EL EMPERADOR DESNUDO

Posted By pfbontempi on Sep 29, 2022 | 0 comments


“Y resultó entonces que el emperador, rodeado por su corte de aduladores y creyéndose vestido con las magníficas telas del sastre tramposo … desfilaba totalmente desnudo. Mientras los niños se reían sin tapujos de tamaña estupidez”. Hans C. Andersen.

“La moderna ‘narrativa imperial’ (el relato colectivo que condiciona las opciones personales) se sostiene en cinco elementos distintivos: propaganda, censura, manipulación del algoritmo mediático, secretismo de estado, y hostigamiento al periodismo crítico”. Caitlin Johnstone

“¿Puede un individuo insignificante detener un tanque? Solo si tiene suficiente apoyo mediático, de no ser así será arrollado”. Giacomo Zancatto.

 

¿ES QUE ESTAMOS EN GUERRA?

He escuchado que ya estamos en una nueva guerra mundial. Aquí no llega el ruido de los misiles, solo la carestía y la pobreza que se extienden. Al parecer en Ucrania luchan las ‘dos visiones imperiales’ con que murió la segunda guerra mundial y nació mi generación: malos contra buenos, y viceversa, buenos contra malos.Pero ¿no fueron así todas las guerras? El resultado siempre ha sido el triunfo de los buenos, por una simple razón: la historia, el relato e interpretación de los hechos no la escriben los ‘malos’, pues ellos, los perdedores, fueron amordazados por la muerte o tachados por la censura. Los vencedores son los dueños del relato único que explica y vende su triunfo; y la clave no suelen ser sus valores morales, aunque su relato los exalte, sino las mejores armas. Si la Alemania nazi hubiera conseguido la primera bomba nuclear, ¿estaríamos contando la misma historia? ¿sería el inglés el idioma dominante y el dólar su bandera? El cine de Hollywood lleva años diciéndonos quiénes son los malos, cómo hablan, cómo piensan, cómo amenazan el orden de nuestras sociedades; ha acomplejado a más de una generación con arquetipos de malos de piel oscura, rasgos orientales, indios estúpidos y uniformados ejemplares. Una reciente película china que aún no consigue llegar a mi barrio, “la Batalla en el lago Changjin”, describe la terrible guerra de Corea desde el punto de vista de los soldados chinos: aquí ellos son héroes liberadores y los americanos malos y depredadores. ¿Es respetable su versión? ¿Y la nuestra?

Ha sido un largo camino para relativizar tanto maniqueísmo; y, sin embargo, de repente todo se vuelve regresivo: los viejos extremismos, maximalistas y radicales, dueños de verdades innegociables, se ‘reencarnan’ con fuerza. La diferencia es que ahora el mundo se ha encogido, las armas son terribles y la capacidad de los medios para crear masivos estados de pensamiento único se ha multiplicado. Frente a estas inercias enormes no puedo sino sentirme insignificante. Pienso en el ciudadano corriente de Irak o de Ucrania, un par de meses antes de que sus países fueran arrasados: seguramente lo temían, aunque conservaran una tenue esperanza en la sensatez y bondad humanas. Pero la esperanza de sujetos insignificantes nada pudo con la inercia empecinada de una ‘guerra programada’.  

Decía el romano Flavio Vegecio Renato: “si quieres paz, prepárate para la guerra”. Era la filosofía del imperio más poderoso del mundo; la ‘pax romana’ se imponía con la guerra y no toleraba disidencias. El mariscal prusiano von Clausewitz definía la guerra como “un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario”, y que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. ¿Confesaba, entonces, que el juego del poder consiste en imponer ‘nuestra’ voluntad sobre nuestros adversarios? ¿Convertirlos en insignificantes, primero por ‘otros medios’, generalmente económicos, raciales y religiosos y, fracasados estos, ‘someterlos’ por medio de la guerra?

