INDIVIDUO Y SOCIEDAD. EN TORNO AL COVID19, II

Posted By pfbontempi on May 1, 2020 | 0 comments


“La búsqueda y el encuentro de la verdad solo tiene sentido

si se está dispuesto a actuar en coherencia con ella”.

Bruce Lee

INDIVIDUO Y SOCIEDAD.

Me llamó en estos días un hombre al que conocí hace años, me dijo que llevaba tiempo estudiándose a sí mismo, que se sentía bien con su soledad pero que no había conseguido vincularse a nadie. Invertía horas hablando por internet con gentes tan solas y desencantadas como él. Sentía qué algo le faltaba. La soledad y la incomunicación, desgraciadamente frecuentes en nuestras familias y sociedades, tiene dimensión de plaga,

El encierro y confinamiento que ha vaciado nuestras ciudades nos ha dejado a solas con miles de memes y mensajes, alentadores o desalentadores, pero a solas. Esta soledad se puede convertir en fuente de inspiración y fortaleza ante un posible cambio; siempre que soledad no signifique aislamiento. El aislamiento empobrece, el individuo se desarrolla y florece en su vinculación social.

¿Cómo saldremos nuevamente al mundo, y qué mundo iremos a encontrar? Muchos tenemos la fantasía de que las cosas cambiarán una vez pase la pandemia. Pero eso es ignorar que las maquinas tienen su propia inercia, y nuestras sociedades son máquinas complejas cuya dinámica escapa por ahora al control de cualquier maquinista. Ya hay muchos tecnócratas y plutócratas buscando la manera de colocarle un timón fiable a esta masa extraña que llamamos humanidad. Hay demasiados intereses para que todo vuelva al cauce previo, al juego predecible y controlado del Bankpoly.

EL ANTI-CAMBIO: LA INERCIA.

Posiblemente todos queremos un mundo más justo, solidario y cooperativo, hasta el capitán que libera crudo en el mar quizá lo quiera así. Es el ideal de un hombre bueno. También es la intención de aquellos que planifican una guerra cruel bajo el nombre de ‘paz duradera’. ¿Por qué entonces no conseguimos ya ese mundo mejor? Dice el viejo refrán que «el infierno está pavimentado de buenas intenciones», y como con este confinamiento estamos todos criando larvas de muy buenas intenciones, el infierno potencial que nos aguarda es de temer.

Todos los procesos en la naturaleza, y eso nos incluye, están sometidos al principio de inercia. Los astros siguen trayectorias inerciales. Mientras más grande es un barco más inercia tiene y más tiempo y energía necesita para cambiar de trayectoria. Una liviana lancha rápida, en cambio, cambia su dirección fácilmente. Quizá por esta simple razón:  Es más fácil que cambie su forma de vivir un individuo a que se consiga un gran cambio social.

Pero el individuo aislado está muy limitado en relación a los grandes procesos sociales. «Una golondrina no hace verano» dice otro refrán, hacen falta múltiples bandadas para que hasta los más escépticos comprendan que el verano llegó. (Aunque siempre será posible que surja un loco con metralleta para eliminar golondrinas y afirmar que seguimos en invierno).

La rana de la madera de Alaska, se congela totalmente y se convierte, literalmente, en una piedra; cuando termina su congelado-confinamiento, sale al mundo y continúa en el mismo punto donde había dejado las cosas. ¿Nos ocurrirá lo mismo a nosotros por esta inercia? Cuando se construye una torre rascacielos, sobre la última planta en obra se dejan levantados los hierros fundamentales para la siguiente: la construcción también sigue una inercia determinada por sus etapas previas.

Todo presente está hipotecado por su correspondiente pasado. Cambiar una trayectoria exige necesariamente una inversión de energía, y asumir las pérdidas inevitables de lo previamente invertido para un futuro que ya no ocurrirá. Y como a nadie le gusta perder nos cuesta cambiar … la inercia suele ser reina y señora de nuestros destinos.

 

EGOÍSMO INDIVIDUAL Y COLECTIVO.

