerte.
Actúa con decisión; que tu acción sea eficaz, desprendida e inegoísta. De ti depende que el mundo que construimos entre todos sea más generoso, una Unidad verdaderamente funcional y armónica o, en defecto de inteligencia y amor, una jaula de fieras compitiendo entre sí. Mantén la calma en medio de la tormenta, la esperanza en medio de las contradicciones y la fe en la vida en medio de tus debilidades. Ten la humildad de reconocer tus errores, y la inteligencia para aprender de ellos. Atrévete a cambiar, a evolucionar, a desarrollar el potencial de tu ser. La vida es un proceso continuo de evolución y cambio. Entrégate a su corriente y da tus frutos en ella. Si eres pobre no te encierres con los pobres. Si eres rico no hagas tu club solo con ellos. Comparte lo que eres con los diferentes. Aprendes del diferente, eso te hará más grande y a tus horizontes más amplios; solo así serás más plenamente humano. La Humanidad es una unidad de diferencias coordinadas y cooperativas.
Todos los consejos ya han sido dados, ponlos en práctica. Aprovecha esta cuarentena para realizar tu metamorfosis: la oruga voraz se alimenta de lo que puede, pero en cierto momento se retrae y auto encierra en el tejido de su capullo; allí, en silencio durante un tiempo, completa su transformación hasta convertirse en mariposa. Atrévete a cambiar. Atrévete a creer en un mundo mejor. Por limitada que la creas, atrévete a creer en tu capacidad de acción. Permítete volar más allá de tus límites previos. Comprométete con la vida y comprende que la vida eres tú; pero no solo tú, pues vas con la humanidad completa, la naturaleza entera y el universo del cual eres parte.
Las mariposas son flores que se han echado a volar. Qué en esta hermosa primavera, tan real como la VIDA y todo lo que hoy ocurre, nuestros miles de espíritus puedan volar, y ser entonces REALIDAD la venida de una fértil PRIMAVERA, que nos saque ya de este largo invierno en que viene sumida de siglos la humanidad.
Ahora olvida estas recomendaciones y dedícate a vivir y ponerlas en práctica; hazlo, como lo mejor de ti mismo te lo diga y lo peor de ti mismo lo permita.
Que la consciencia, la meditación y la reflexión sean tu luz. Que tu armadura sea el amor, que tu escudo sea la compasión y tu espada la inteligencia. Que tu camino sea la vida y la sabiduría.
Francisco Bontempi
Médico y Psicoterapeuta
COVID19: CRISIS ECOLOGICA, INDIVIDUAL Y SOCIAL