EDIPO EN LA DISCOTECA

Posted By pfbontempi on Ago 16, 2020 | 6 comments


EDIPO EN LA DISCOTECA

«La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas» (¿ironía o verdad?). Nicanor Parra, poeta y antipoeta chileno.

“Unos van por el ancho campo de la ambición soberbia, otros por el de la adulación servil y baja, otros por el de la hipocresía engañosa, y algunos por el de la verdadera religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra”. Cervantes en el Quijote.

En esta pandemia, buena para desnudar el alma humana, he visto quijotes que han dado la vida por los demás y también aprovechadores de coyuntura; y mucha gente lavándose las manos.

CON TANTA INFORMACIÓN SIGUE LA CONFUSIÓN

De esta riada de información y pseudo información, del lodo social y político que también ha caído sobre todos, me quedo con varios conceptos, para mí suficientemente claros.
La covid 19 es una enfermedad multifactorial transmitida por un virus identificado, entidad microbiológicamente estudiada y objetivable. Como con todas las enfermedades infectocontagiosas no afecta por igual a toda la población, sino que ataca especialmente al más susceptible y al más expuesto al virus. En su evolución clínica influye el estado de salud previo, sistema inmunológico, vitalidad general, e incluso hormonas y genética sexual, pues se ha comprobado que la mortalidad es mayor en varones. La enorme confusión estadística acerca de la difusión de la enfermedad y su mortalidad se debe a la disparidad de criterios en diferentes países y regiones. Un mundo fragmentado en criterios fragmentados. Entonces la enfermedad no es un bulo, pero si es una …

ENFERMEDAD MEDIÁTICA

Esta enfermedad es también un complejo problema político, económico, y por supuesto, un fenómeno mediático. Este último ha llegado a ser tan obsesivo, que prácticamente no hay ningún medio de información que se libre de alimentar el fuego de esta obsesión colectiva. Resulta entonces comprensible que muchos individuos reaccionen con mecanismos psicológicos de defensa, como la negación de la realidad, o una franca aversión y rechazo a lo que entienden como una gran manipulación mediática, con oscuros intereses detrás. Siempre se han gestado fortunas oportunistas con las catástrofes naturales, guerras y pestes, y ya hay muchos empresarios medrando de ésta; pero creo que el fenómeno es más complejo que una simple confabulación.

Es un hecho comprobado que los medios dan más bombo a noticias negativas que positivas. El periodismo de escándalos y dramas vende muy bien, en cambio, el periodismo de las buenas noticias sobrevive malamente, o termina en bancarrota por falta de público. Por lo tanto, los medios responden a una cuestión más honda que tiene que ver con la naturaleza humana y animal.

Cuando el ‘mono vigía’ da una señal de alarma todo el clan deja de comer, secretan adrenalina, entran en alerta y, tal como un grupo de cebras y gacelas asustadas, o la enorme bandada de flamencos, despegan y corren en estampida, ya fuera infundada o válida la alarma. Nosotros también estamos programados genéticamente para ponernos muy alertas ante las señales de peligro colectivo.

Y los medios de comunicación viven de su negocio. Vendiendo noticias se alimentan sus trabajadores y se enriquecen sus empresarios. Transmitiendo señales que alarman a la población, estrujando la adrenalina colectiva, magnetizando su atención absorta, e intercalando, por supuesto, la publicidad que orienta y estimula el consumo, crece el negocio de forma proporcional a la audiencia que consigan reclutar. Las malas noticias son un buen negocio, cuando un problema de salud pública se ha convertido en un fenómeno mediático cuyas consecuencias políticas están en plena evolución.

El relato colectivo que conduce a nuestros pueblos lo elaboran los medios, y los intereses económicos y políticos, incluso militares, detrás de ellos son enormes. El gobierno americano, después de haber atacado y herido gravemente al gigante chino Huawei, ahora, a través de Trump y su Twitter, está intentando extirpar de occidente a la red de origen chino TikTok. Arguye que esa red permite algún tipo de control sobre el comportamiento social y político de la población; lo mismo que, autorizado por sus leyes antiterroristas, hace desde hace varios años con las redes occidentales. Piensa el ladrón que todos son de su condición.