¿Es este el pulso actual entre Estados Unidos y Rusia-China? He estado en China y Estados Unidos, he visto allí a miles de ciudadanos insignificantes trabajando duramente por sobrevivir, algunos pocos por hacerse ricos, y prácticamente todos con la ilusión de un mundo mejor. Me enseñaron que un comercio mundial abierto nos conduciría a un mundo en paz. Pero he visto al comercio convertirse en competencia desleal, en sucia guerra económica y ahora en amenaza militar. Vi la caída del muro de Berlín y el desmontaje de la Unión Soviética por Gorbachov. Vi el ascenso de China que muchos temían y todos pronosticaban: enorme pueblo, antigua e inteligente cultura, disciplinada y trabajadora. Vi la esperanza de una Europa en paz, comunidad de naciones que aspiraba a convertirse en eje de un mundo multipolar, abierta a las nuevas rutas de la seda, al intercambio de energías, ideas y tecnologías, puente entre oriente y occidente, el mejor lugar del mundo para una sociedad avanzada.

Pobre Europa, la he visto luego decadente, hasta convertirse en una vieja enferma, obsesionada con sus antiguos fantasmas, viviendo como siempre de guerras, héroes grandiosos y fanáticos, supuestamente cristiana y empecinada, una y otra vez, en definir su identidad con la espada; o exportando su producción de armas ante los ojos insignificantes de sus pasivos ciudadanos. ¿Es esta la inercia histórica que nos hace ‘buenos’? ¿O nos convierte en lo que decimos combatir?

He llegado a la triste conclusión de que sí estamos en guerra, que hemos caído todos en ella sin quererlo ni entenderlo. La guerra ya es mundial y está ocurriendo en Ucrania. Que se estanque allí es el deseo de muchos. Que se prolongue convertida en un peligroso mundo bipolar es bastante probable, y lamentable para los que queremos una ‘aldea global y solidaria’.

Ucrania en llamas: a un lado del fuego el terco imperio de los zares, brutalmente empecinado en atajar su propia decadencia, incendiando sus fronteras. Al otro lado, la autoproclamada ‘Comunidad Internacional’, alineada con el eje Washington-Londres, enviando voluntarios y armas cada vez más potentes.

¿Guerra por amor y compasión a los pobres ciudadanos ucranianos? ¿O esa es la pura hipocresía pseudo cristiana que caracteriza la historia europea? ¿No es acaso esta la ‘guerra de imperios’ que nunca ha cesado?

JUEGO DE IMPERIOS

Los procesos naturales responden a tendencias inerciales. Es posible comprender hacia dónde se mueve un cuerpo observando su trayectoria. También ocurre así con las inercias psicológicas, (las tendencias repetitivas del carácter), e igual con las potentes inercias sociales que arrastran a los pueblos.

¿Es posible discernir una inercia en el juego de imperios que acompaña a nuestra humanidad?  Aunque no seamos historiadores profesionales podemos reflexionar sobre la historia y mirar las tendencias que la mueven.

Imperio es una organización política en la que un Estado o Nación impone su poder sobre otros países o pueblos. Imperio deriva del latín imperium, que, a su vez, viene del verbo imperare que significa «mandar». Está compuesto por el prefijo ‘im’ que se refiere a «penetración» y el verbo ‘parare’ que significa «ordenar» o «preparar». ‘Imperium’ en latín significa poder, capacidad de mando militar; solo tardíamente se aplica al territorio sobre el que se ejerce. ¿Son los imperios cosa del pasado? Quizá ya no los llamemos así. ¿Qué pasa hoy con ellos?

—En el siglo XVI el imperio español engullía al imperio azteca e inca junto con otros ‘pueblos originarios’ convirtiéndolos en colonias suyas y alimentando su espléndido siglo de oro. Parece pura biología: cualquier predador engorda a cuenta de lo que ha engullido.

—En el siglo XVIII el imperio británico, expandiendo su hegemonía de gran imperio marítimo, conseguía el control de Gibraltar y asaltaba luego la colonia española de Tenerife. Al otro lado del mundo emprendía las guerras del opio enfrentándose al imperio chino, empujándolo a su decadencia y controlando los mares, el comercio e incluso la política de esa zona. En la India fragmentada hizo otro tanto: comenzó comerciando para entrar luego en guerra contra gobernantes débiles (1761) y fundar el Raj Británico (1858), su riquísima colonia.

—En el siglo XVIII (1776), una colonia del imperio británico gana su guerra por la independencia y nace USA (United States of America), heredera del idioma de su madre-patria y también del carácter expansionista, su espíritu imperial.

—En el siglo XIX, mientras sucedían aquellas sacudidas del nuevo mundo, el imperio francés de Napoleón intentaba conquistar al imperio ruso (1812) sin conseguirlo, para terminar derrotado por el imperio británico en Waterloo (1815) y el emperador francés encarcelado de por vida.