En el post anterior planteaba que el mayor enemigo de la humanidad posiblemente sea el egoísmo individual y colectivo, y tras ellos, la inconsciencia individual y colectiva. Pero, si buscamos ir más allá de nuestro egoísmo personal, nos toparemos rápidamente con el egoísmo colectivo: ¿Qué hago yo liquidando mi coche para usar locomoción pública? Sería ridículo e incómodo, algo así como Greta Thumberg viajando en velero para no coger un avión contaminante. Y racionalizamos luego: el poco CO2 que ahorraré al planeta es una gota de nada si no hay un cambio colectivo; cuando la mayoría lo haga lo haré yo; hacerlo ahora sería de tontos.

He usado el ejemplo del coche, pero lo mismo vale para el plástico, la alimentación en base a carnes criadas en granjas súper contaminantes, el uso de químicos en el ámbito doméstico, el sobre consumo de televisión basura, la credulidad acrítica de las noticias de un signo u otro, nuestra participación en bulos, el cambio de móvil antes de tiempo, el consumo compulsivo, los artefactos de usar y tirar, etc. Y también ocurre lo mismo con nuestros hábitos de vida: el estrés, la competitividad compulsiva, el ansia de consumo, hábitos adaptativos que hemos cultivado para ganarnos la vida y que, caso de quitarlos, nos dejarían en desventaja, pues -si yo no me apuro otro me quitará la comida y el trabajo-. Hemos creado un mundo en lucha, al que contribuimos, como individuos, manteniéndolo en funcionamiento.

José Mujica, el carismático presidente de Uruguay, habla con claridad sobre el problema individual y colectivo del consumismo. Describía muy bien cómo vendemos nuestro tiempo de vida para convertirlo en dinero y poder consumir la zanahoria que la publicidad ha colgado delante de nuestros ojos: caminamos detrás de supuestos valores mientras hacemos girar la noria del sistema. Y esta noria no es cualquier cosa, es una máquina enorme con mil brazos, capaz de derretir los polos, deforestar selvas, convertir los mares en una nata de plásticos y la ecosfera del planeta en un criadero de nuevos virus.

Y ¿quién mueve esta máquina gigantesca? ¡Nosotros, el consumo! Nuestros hábitos de consumo alimentan a la industria y fomentan la concentración de capital y la inequidad económica, de la que luego nos quejamos. La publicidad dice ¡Nuevo! ¡Nuevo! ¡Nuevo! y corremos detrás del reclamo, ansiosos por alcanzar el futuro, sin darnos cuenta que con este consumo compulsivo nos estamos comiendo nuestros propios pies. En YouTube es posible revisar el documental sobre la obsolescencia programada: “Comprar tirar comprar”.

Nuestros hábitos de vida están adaptados a los mecanismos socio económicos que están depredando al planeta. Nos justificamos luego: es absurdo que una hormiga individual, sin ningún poder, pretenda cambiar el rumbo del hormiguero, el cambio debe venir de arriba, concluimos, aliviando así nuestra consciencia individual. Pero el cambio nunca vendrá de arriba. Mientras una fábrica contaminante tenga clientes seguirá fabricando. Y el político siempre buscará satisfacer tanto al productor como al consumidor. (Ya vimos como Al Gore, que denunciaba el grave problema del cambio climático, perdió las elecciones frente a un Bush que apostaba por la guerra y el desarrollo armamentístico). La demanda manda, se la puede manipular mediante la publicidad, pero la última palabra la tiene el individuo consumidor. También el político suele buscar la satisfacción de su clientela, y los “medios” son precisamente el medio que conecta poderosamente a productores, consumidores y políticos. Si la mayoría quiere contaminación y riqueza eso tendrá, junto con el político que la satisfaga en ese circo: suben y caen cabezas mientras la noria sigue girando. Esta breve descripción parece condenar al individuo a la impotencia.

¿Qué puede hacer el individuo? ¿Una huelga general, paralizar al sistema actual? Resulta casi una ironía: el coronavirus ha hecho una huelga general por nosotros, y en contra de nosotros. Pero esto durará poco, el sistema, dotado de inercia y casi de vida propia, querrá volver a la normalidad de antes, la misma normalidad acelerada y compulsiva de nuestras vidas previas a la pandemia. A veces, frente a la inmensidad del Universo o frente a la enormidad del mundo y sus problemas, nos sentimos insignificantes y prácticamente inútiles. Y en cierto sentido lo somos: 70 kilos de masa orgánica es prácticamente un puñado de nada, y sin embargo nuestra consciencia, capacidad de comprensión de la realidad, y voluntad, son capaces de logros y actos que nos elevan y acercan a la inmensidad de nuestro origen. La historia de nuestra humanidad, en todas las civilizaciones y culturas, está llena de luz inteligente, de amor y generosidad, de capacidad de comprensión y solidaridad que trasciende con creces nuestro pequeño envoltorio de piel. Nuestra naturaleza es solidaria y cooperativa. Pues si somos hijos de la Naturaleza, o de Dios, como tantos llaman a su Esencia Vital, o del Big Bang, de donde en todo caso procedemos, nuestro Origen es suficientemente grande como para impulsarnos a una armonía entre nosotros y con el medio que nos sostiene.