Este poder en funciones, que está arrastrándonos a una sociedad del control y la transparencia total, quizá sea imposible de detener. Interesante y demostrativo resulta el documental de Netflix “The Great Hack”  (Nada es privado), sobre el caso de ‘Cambridge Analytica’.

Simultáneamente en China, redes con origen y capital en América, cómo Facebook y otras, están políticamente censuradas con el mismo argumento: evitar que la población se contamine con el control político que esas redes puedan ejercer.

Este es un hecho absolutamente contrastado: los medios por los cuales circula la información, centros neurales, redes, y móviles terminales,  recaban una enorme cantidad de información sensible, y, con tan potentes bancos de datos, se han convertido en los grandes moduladores de las preferencias sociales y decisiones políticas, timoneles de estos enormes rebaños humanos. Como toda noticia responde a un interés específico del informador, suele ser muy evidente el estilo tendencioso en medios con diferente orientación política.

‘Que viene el lobo’ fue una fábula ejemplar: “A un pastorcillo, aburrido entre sus ovejas, se le ocurrió un día gritar ‘que viene el lobo’. Inmediatamente el resto de pastores apiñó su ganado y corrió en ayuda del alarmista. Aquel les recibió con una estruendosa risotada, ¡era solo una broma! Y así repitió su broma varias veces, hasta que vino el lobo de verdad y nadie reaccionó”. Quizás todos estemos en un proceso de ‘desensibilización colectiva’ ante la sobretensión de los medios: estoy harto de las noticias, me lo dicen mucho. Y así, mientras no nos damos cuenta, ocurre lo que ocurre.

ESPAÑA EN EL MUNDO

Este síndrome pandémico ocurre a horcajadas de una polarización del desarrollo tecnológico en dos bloques: América y sus redes de poder, China y su ya sólida influencia tecnológica. En medio, España con su alma dividida, vuelve a quedar como en 1936, entre los gruñidos de una lucha mucho más grande que ella misma. En el siglo pasado fue la confrontación de fascismo y comunismo, y aquello era un falso dilema del cual España salió empantanada en una dictadura bastante implacable: pensamiento único y compulsivo nacional-catolicismo. Cuando recién en 1986 se incorporó a la Unión Europea era un país retrasado tecnológica, cultural y económicamente.

Y hoy, nuestra hermosa tierra con sus buenas gentes, está sumergida en otro falso dilema: entre los ‘malos’ que nos exportan móviles para espiarnos y los ‘buenos que queremos un mundo libre’ (sin Snowden ni Asange ni Wiki Leaks, por supuesto); los ‘malos’, ayudando al desastroso estado Bolivariano, y los ‘buenos’, compartiendo banquete con las santas monarquías petroleras. Si izquierdas y derechas han enredado tanto su baile que ya parecen una, quizá nunca antes lo de buenos y malos estuvo tan confuso. ¡Que vengan los medios a definirlo pronto!

El drama de España es tener a su alma colectiva partida en dos, un alma dual, ambivalente, a la que viene muy bien la historia inglesa de “Dr Jekill y Mr Hide”: Un caballero muy caballero, con vestimenta y club impecable, con leyes teóricamente perfectas y una despiadada oscuridad de maltratador; contradicciones que devienen aquí en cortesías de palacio y cloacas de estado. Ya en la conquista de América estaba en juego esta terrible dualidad: los principios de un cristianismo predicado en altares de oro y plata, mientras fray Bartolomé de las Casas denunciaba la injusticia anticristiana que cimentaba al Imperio.

Quinientos años después de una historia cíclicamente repetida, viene ahora el espectáculo mediático; zafios o conspicuos tertulianos que engordan ego y bolsillo, mientras alimentan las obsesiones colectivas y contribuyen a radicalizar a la población, o a saturarla de escepticismo, bajo la sombra aplastante del viejo lema: “a río revuelto ganancia de pescadores”.