—Dónde no pudo Napoleón lo intentaron los ingleses: convertido el británico en el gran imperio del siglo XIX entró en guerra con el imperio ruso (1853) en la guerra de Crimea, después que aquel luchara contra el imperio otomano,para impedirle el control de esos mares. Derrotada Rusia y entrada Turquía en decadencia, los mares serán de claro dominio británico.

—En el siglo XIX la nueva potencia norteamericana se expande en varias direcciones. En 1803 le compra a Napoleón, necesitado de dinero para sus aventuras militares, el enorme territorio de Luisiana, (las extensas posesiones francesas en América del norte que le habían sido cedidas tres años antes por España, y que sumaban el 23% de la superficie del actual país). En 1846 entra en guerra con México y se anexiona la riquísima Texas, creciendo hacia el sur. En 1868 le compra al debilitado imperio ruso las inmensidades de Alaska y crece hacia el norte. Se enfrenta luego al imperio español, antiguo enemigo del imperio británico, marcándole su declive definitivo y convirtiendo a sus colonias, Filipinas y Cuba (1898), en satélites propios; en la práctica toda Centroamérica, con Panamá y su estratégico canal como punto clave. Al mismo tiempo se expande hacia el Pacífico anexionándose Hawái, intereses que ya apuntaban al choque que vendría en el siglo XX con el imperio japonés.

—El siglo XX será la consolidación de la gran alianza anglófona. Dos grandes guerras para consolidar esa alianza. Con la primera guerra mundial, varios imperios europeos terminaron liquidados y dominados por el imperio británico y su poderosa hija, USA. Esta cruenta guerra supuso el fin de cuatro imperios europeos: el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio Otomano (actual Turquía), el Imperio Alemán (que incluía partes de Francia, Bélgica y Dinamarca) y el Imperio Ruso, en esos años sometido a la difícil revolución que dio origen al ‘imperio soviético’, la URSS.

—Pero, así como los individuos se defienden y luchan por no morir, los imperios, mientras no terminan descuartizados, suelen conservar sus atavismos conscientes o inconscientes, sus rencores y sus nostalgias, se reconstruyen y resurgen de sus cenizas. El imperio alemán renació como tercer Reich comiéndose en rápida expansión, tecnológica y militar, a los restos de aquellos imperios europeos derrotados; y así terminó enfrentándose al imperio británico y a la URSS, en una sanguinaria guerra a tres bandas por el control de Europa. Esta segunda gran conflagración terminó con Alemania derrotada y despiezada, entre el imperio soviético, URSS, y la Alianza Anglófona.

La alianza británico-norteamericana, triunfante ya en dos guerras mundiales, impuso el dólar y su idioma como señales de identidad del nuevo orden occidental, y el mundo quedó partido en dos: nosotros, los pueblos del imperio y ellos, los malos, comunistas o bárbaros que no se pliegan a los valores de nuestro mercado. Dos imperios y dos sistemas sociales y económicos: Capitalismo y Comunismo, enfrentados en una guerra fría y desgastante. A un lado la exacerbación del individualismo y la propiedad privada, que llevarían al desmontaje del estado y lo público, a enormes concentraciones de riqueza en un sistema de oligarquías ‘casi feudales’; al otro la imposición de lo colectivo y ‘el estado como mega-empresa’, administrada por autarquías personales y/o de partido único.

—La OTAN, con sus bases, es el sello militar del imperio anglófono. Debidamente pacificados se han incorporado a ella los estados derrotados y sometidos en la segunda gran guerra, comenzando por Alemania e Italia, cabezas ambas de viejos imperios. El Pacto de Varsovia, es la alianza militar que sostuvo al imperio de la URSS (Unión de repúblicas socialistas soviéticas). Al disolverse la Unión Soviética, (existió como tal entre 1922 y 1991), y renacer la vieja Rusia, varios de sus antiguos estados satélite se adhirieron a la OTAN, fuertemente ‘patrocinados’ por el imperio anglófono.