Para esto es necesario que nos atrevamos a cuestionar nuestros valores y acción en el mundo. ¿Qué estás dispuesto a cambiar, como individuo, para mejorar la solidaridad social y el equilibrio de nuestras economías con el medio ambiente?

 

¿PUEDE EL INDIVIDUO CAMBIAR A LA SOCIEDAD?

Esto es lo que buscaron Jesús, Buda, Confucio, Mahoma, Marx y muchos otros; y, ¿qué es lo que consiguieron? A veces parece que muy poco, y otras que plantaron semillas de crecimiento demasiado lento. Recomiendo la serie de Netflix: “Grandes genios del pasado y del presente”.

Comencemos por el revés de esa pregunta, observando que: la sociedad, determina al tipo de individuo que la constituye; ya que, si nacemos en una sociedad de bosquimanos seremos un bosquimano, en una sociedad musulmana un musulmán, en una sociedad católica un católico, en una sociedad racionalista y atea un ateo. La unidad reproductiva de la sociedad es la familia, unidad que, en su manera de funcionar, si bien está determinada por el entorno social y por la historia de la colectividad a la que pertenece, tiene una inercia propia y característica que se alarga de generación en generación. Una familia que no se adapta bien al consenso social de su tiempo y lugar tiene más dificultades para sobrevivir que la familia típica de esa sociedad. La presión social para hacer lo políticamente correcto siempre ha existido, la caza de brujas y el acoso al diferente es un problema al que algunos postulan raíces biológicas.

Si la sociedad condiciona al tipo de familia, la familia también determina al individuo. En una familia de intelectuales profesionales suele nacer y criarse un futuro profesional, en una familia de comerciantes un comerciante y en una familia de trabajadores un trabajador, tendencias estas que se cumplen estadísticamente, aunque por supuesto, con las debidas excepciones, pues en una familia viciosa puede nacer un futuro virtuoso, y en una familia muy religiosa un ateo. Porque las sociedades y las familias, siendo realidades inerciales, son también realidades dinámicas, evolutivas y cambiantes, y el cambio se produce finalmente a través de individuos que cambian. Pues a la inversa de lo dicho, ocurre que: el individuo determina a un tipo de familia y un tipo de familia construye al tipo de sociedad.

¿CÓMO CAMBIAN LAS SOCIEDADES?

Al igual que la evolución biológica, las sociedades cambian por dos tipos de factores:

PRIMERO: por un cambio en las condiciones del medio ambiente; por ejemplo, una brusca entrada en glaciación llevará a las especies a una crisis evolutiva y, o cambian o se extinguen. De igual modo en lo social, un cambio en el modo de producción, la revolución industrial primero y la actual revolución tecnológica, generan un escenario crítico para los modos de relación que haya en esa sociedad, de modo que individuos, familias y grupos … o cambian o tendrán dificultades para sobrevivir. Una crisis económica, militar o ecológica, desafía la continuidad de las formas tradicionales; muchos cambios sociales vinieron luego de una guerra o una gran catástrofe.

En este siglo XXI nuestras sociedades se encuentran en un escenario crítico: crisis medioambiental, crisis económica, crisis del modo de producción y distribución de la riqueza, crisis geopolítica, crisis del modelo de sociedad global, y espero que no lleguemos a calentar nuevas crisis militares. (Cuidado con los belicosos, pues existen y son peligrosos). Las organizaciones sociales están crujiendo en todo el mundo, como un barco en medio del temporal.