Este complejo síndrome eco-sanitario y socio-político, nos afecta a todos y funciona como una lupa qué pone en ‘evidencia amplificada’ las características de individuos y poblaciones. Útil entonces para hacernos más conscientes de cómo somos individualmente y cómo funciona nuestra sociedad. Los conspiranoicos salen a flote y exteriorizan fácilmente sus delirios anti-algo, se ponen en evidencia los miedos individuales y colectivos, y se desgrana la cadena de sus consecuencias: del miedo nace el estrés, alimentando a tres sentimientos peligrosos, la rabia, la frustración y la depresión. ¿No se manifiesta así nuestra sociedad actual, con miedo, frustrada, rabiosa y deprimida? Mientras tanto los avaros y ambiciosos exageran sus afanes de lucro y hasta se arriesgan a poner en evidencia su falta de solidaridad, o la tapan con alguna limosna o mezquino mecenazgo. En sociedades antiguas existía el “diezmo”, cada ciudadano daba el 10% de sus ganancias a la iglesia, que entonces era el estado, y este distribuía a los necesitados, después de un buen comer, por supuesto. ¿Va la moderna ingeniería fiscal camino de sociedades libres de impuestos, para que cada palo aguante su vela, se hunda el que no pueda y triunfe el que nació para ello?

Si ponemos un microscopio potente sobre nuestra piel, veremos un paisaje marciano poblado con animales sorprendentes. Esta ‘lupa del covid19’ nos enseña caricaturas nuevas, pero tanto o más viejas que Cervantes. Uno de estos sarcasmos me ha saltado a los ojos con cruel evidencia.

EDIPO REY EN LA DISCOTECA

El viejo drama de Edipo escenifica una de las piedras angulares del edificio freudiano. El hijo repudiado por el rey Layo, sobreviviente en familia de pobres y reconvertido en lo que hoy llaman perroflauta, en pelea directa con el monarca, le ha asesinado involuntariamente. Después de resolver el acertijo que define a la condición humana se ha sentado al trono como nuevo soberano. Un trágico recambio generacional. El psicoanálisis ha puesto énfasis en el drama individual con que hijos y padres se van alternando las generaciones. La lupa del covid19 nos enseña ahora otra dimensión de la vieja tragedia, esta vez colectiva.

La escena patognomónica es la siguiente: “Un DJ con el torso tatuado y desnudo, de pie sobre una mesa, por encima de una abigarrada multitud de jóvenes, agitados epilépticamente al ritmo de alguna música, posiblemente saturado de cocaína o alguna otra sustancia, escupe chorros de alcohol y saliva sobre la multitud que le rodea. Algunos le han calificado de descerebrado, y quizá el hombre no tenga mucho cerebro, pero testosterona si tiene, y mucha; y está claro que disfruta de un éxito relativo entre sus numerosos seguidores.

Es una postura válida la suya y un ejemplo a seguir, pues él supone, aunque después se confiese avergonzado y pida públicas disculpas, que su diseminación de saliva ha servido de vacuna. ¿No se potencia así la ‘inmunidad de rebaño? ¿No ha sido ésta la postura oficial del presidente Trump? ¡Contaminémonos todos, que se mueran los que tengan que morirse, conservemos operativa nuestra economía predadora, y vivamos acelerados los cuatro días que nos dio natura! La testosterona es provocadora y tiende al pavoneo. Es muy posible que el presidente Trump, quien por biología debiera tener niveles descendidos de esa hormona, se la inyecte artificialmente para mantener elevado el nivel de sus tuits, empapados en saliva narcisista y egocéntricamente inflamada, esa que proclama a los cuatro vientos: primero yo, después yo, y finalmente yo también. El egoísmo, la incapacidad de ver al otro y escucharle, es quizá el virus que más destruye a nuestra sufrida humanidad. ¡Y es contagioso! Sin embargo, parece casi utópico denunciarlo; alguien me dijo: ‘no vale la pena tu discurso, el egoísmo es una fuerza de la naturaleza, el más fuerte, aunque sea el más egoísta, irá siempre en cabeza de la manada’. Tienes razón, le dije, pero la última palabra de la naturaleza es la razón consciente, y ésta me dice que el amor llega donde el egoísmo no alcanza.