— Pero el mundo no es solo occidente. A lo largo de los siglos XIX y XX, el imperio francés y el japonés pujaron entre sí por el dominio colonial de Indochina, (Laos, Camboya, Cochinchina), Vietnam y Corea. Mientras el imperio británico controlaba Hong Kong y el riquísimo comercio del opio chino y su decadente imperio, el imperio japonés administraba Taiwán, la antigua colonia portuguesa de Formosa. (Taiwán, antes de ser colonizado por occidente, era parte, junto con Mongolia y China continental, del gran imperio chino de la dinastía Qing, que ya muy debilitada duró hasta 1912: “El último emperador”)

El imperio ruso y el chino comparten una larga frontera y eventualmente han luchado por ella. En el siglo XIX sellaron tratados que posiblemente favorecían al zar, en desmedro de la debilitada dinastía Qing. Las revoluciones sociales de ambos imperios hermanaron sus rivalidades hasta el choque fronterizo de 1969 en la isla de Shenbao, pacificado tras un centenar de muertos.

—El siglo XX trajo terribles guerras en oriente: el imperio japonés se unió al eje liderado por Alemania e invadió al debilitado imperio chino (1931), donde el imperio británico ya tenía sus bases. Dos mastines poderosos luchaban por comerse la suculenta presa china. Al mismo tiempo se enfrentó al creciente poder de USA por el control del océano Pacífico y su entorno. Japón terminó aplastado por las bombas atómicas made in USA, su emperador rendido y convertido en satélite americano, hospedando sus bases militares, fundamentales para la expansión del poder angloamericano en oriente.

—Aprovechando el desgaste de las guerras europeas por el control del mundo, China y los pueblos de su entorno se levantaron en armas contra sus colonizadores. Ante el riesgo de que todo oriente se hiciera pro-comunista (pro imperios ruso y chino), Estados Unidos entró en las brutales guerras de Corea y Vietnam, enfocadas para impedir cualquier posible expansión China. Al mismo tiempo que amparaba a Chian Kai Shek, el general pro occidental, nacionalista y anti comunista, que se había refugiado en Taiwán, ya abandonada por los derrotados japoneses.

China, en el siglo XX, agotado el ciclo de sus emperadores y sacudiéndose su condición de satélite económico de Inglaterra y Portugal, completó la larga marcha de Mao y, bajo la férrea hegemonía de su partido único, se convirtió en la disciplinada potencia económica, tecnológica y militar que ya es en el siglo XXI; aunque nunca haya conseguido recuperar la integridad territorial que perdió con la isla de Taiwán, a escasos 180 km del continente. Para los chinos esa isla es parte indudable de su nación, y, para el imperio anglófono, una base fundamental para frenar el poder creciente de su adversario.

—A finales del siglo XX y comienzos del XXI, Alemania quiso mantener su rol de puente entre ambos mundos, incluso soñó con abrir una ‘nueva ruta de la seda’ que enriquecería a la creciente China, que convertiría a Europa en un gran centro del comercio mundial y a Rusia en el camino natural entre oriente y occidente; pero, sin fuerzas, terminó plegada al nuevo imperio occidental aceptando la actual partición del mundo. Una vez más, triunfaba el espíritu imperial de Inglaterra y su orden angloamericano. La Gran Bretaña ya había buscado, con su brexit, sacudirse el poder de una ‘Europa demasiado centrada en Alemania’, al mismo tiempo que reforzaba su vínculo transatlántico firmando el AUKUS con USA y Australia, para el control militar del océano Pacífico.

AUKUS es la OTAN del océano Pacífico, organizada para frenar cualquier posible expansión militar China, impedir su reunificación con Taiwán y bloquear en lo posible su acceso al mercado occidental, política ya evidente bajo el mandato de Trump.

—Avanzado ya el siglo XXI llegamos al conflicto de Ucrania. Allí combaten, una vez más, dos inercias imperiales, el viejo imperio ruso y el viejo-nuevo imperio angloamericano, investido de OTAN y pertrechado por su lobby armamentístico. Sobre esa tierra de cosacos, dos imperios (y la sombra del tercero, China tras Rusia) luchan por lo mismo: el control del rico mercado de Europa, pieza clave del ajedrez mundial. Las riendas geopolíticas que podrían gobernar nuestro viejo continente, aparte del control militar de la OTAN, USA/dependiente, son dos: la energía y la tecnología. Limpiar Europa del gas ruso y depurarla de la tecnología china son una importante necesidad angloamericana. USA ha querido cortar de raíz la posible dependencia del ‘gas de Putin’, mientras intenta frenar la expansión de los mercados tecnológicos chinos.