SEGUNDO: las sociedades cambian por ‘mutaciones’ individuales, que luego afectan a las vidas de varios otros individuos, quienes, a través de cambios subjetivos y objetivos, cambios en su manera de reaccionar y comportarse, de evaluar la nueva situación colectiva, se expanden y reproducen hasta un nivel crítico, y allí explosiona un cambio a gran escala. La mutación inicial es individual, aunque, como todo comportamiento, pueda resultar “contagiosa”, si en el seno de esa sociedad se dan las condiciones adecuadas..

Las modas funcionan por una especie de contagio, donde una figura relevante, un líder de opinión, un creador de tendencias, ejerce su influencia sobre una masa de individuos. Un líder hace publicidad para vender un tipo de coche, o una marca de zapatillas, y después todo el mundo quiere vestirse así.

Pero también existen otras modas y tendencias: el yoga, la meditación, la alimentación sana o las tendencias anticonsumo que, a mí personalmente, me parecen más sanas y beneficiosas, para el individuo y para el planeta. El minimalismo, por ejemplo, es un modo de vida opcional para sujetos, que haciendo una vida normal, han decidido reducir su consumo al mínimo esencial; y afirman ser más felices; es un fenómeno que se nos aproxima a todos con el confinamiento y la limitación consecuente en el consumo.

Un individuo puede entonces arrastrar a mucha gente a mejorar su calidad de vida. Pero también puede ser solo un mercader, o un Hitler que arrastre masas a una catástrofe, si esa suma de individuos que llamamos ‘masa social’ lo permitiera, y si se dieran las circunstancias adecuadas para ese éxito desastroso. Si todo esto es así, hay una cierta dialéctica entre individuo y grupo social, con afectaciones mutuas y recíprocas. La sociedad determina al individuo y el individuo determina a la sociedad.

Cuando se dan ciertas condiciones críticas en la sociedad, se puede producir en ciertos individuos una ‘mutación’ del carácter, una evolución de la consciencia con una reacción diferente hacia su medio social, reacción que luego se extiende y termina por transformar a la sociedad. Un cambio social impresionante ha sido el del papel de la mujer en nuestras sociedades, y comenzó con lo que he llamado ‘MUTACIÓN’ INDIVIDUAL. En poco más de cien años, unas cuatro generaciones, se ha producido un cambio notable donde la mujer ha pasado de no tener derecho a voto ni acceso a la plenitud del bien cultural, de trabajar frecuentemente en condiciones de semi esclavitud, a ser una ciudadana de pleno derecho. ¿Cómo ocurrió esta transformación? ¿Fue un cambio de la sociedad o fue un cambio individual? Las dos cosas: hubo un cambio crítico de las tecnologías industriales y entonces algunos individuos cambiaron su manera de reaccionar. Esas mujeres que en 1911 se rebelaron contra sus míseras condiciones de trabajo y que murieron encerradas y quemadas vivas, o esas sufragistas que se negaron a acatar leyes injustas, eran una escasa minoría social, un puñado de individuos.

No siempre en el tiempo de una generación cambian las cosas, el cristianismo, por ejemplo, significativo en la mutación política del imperio romano, demoró varias generaciones en extenderse: un individuo que experimente este tipo de cambios o conversiones del carácter, quizá forme una familia en la que sus hijas continúen el proceso de transformación social iniciado por sus abuelas, pues los cambios de rol social suelen ser hereditarios. Las sociedades cambian por la presión que una cantidad crítica de cambios individuales ejerce sobre el conjunto. En resumen, entonces: el individuo toma decisiones que condicionan a su entorno inmediato y determinan su linaje posterior, al mismo tiempo que la sociedad genera presiones y circunstancias que condicionan al individuo. (Si alguien se interesa por profundizar en la relación individuo-sociedad puede empezar por: Georg Simmel: «La Metrópolis y la Vida Mental», y Ariel Wilkis y Matias Berger: «La relación individuo sociedad».

 

PENSAMIENTO Y ACCIÓN.

‘Pensar globalmente y actuar localmente’ fue un lema de los ecologistas en los años 80, que rápidamente se convirtió en slogan del mundo empresarial en expansión. El dinero pensó globalmente y se saltó fronteras mientras los ciudadanos y sus ideales ecológicos quedaban confinados en sus vidas utópicas o bajo vigilancia local. La fórmula sigue siendo buena: la acción individual es local, pero solo tendrá sentido y resultará eficaz si somos capaces de pensar globalmente y coordinarnos con eficacia. Mujeres empoderadas. Consumo minimalista. Estilos de vida alternativa. Cooperación grupal. Ecologismo. Día de la amistad global. Movimiento por la reunificación de los pueblos. Hay muchas vías de acción que ya están en marcha.