En crisis de testosterona, los jóvenes, en una época en que reproducirse no es nada fácil, están llenos de hormonas y anhelo de vida. Dominados por el impulso de expandir sus genes y explorar su límites se ven atrapados por múltiples mecanismos de contención social, desde las barreras del metro hasta la masiva mascarilla obligatoria. Se han convertido en animales domesticados y severamente aleccionados; pero su naturaleza quiere seguir corriendo salvaje, como Caballo Loco por la interminable llanura. Así es comprensible que muchos se sientan ahogados, que disparen la fantasía de estar viviendo en la dictadura del Gran Hermano, y quieran escupir en todas direcciones, ya no sus genes atrapados una y otra vez en algún condón, sino sus virus:

¡Vamos a hacer la revolución del virus! ¡Qué vuelva la revolución del amor salvaje! ¡Abracémonos todos y unamos nuestros sudores desnudos! ¡Seamos cual legionarios y novios de la muerte! ¡Llevemos la vida exaltada en un mismo paquete con la negra parca! Su discurso inconsciente es natural pero despiadado. ¡Qué el virus circule por nuestras calles y qué entre en nuestras casas!  Depuremos la sociedad, qué se muera el lastre económico de los viejos. ¿Hasta cuando pretenden alargar su vida? ¡Están convirtiendo la fiesta de estar vivos en obligada visita a residencias de cuerpos inútiles! ¡Los jóvenes cargamos con el lastre del pasado! ¡Que se muera la tiranía de lo que ya fue! Y entonces esos miles de jóvenes, quizá sin ver la realidad de su propio discurso, se quitan la mascarilla y buscan compulsivamente compartir el virus de la vida, y ahogar en rabia frustrada y alcohol, lo mejor que pueden, el miedo que gobernó a la generación anterior.

Evidentemente hay una generación que se está cayendo del tablero. Coincide en España este escenario con la salida legítima, pero poco honrosa, del Rey emérito, mancillado por sus propios actos. (Emérito, ‘que se ha retirado de un empleo o cargo y disfruta algún premio por sus buenos servicios). Los dramas personales y familiares se saltan los ‘cordones sanitarios’ de clase social y económica. El veto del silencio público vale para pintar mejor una crónica social, o decorar un episodio histórico, pero no sirve para acallar los gritos del drama íntimo. Quizá los reyes sean meros peones en un juego de intereses que va más allá de sus propias luces; finalmente son hijos del destino, de una fatalidad que solo se podrá leer cuando la historia esté completa. El dictador amansó a un pueblo cerril con cuarenta años de dictadura, y así preparó el trono para un nuevo rey. Este se elevó al cargo quejándose de la estrechez económica que experimentó en su infancia, y al final se marcha con una fortuna difícil de evaluar, por la opacidad de sus intereses.

RECAMBIO GENERACIONAL

La realidad ha proclamado a gritos ¡Recambio generacional! El padre cae por el peso de su propia trayectoria, y el trono lo toma el hijo con el respaldo de la madre. Un drama edípico de libro.

Mientras tanto, como en el coro de las viejas tragedias griegas, una generación gastada se muere en sus residencias de última esperanza. Y esto al mismo compás con que una jauría de jóvenes desconcertados aúlla su ansiedad por vivir, sus voces ultra pragmáticas o profundamente escépticas, al viento de la historia interminable.

¿Recambio o continuidad?  El drama del León viejo ahuyentado a mordiscos por el león joven, no es necesariamente el de una evolución y cambio. La sustitución de una generación por otra puede quedarse en un mero recambio de actores, para seguir todos repitiendo el mismo guión. La inercia cuenta.

NUESTRA JUVENTUD

Corre la anécdota de Ronald Gibson, un médico de familia, quien en su charla sobre los conflictos generacionales recitaba cuatro citas.

-Una: “Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. No se ponen en pie cuando entra una persona anciana. Responden a sus padres y son simplemente malos”.
-Dos: “Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esta juventud es insoportable, a veces desenfrenada, simplemente horrible”.   
-Tres: “Nuestro mundo ha llegado a un punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos”.   
-Cuatro “Esta juventud está malograda hasta el fondo de su corazón. Muchos jóvenes son malhechores y ociosos. Jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura”. 

Cuando su público celebraba las citas, sorprendía a todos al desvelar que la primera frase es de Sócrates (470 – 399 AC.) La segunda es aún más antigua, de Hesíodo (720 AC.) La tercera se remonta a un sacerdote anónimo del 2.000 AC. La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad), con más de 4.000 años de existencia. 

Comprendamos entonces la verdad de aquel “nada nuevo bajo el sol”. Los regímenes cambian, las civilizaciones caen, las nuevas tecnologías parecen cambiarlo todo, pero la música de fondo sigue siendo la misma, dibujada por nuestros genes, hormonas, y la inercia colectiva e individual de las pasiones.  

