EL CUENTO EN UN CUADRO

Posted By pfbontempi on Mar 27, 2021 | 0 comments


Antes de aprender a leer lo que llegué a leer, antes de vivir y saber lo que alcancé a saber, como niño pequeño me fascinaban los cuentos que contaba mi abuela. Había una vez … así empezaba siempre. A veces sus historias se repetían, sin embargo siempre sonaban diferentes; quizá cambiaba la entonación de una palabra, o eran nuevos personajes que aparecían en los huecos del viejo guion. Con los cuentos de mi abuela aprendí a descubrir el mundo que había dentro de mí; y a creer que el amor es posible.

Había una vez….

TRÍPTICO

-Habría querido saber pintar, me dijo.

-¿Y qué te habría gustado pintar? pregunté.

EL CUADRO EVIDENTE

-Te podría decir que es una manzana. Está sobre una manta escocesa, extendida en la yerba verde, junto al tronco de un gran árbol. La orilla de un riachuelo refleja la luz de una tarde calma, tiene ondas muy suaves, casi se puede escuchar el murmullo del agua dulce. La luz se desliza sobre las ondas móviles, entreveradas con la sombra de las hojas del árbol. Hay luz y sombra. La temperatura es perfecta, debe de ser primavera. Podríamos estar totalmente desnudos y sería el paraíso. El cielo está limpio, translúcido. Junto a la manzana hay un puñado de almendras, un plato con una tortilla y un trozo de pan, de esos dorados que crujen al partirlos. Sobre otro plato más pequeño hay una cuña de queso, un cuchillo y un tenedor de metal.

Hay alguien con su espalda apoyada en el árbol, mirando al río; está absorto en la belleza del lugar. Otra persona está tumbada sobre la manta, con la espalda recibiendo el sol, la cabeza de lado descansando entre las manos. Hay mucha placidez.

-Creo que tu cuadro ya ha sido pintado, le comenté. Hay muchas versiones del mismo.

-Es cierto, me dijo, pero no del cuadro que quiero pintar.

-Todo es copia de otra cosa. Hasta el sueño que sueñas ya alguien lo soñó.

-No importa. Cuando algo nace donde nacen los sueños es irrepetible, me respondió imperturbable.

-No te ofendas, por favor. La vida es este instante único. Sin embargo, nada menos original que ella, clonándose en miles de copias de sí misma.

-No me ofendes, aclaró. Que soy una copia original ya lo sé.

-Cuéntame entonces tu cuento, concluí.

LA ENTRETELA DEL CUADRO

-La tela es solo un pretexto, apariencia de otra cosa. Tendríamos que hacer como Alicia en el espejo: desgarrar la superficie pintada y entrar en el cuadro, vivir en su entretela, convertirnos en la materia de esa pintura viva. 

Ahora tú estás con la espalda apoyada en el árbol, contemplando al río. En tus labios hay una brizna de yerba que libera su sabor, levemente ácido, mientras la chupas. Mi cuerpo está extendido sobre la manta. Pero la luz no se detiene en mi piel, entra, traspasa el frágil tejido de nuestras ropas que parecen estarse quemando, arden, se deshacen. Tu y yo somos una especie de antorcha, un fuego vivo; esto ya es otro cuadro. La luz entra y nos anega, se fragmenta y multiplica en hilillos de lava ardiente, energía que circula entre el cuerpo de millones y millones de células. Alcanzo a distinguir la silueta en sombra de grandes órganos, y entre ellos inmensos espacios, lagos enormes de un fulgor crepuscular, vastísimos espacios siderales, nebulosas sobrehumanas, galaxias envueltas en velos de colores indescriptibles. Se agitan al viento, impulsadas por corrientes cuya magnitud es imposible descifrar. Son cuerpos de tamaños que escapan al más grande de los lienzos. Millones de puntos de luz concentrada parpadean su melodía celeste, y resuenan al mismo tiempo aquí, en las ondas de este río, sobre al bajo continuo y plácido del agua. Una aguililla acaba de descender del cielo como una flecha, ha cogido entre sus garras una pequeña serpiente que se deslizaba entre la yerba, ahora cuelga en el aire mientras ambas se elevan alejándose hacia el sur. La luz se deshace en tonos iridiscentes sobre las plumas del ave y las escamas multicolores de la serpiente.