Pero muchos sentimos desconfianza hacia todo lo que implica ‘organización’ ¿son comunistas, son fascistas disfrazados, son anarquistas antisistema? No, nada de eso, son ciudadanos que asumen su responsabilidad como tales, porque está claro que si los individuos permanecemos encerrados entre las cuatro paredes de nuestro ego, estaremos totalmente a merced de quien o quienes se hagan cargo de administrar la maquinaria social, esta moderna pero atávica maquinaria, altamente determinada por la economía, con sus empresas y proyectos económicos, motivados antes por la rentabilidad que por el servicio social o la sostenibilidad ecológica.

Cristian Felber, uno de los patrocinadores de la “Economía del bien común”, ha explicado muy bien como una empresa solidaria y respetuosa con el medio ambiente está en inferioridad de condiciones para competir con empresas menos escrupulosas. Eso con las leyes actuales, por lo que el problema, tratándose de leyes, tiene una inevitable dimensión política. Y nuevamente, en este terreno, las decisiones que puedan cambiar las cosas son individuales, dilemas que se plantean y deciden en la consciencia de cada uno. La educación, la salud, la atención al más débil, el cuidado de los mayores, la regulación que proteja a ese factor de salud colectiva que es el medio ambiente, son cuestiones políticas, pero responsabilidades que exigen primero maduración, y luego definiciones y acciones individuales, antes de ser procesos colectivos.

 

CONTAGIO EMOCIONAL.

Una idea primero, un pequeño gesto luego, y se pone en movimiento el mundo. Todo camino tiene un primer paso. Las ideas que no caminan son un peso muerto en el alma; a veces crecen impotentes y enrolladas sobre sí mismas, como las raíces confinadas en una maceta. Rompe tu maceta y da el primer paso del nuevo mundo. Muchos pequeños pasos hacen un largo camino. Y “como camino se hace al andar”, la cosa consiste en caminar. Esperar a que el mundo cambie es la trampa del inmovilismo. Cuando muchos hilillos de agua se juntan en la alta montaña se forma un riachuelo. Cuando muchos riachuelos confluyen se forma un río. Quien se pone a caminar pronto se encontrará con otro caminante.

¿Qué es un grupo alternativo? No es un grupo político, aunque pueda tener implicaciones ciudadanas. No es una secta ni un grupo religioso, aunque puedan compartir sentimientos de ese tipo. Pero sí es un grupo de individuos cooperativos moviéndose en torno a una actividad común. Podría ser un grupo de lectura, o de estudio de un tema de interés compartido, literatura, sociopolítica o misticismo práctico; un grupo de práctica de yoga, pilates o meditación; un grupo de senderismo o de cualquier actividad deportiva; un equipo de fútbol; un taller de arte o artesanía; un grupo de acción solidaria, de reparto de comida, estudios o conocimientos; un grupo de acción ecológica, de limpieza de playas o plantación de árboles; un grupo de viejos que venden su piso para irse a convivir juntos; simplemente un grupo de amigos, y un largo etc con miles de posibilidades de acción grupal. Sea cual sea tu grupo de interés, no te quedes aislado, le diría a aquel hombre con quien comencé este artículo.

Diferentes países tenían fechas alternativas para celebrar la amistad, en India era en agosto, en Uruguay el primer domingo de julio. La ONU fijó el «DÍA DE LA AMISTAD UNIVERSAL» el 30 de julio.

Qué bueno y hermoso sería: un día de fiesta universal donde cada pequeño grupo, o grupo más extenso, saliera a marchar por las calles declarando públicamente la amistad y el amor por lo cooperativo. Ver allí juntos, caminando y cantando, con sus emblemas y colores a un grupo de ciclistas, junto a un grupo de lectoras y estudiosas de Agatha Christie, sabiendo que eso está ocurriendo en nuestro pequeño pueblo, al mismo tiempo que en las grandes capitales de Oriente y Occidente, que todos somos amigos y compartimos el mismo planeta, que nos movemos porque queremos un mundo mejor; sería una brisa refrescante para la rota humanidad global que somos.

 

Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

INDIVIDUO Y SOCIEDAD. EN TORNO AL COVID19, II

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