TAREA DE VIEJOS

Vivimos en una sociedad donde nadie quiere ser viejo, donde la mayor parte de los ‘ya bastante mayores’ rechazan esa identificación. Pero los niños dicen la verdad y a un viejo lo llaman así. Los viejos tenemos una compleja tarea por delante, ACEPTAR la vejez y el final de la vida con DIGNIDAD, transmitir ESPERANZA a nuestra juventud desconcertada y dar SENSATEZ a la edad media que nos gobierna.  

No es tiempo fácil ni para unos ni otros. El paisaje actual donde transcurren nuestras existencias está cambiando drástica y rápidamente: la comercialización de nuestros datos personales y tendencias en grandes bancos informáticos es un hecho, tanto aquí como allí. La densidad de las poblaciones urbanas nunca fue tan alta. Los brutales desniveles económicos, abismos de pobres y cumbres de ricos, se han acentuado escandalosamente. La naturaleza completa ha entrado en una fase crítica de deterioro medioambiental; en mi jardín hay sequía y aparecen plagas y enfermedades que hace unos años no veía. Yo mismo estoy sobreviviendo a una enfermedad que, para muchos, está conectada con los altísimos niveles de contaminación alimentaria y ambiental.

Y en este reino decadente y problemático GOBIERNA EL CONSUMO. Este es el verdadero rey. ¿Qué pasaría si dejáramos de consumir, salvo comida, salud y educación? Caerían determinados índices, y con ellos la obsesión de economistas y políticos; pero la vida seguiría. Los viejos consumen menos, pero no gobiernan. Los niños pequeños tampoco, ni siquiera obsesionados por la publicidad de Navidad.  

Entre niños y viejos EL PODER LO EJERCEN LAS HORMONAS. Ellas son las gobernantas de pulsiones en hombres y mujeres, plenamente productivos y máximamente consumistas. Ellas determinan el ritmo de explotación con que ordeñamos a la vaca Naturaleza, ellas sostienen el timón de la evolución. Ojalá nuestros adultos maduros tengan la sabiduría de darse cuenta que no son tan diferentes a las generaciones pasadas. ¿Acaso no es ya evidente que están repitiendo destinos?  

El viejo rey pidió perdón y se marchó, el joven del torso desnudo y escupidor de alcohol también pidió perdón y se bajó del podio. Dos actores abandonando el escenario del escándalo mediático. Cada uno con su minuto de gloria hormonal. Pero la gran farsa sigue, a veces como comedia, a veces como tragedia, hacia el futuro inextricable que entre todos estamos construyendo.

¿Cuál será el futuro de nuestra compleja especie? Muchos han fantaseado con la extinción, pero creo que seguiremos, hacia escenarios que solo la ciencia ficción imagina. Hace cien mil años éramos cazadores recolectores y dependíamos totalmente del medio natural. Han pasado cuatro mil generaciones y algunos cambios han ocurrido, aunque las hormonas siguen jugando casi el mismo papel. Dentro de otros cien mil años … quizá nuestra especie se parezca más a los extraterrestres de nuestro inconsciente colectivo, físicamente débiles, pálidos y muy cerebrales, totalmente dependientes de la tecnología dentro de la cual sobreviven. Pero no es necesario mirar tan lejos para comprender que las tres generaciones en que estamos comprometidos son solo el peldaño de una larguísima escalera.

ESCENARIOS DE LA REALIDAD

La realidad humana se juega en tres escenarios: EL ESCENARIO PÚBLICO, donde se compran y venden cromos e imágenes, donde vocean los solistas y el coro del mercado mediático trafica con sus apariencias; luego está EL ESCENARIO PRIVADO, donde cada familia enjuaga sus trapos y lava sus heridas; y finalmente EL ESCENARIO ÍNTIMO, donde las pulsiones del alma, elevaciones y descensos del drama interior de cada sujeto, ocurren sin más testigo que la soledad inmensa de dios, o su vacío, o a veces también un confesor de confianza.

He pintado el cuadro de un escenario colectivo, utilizo la paleta de colores que los propios medios de comunicación me brindan. Y esta pintura no es diferente al escenario íntimo, lugar donde se desenvuelve el drama personal que a cada uno de nosotros toca resolver.

