EXORDIO DEL QUILTRO

Posted By pfbontempi on Jun 5, 2022 | 0 comments


En Chile ‘quiltro’ es un perro mezclado de todas las razas, tiene de todas y no pertenece a ninguna en especial. Llevo en mi corazón la esperanza de un ‘quiltro’, la de todos los mestizos, aquellos que nunca fuimos ni podremos jamás ser suficientemente puros, suficientemente buenos, ni completos ideológicamente, ni racialmente enteros, ni culturalmente suficientes. Como la polarización es el gravísimo problema que está destruyendo nuestra humanidad, y como ella asienta sobre el viejo, horrible y enfermo maniqueísmo, aquí va este cuento del ‘quiltro gris’.

QUILTRO GRIS

No sé bien cómo me vi metido en esta terrible pelea de perros. Supongo que las cosas me vinieron rodadas por nacimiento. El enorme perro blanco y el temible perro negro se han multiplicado hasta ser dos jaurías enloquecidas, girando sobre sí mismas en un circo de mordidas, ladridos, horribles gruñidos, bocados y desgarros de carne rota. Quien no haya visto esa locura frenética de colas y colmillos, donde lo de arriba pronto se encuentra abajo, y lo de abajo descostillado, quizá no reconozca la ferocidad despiadada a la que ha llegado nuestra especie. Por momentos todo es blanco. Por momentos todo es negro. La yugular del negro está sangrando. ¿O es la sangre del blanco que se extiende?

Hay una enorme pelea entre dos polos. Los pobres, los cachorros y los débiles saltan de aquí para allá como marionetas sin pasado ni futuro. Hubo un tiempo en que el perro blanco y el perro negro se medían, gruñían y amenazaban, pero sin morderse; les bastaba tantear sus fuerzas para ceder o tomar territorio. Pero ahora, cuando la sangre nos hierve a todos y nadie consigue escapar de este círculo de fuego, ya no hay tregua ni pacto, la guerra es a muerte. Bajo amenaza de extinción no hay lugar para el diferente. Solo puede quedar uno sobre la tierra arrasada. Y yo soy una mezcla de otros, soy un quiltro gris, y estoy en apuros.

-No entiendo la guerra, me digo, ni entiendo esta belicosa naturaleza nuestra. Me enseñaron en la ‘escuela de quiltros grises’, que algún día formaríamos una gran civilización de perros inteligentes y solidarios; pero estoy perplejo, nuestros dos mejores especímenes se agreden sin piedad. Necesito entender la naturaleza de la guerra-. Soy un quiltro raro, me resisto a entrar en esta batalla de ciegos. ¡Las cosas son así! ¡Cobarde! me gritan, ¡Perro maricón! ¿Qué quieres entender? ¡Los malos son los malos y los buenos somos nosotros! ¿No sabes lo que es testosterona? ¿Es que no tienes sangre? ¡Ven a derramar la poca que tienes en el altar del dios de los perros!

Argumentos tan potentes me han dejado impotente, y así me vi arrastrado, sin estar seguro de nada, quizá por mi propia necesidad de comprensión, o por mi naturaleza ambigua de quiltro gris, al corazón de esta terrible batalla entre el perro blanco y el perro negro.

Metido entre las patas y las fauces de uno y otro comencé a recibir zarpazos y mordiscos que venían de todos lados. Intenté gritar ¡Que soy neutral! ¡Que soy neutral! No a la guerra. Stop War. Pero no hubo caso. Unos gritaban -O estás conmigo o estás contra mí- y el otro gritaba lo mismo, pero al revés -Si no te pliegas a mi fuerza terminarás reventado-. Vamos, que la neutralidad es mal negocio. Y así me iba.

Como quiltro neutral que era no podía evitar ver validez en argumentos de negros y blancos. Ambos tenían razones poderosas. Intentando apaciguar al negro yo usaba las consignas del blanco. Intentando calmar al blanco repetía las palabras del negro. Pero no funcionaba, mis intentos pacifistas echaban más leña al fuego.

Pobre de mí, ¿qué hacía en medio de esta batalla intentando detenerla? Mis amigos más prósperos ya habían apostado al color ganador y jugaban sus cartas más rotundas. Al otro lado, mis amigos menos afortunados estaban claramente identificados con su bandera. Perdedores y ganadores son categorías con las cuales los perros nos identificamos fácilmente. Pero a mí, lamentable quiltro gris, las perplejidades me aumentaban de día en día, de guerra en guerra. Mis sesos de perro gris, convertidos en un centrifugado informe de argumentos y mordidas, todas con algo de verdad, me incapacitaban para entender nada. -No se trata de entender sino de actuar-, alguien gritaba. -El hogar de los perros corre peligro-, vociferaba otro.

En mis orejas de quiltro asustado los ladridos sonaban cada vez más fuertes. La estruendosa presión del coro mediático en que mi mundo se había convertido me presionaba de modo insoportable. Incapaz de conciliar los lados del conflicto no me quedaba más remedio que partirme en dos.

Y así ocurrió que, el hermoso perro gris que en algún momento creí ser, se vio roto por la mitad, ¡que locura! ¡dos medios perros!: un medio perro negro, que ladraba las mismas consignas patrióticas que el perro negro entero ¡Salve al emperador de los perros!; y medio perro blanco, repitiendo cual loro eficaz, las consignas sociales del valeroso perro blanco: ¡Qué viva el rey de los perros, honor al heroico caudillo!

Desde entonces y terminada ya la penúltima batalla, mutilado y medio perro, marcado a fuego con el fuego de estas guerras, sobrevivo comprobando, con creciente frustración, que los quiltros grises somos una especie en extinción, o que estamos mutando a ‘perros-camaleón’, o peor aún, convirtiéndonos en esas peligrosas variedades del ‘perro ultra perro negro’, o del ‘ultrísimo perro blanco’, tan bien adaptados a la polarización reinante.

¿Y quién ha contado este cuento? Yo mismo, testigo mordido y chamuscado por los delirantes tiempos de buenos y malos que me ha tocado vivir. Yo soy este quiltro gris, renuente a renegar de mi impureza congénita.

La pelea sigue y, desgraciadamente creo, seguirá. Somos una especie de grandes constructores, pero también de implacables destructores. Destruimos para construir, o construimos para volver a destruir, tal parece ser nuestro signo. Destruimos maravillas de la cultura, en América, en India, en África, en China. Y en todas partes con sus piedras construimos los templos y las fábricas que nosotros mismos, vestidos con otro color, vendremos nuevamente a destruir.

El que tiene poder lucha por conservarlo; el que no lo tiene lucha por conseguirlo. Es la naturaleza de los perros.

Lo siento colegas…AUUUUUUUUU…

Francisco Bontempi

Médico y psicoterapeuta

EXORDIO DEL QUILTRO