AUKUS Y OTAN son las dos grandes alianzas militares del imperio más grande que ha conocido la historia. La OTAN, en su cónclave de Madrid (junio 2022), ha definido claramente el terreno de una gran conflagración mundial. Nos enfrentamos a la competencia sistémica de aquellos, incluida la República Popular China, que desafían nuestros intereses, seguridad y valores y buscan socavar el orden internacional basado en (nuestras) reglas…Mejoraremos nuestros ejercicios de defensa colectiva para estar preparados para operaciones de alta intensidad y multidominio…Estamos estableciendo un Acelerador de Innovación de Defensa y lanzando un Fondo de Innovación multinacional para reunir a los gobiernos, el sector privado y la academia para reforzar nuestra ventaja tecnológica…Damos la bienvenida al considerable progreso en el gasto de defensa de los Aliados desde 2014. De acuerdo con nuestro compromiso en el Artículo 3 del Tratado de Washington, fortaleceremos aún más nuestra capacidad individual y colectiva para resistir todas las formas de ataque…La OTAN sigue siendo la Alianza más fuerte de la historia”.

—India, en medio, quiere ser neutral. África y Sudamérica se rompen en simpatías por uno u otro ‘imperio’.

—¿Y qué pasó con el islam, el antiguo imperio musulmán, con su idioma común, el árabe, y la religión del profeta y su Corán? El viejo imperio, que ya había sido despiezado entre el imperio turco y el británico, terminó rematado por USA quien descabezó brutalmente a Irak y Libia, abortando cualquier posible reunificación del mundo árabe. Hoy dividido, está sembrado de monarquías corruptas y dictaduras (satélites del imperio anglófono, la mayoría, Arabia Saudí, Egipto, Marruecos etc, y alguna subsidiaria del ruso, como la desgarrada Siria.)

—¿Qué papel juega la antigua monarquía de Israel, la que siempre soñó con un gran imperio mesiánico? Refundada en el siglo XX como república (gracias al poderoso patrocinio del imperio anglófono), de pequeño tamaño pero poderosa inteligencia, con su eficaz espionaje, armamento nuclear no declarado, su pragmatismo anti legalidad internacional, su defensa de la fuerza como gran argumento de su razón, y un sistema de apartheid que segrega a la población por raza y religión: es la garantía permanente de que el mundo árabe estará contenido, y que la segregación de la población en barrios militarizados es un modelo eficaz y operativo para el nuevo orden mundial.

CONCLUYENDO

SIGLO XXI y concluyendo: Revisando esta breve historia de los últimos imperios, descontada la esperanza de los estados débiles en un ‘orden multipolar’, me queda claro que, aunque disimulados por el caos mediático, estamos en pleno proceso de construcción de un gran imperio mundial. Y los mejores candidatos al cetro parecen dos:

-El imperio anglófono, con capital militar en Washington, económica en Londres/Nueva York, y espiritual en Jerusalén, con un potencial militar y económico sin parangón sobre el planeta.

-Y el imperio chino, con todas sus actividades centralizadas en el PCCH, (partido comunista chino), y su poderosa tecnología en imparable crecimiento, el gran rival a batir por el imperio angloamericano. Solo que China, aunque en el pasado haya sido un imperio capaz de crecer encerrada en su hermética muralla, está en difícil situación: con su acceso cuestionado a los mercados occidentales, amenazada directamente por la AUKUS y la OTAN y cercada por múltiples bases americanas.

En vez de cooperación e intercambio, habilidades buenas para todos, se ha desatado este lamentable juego de poder y testosterona marcial, los recursos militares e industriales sobrecalentando el planeta, estrangulando la naturaleza y enajenando a millones de insignificantes ciudadanos.

El futuro de la humanidad se juega en nuestras almas (campos cognitivos). En cada ciudadano individual se debate y define este dilema entre eros y tánatos, entre venus y marte, entre la guerra como fatalidad inevitable, o la paz como condición para evolucionar, entre la oxitocina solidaria y cooperativa y la testosterona patriarcal e imperativa. Y no es una elección fácil, pues el camino de la guerra nunca lo ha sido, y el camino de la paz siempre ha tenido un coste importante para quienes quisieron asumirlo. ¿O fue poco el precio que pagó Jesús de Nazaret dejando “al César lo que es del César, y reclamando para la Humanidad el don de la fraternidad?

 (Continuará)

Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

EL EMPERADOR DESNUDO