En este escenario, que ya no es el mundo como representación de lo colectivo, el espacio es ahora ese intangible que los antiguos llamaron alma. Y aquí volvemos a encontrar las estructuras sociales que hemos visto proyectadas sobre el mundo.

EN EL ESCENARIO ÍNTIMO

Ahora el EGO es el monarca, el jefe del estado, la cabeza del sistema; a veces es corrupto, a veces generoso, a veces honrado y honorable, a veces violento y autoritario, a veces manipulador de la autoimagen y vendedor de una marca que lleva su cuño fantástico: ‘yo, el rey de mi reino’. Quizá le haya hecho bien a más de un prójimo, pero en cualquier caso su máximo interés ha sido el propio beneficio; la generosidad del ego nunca fue auténtica, cuando se sacrificó por otros siempre estaba implicado, de un modo u otro, su propio beneficio. Es el terreno por excelencia de la política, me sacrifico por mi pueblo y extiendo mi vida con el nombre de una calle.

En el otro extremo, abajo, entre las piernas del sexo y el dinero, está el ELLO psicoanalítico, el ID, el animal instintivo y soberbio, o temeroso, que solo busca su placer y satisfacción inmediata, con el torso desnudo y sacudiendo sus instintos lúbricos: ¡que se caiga el mundo! yo solo quiero vivir un momento de placer, sin límite; aquí se entrecruzan las pulsiones destructivas del niño/a herido y narcisista, la insatisfacción del tanatos destructivo, esa fuerza interior, hormonal también en origen, que busca ciegamente la revancha por sus rencores y frustraciones previas. Este animal extraño que llamamos masa social, que se sacude y estalla en gozos y sufrimientos, eternamente atrapado entre el placer y el hambre, está más cerca del instinto que de la razón.

Y nos falta todavía desnudar al SUPER-YO freudiano, con su elevado discurso moral, plagado de normas y valores, más teóricos siempre qué reales, ideales de vida que creemos tener, que adoramos en nuestros altares de oro, mientras nuestra vida objetiva, sin coherencia con ellos, da tumbos entre panfletos de salvación medioambiental, de iluminación espiritual y política sanitaria. Hemos entrado aquí en la iglesia del alma, la instancia rectora y dogmática de ‘lo que debiéramos ser’.   

Pero evidentemente, con estas tres instancias del individuo proyectadas sobre lo colectivo, no se cubre, ni mucho menos, la compleja humanidad que cobija lo que somos. Ni la pantomima pseudo moral de un yo supuestamente superior, ni la brutal e instintiva estupidez del ello, ni la ‘pseudo-consciente’ e hipócrita ceguera del ego; nada de esto agota lo que somos. En medio de estas tres instancias individuales y colectivas es necesario redescubrir LA ESENCIA DE LO HUMANO. Pues la esencia trasciende al ego, supera con creces el automatismo de la maquina instintiva, y por supuesto desenmascara el discurso normativo y formal del superyó.

Que cada uno se haga cargo de su camino, pues, como dijo el poeta, y es muy cierto: los caminos hasta ahora escritos ya no valen, a partir de este punto … camino se hace al andar.

Y me despido por ahora con dos canciones de Mercedes Sosa que son puro corazón; su sensibilidad también alumbra el camino hacia esa esencia que vislumbramos.


Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

EDIPO EN LA DISCOTECA

6 Comments

  1. siempre interesante e importante tu análisis y aclaraciones sobre el mundo en que vivimos, desde luego la sensación es de que nos jugamos mucho (socialmente y medioambientalmente) en un plazo de tiempo muy corto…el que queda por venir..

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    • gracias a ti por tu presencia y comentario. un fuerte abrazo a los cuatro. ojala que pueda ser en directo….

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  2. Excelente
    Muchas Gracias
    Lúcida visión

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    • Muchas gracias a ti por tu presencia y comentario, recibe un fuerte abrazo

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      • Artículo muy analítico que semeja a una explosion de fuegos artificiales donde cada color pide más desarrollo de tus encomiables ideas. Tus exposiciones penetran hasta el fondo pero piden un libro que aúne tu discurso de forma más continuada y sosegada. Anímate!!!

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