Se quedó en silencio. -Todo está dentro tuyo, me dijo.

-Todo está dentro tuyo, respondí.

Su relato nos llevó a un espacio que era el mismo adentro y afuera. Cada una de nuestras células era un pequeño sol en combustión, amplísimas nubes estelares, moléculas galácticas entrelazadas, espirales doblados un millón de veces sobre sí mismos, se deshacían y extendían, concentraban y explotaban: un origami portentoso. Las proteínas eran pinceladas vivas que hablaban y cantaban a lo largo de un río cuyas orillas no alcanzábamos a distinguir.

-¿De dónde viene este río, le pregunté.

¿Adónde va este río? me respondió.

-Al origen, al comienzo, a la eternidad de la Luz.

El pintor que no pintaba permaneció en silencio.

-Cuanta belleza Dios mío, murmuré. Aunque no sepas pintar he visto tu pintura.

EL CUENTO EN EL CUADRO

-Quería pintar el paraíso, afirmó con decisión, y agregando en voz muy baja … antes de perder con él la vida. ¿No son lo mismo Vida y Paraíso? Allí estaba la manzana, al comienzo de todo. Y no era fruta prohibida sino nuestra, sobre la manta de lana escocesa que habíamos tejido con nuestras propias manos; quizá tu habías hecho la tortilla, y yo había cortado el queso, o viceversa. Nunca fue una fruta prohibida, era luz concentrada que comíamos, la mascábamos, se hacía jugo y deshacía, en miles de hilos iluminados por nuestras arterias.

-Tú buscabas el paraíso, y terminaste contándome un cuento. Yo buscaba el alma que contó la vieja historia, y encontré la tuya: “y Dios, al principio, estaba en medio de todo, y todo lo que de allí nacía era su luz, y su luz respiraba y se expandía en cada fibra de su creación, y era un cuerpo de energía sutil e infinita

-Y tú y yo sonreíamos junto a la manzana. Y ya la habíamos mascado.

EGO Y RELATO

¿Qué quería contar con este Tríptico? ¿Te acuerdas? El Yo se levanta como un árbol sobre su raíz primordial; su raíz es parte natural del tejido que unifica a todas las cosas. De allí crece un tronco identificado con un territorio llamado Ego, el yo. Éste expande sus ramas y sus miles de hojas abiertas al lenguaje, se ha convertido en Moi, en relato, percepción y modelo del mundo. Hay cuentos sagrados y cuentos profanos, pero todos han nacido en el campo cognitivo de un sujeto cognoscente.

Esta historia evoca el sabor de la esencia. Para algunos el Yo es solo el yo superior, como una pulpa sin cáscara. Pero la fruta real tiene pulpa y cáscara. Mirémosla completa entonces. El Yo es un proceso evolutivo. La ignorancia tiene tantos caminos como ríos diferentes, y todos para llegar a la sabiduría de un único mar. No se trata de eliminar al ego sino de completar su desarrollo.

Ni tu ni yo somos ajenos al rio de la ignorancia, ni estamos separados del mar de la sabiduría. Nunca quise creer lo que dijera otro sin probarlo, ni he pretendido que nadie crea en mi relato. Sin embargo, no puedo negar la portentosa Realidad que, metafóricamente, pintura y cuento describieron. Hay una Realidad fundamental que está aquí mismo esperando a ser descubierta. La verdad es un hallazgo esencial en cada consciencia.

El mito del paraíso tiene un árbol al centro, un Yo superior cuyas raíces penetran hacia la profundidad del fuego original. Un árbol vivo que crece, que evoluciona, que cambia, mientras el flujo suave de su savia murmura yYyYyoOoOo, sin que eso sea un ladrido, ni un golpe, ni un desgarro o una ruptura; solo el murmullo de la Vida extendiéndose por las ramas abiertas, anhelantes de la luz que las abraza desde fuera … y las sostiene por dentro: la misma Luz.

El Yo superior es el árbol del paraíso. ¿Te atreves a comer del fruto que tu mism@ eres?

Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

EL CUENTO EN UN CUADRO

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