LA OXITOCINA EN UN MUNDO DE MUROS

Posted By pfbontempi on Jul 20, 2020 | 0 comments


ENTRE LA COOPERACION Y EL CONFLICTO III

“La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso». Martin Luther King

La naturaleza nos está llevando a un cambio necesario e inevitable. En esta revolución que desmonta al viejo y violento sistema patriarcal, lo femenino emerge como la posibilidad de un NUEVO PODER COOPERATIVO, y sus valores han de expandirse, triunfar y gobernar. No podemos seguir confiando nuestros destinos en los arranques de la testosterona, ya sea masculina o femenina.

¿Es posible imaginar un mundo abierto y cooperativo, con gobernadoras y presidentas, administradoras generales, gestoras de lo social, políticas expertas en relaciones interculturales, con mujeres a la cabeza de las grandes religiones, y gestionado todo por una sabiduría pacífica y tolerante? La ciencia ficción ayuda a reflexionar sobre la realidad.

DOS EMIGRADOS

Dos emigrados de la dictadura militar en Chile coincidimos en un bar de Noruega, él se había instalado en la invernal Suecia y yo en la subtropical Canarias, yo conservé el idioma raíz, que elegí preservar, mientras que él también transmigró de lengua. Ambos con excelente formación, yo médico y él ingeniero. Llevábamos más de treinta años en nuestras nuevas patrias, y algo sabíamos de ellas. Fue interesante nuestro cruce de miradas, para algunos yo había sido “el sudaca oportunista”, para otros él había sido “el comunista chileno”. Un emigrante no puede evitar las etiquetas y es especialmente vulnerable al juicio social. Él estaba muy contento con la educación que sus hijos recibían en la escuela pública, yo tenía muchas reservas en relación a la educación hispana, bajo siglos de pensamiento único e incapaz aún de consensuar un proyecto educativo para el siglo XXI. Cada uno había pagado su precio y ahora aportaba sus talentos a estos nuevos destinos. Hay una diferencia fundamental entre el mundo nórdico y el mundo de la España latina, me dijo, y coincidimos: “Ustedes sienten allá, como en Chile, que el Estado es opresivo, un patrón, un señorito injusto e impositivo que solo busca su beneficio, tener mucho, trabajar poco y aprovecharse de los ciudadanos; por eso, allí todos buscan evadir impuestos, burlar al jefe, escapar de la opresión estatal. Nosotros acá, en cambio, sentimos que el estado es nuestro, que está para servirnos, pagamos impuestos muy altos, pero lo hacemos con gusto, pues tenemos excelente educación, salud, planes de jubilación públicos de calidad; entre nosotros la filosofía no consiste en hacerse rico a costa de los demás, sino en desarrollar lo mejor de ti mismo, pues, ‘lo que es bueno para la abeja beneficia a la colmena’, ya que si la colmena enferma ninguna abeja individual sobrevive”. Como dijo Marco Aurelio, ‘Lo que es malo para la colmena es malo para la abeja’.

En relación a la mujer, las diferencias entre una y otra región también son grandes: el año 2016 el congreso nacional de España tenía un 38,4% de mujeres, cuando Suecia tenía un 46,13%.  Sin embargo, las cosas están cambiando, en 2020 España tenía el parlamento más paritario de Europa, con un 47,4 de mujeres. Con la diferencia que allí las listas son abiertas y cada político rinde cuentas ante su electorado, la responsabilidad es individual. Aquí, en cambio, las listas son cerradas y el sujeto va enrolado en su partido.

FINLANDIA es un modelo humano y político a tener en cuenta, el país donde gobiernan las mujeres, con una revolución cultural súper eficaz, donde la educación pública es la misma para ricos y pobres; Michael Moore en su documental “¿Qué invadimos ahora?” hizo allí algunas entrevistas memorables acerca de sus valores.

BUSCANDO UN MODELO DE AMOR COOPERATIVO

Como vimos en el post anterior, la mayor parte del mundo está gobernada por la testosterona y no por la oxitocina. El psicoanálisis clásico, bastante patriarcal, llamó ‘principio de realidad’ a las leyes del padre, y adjudicó el ‘principio del placer’ a niños y seres inferiores. A veces sabemos lo que no nos gusta de una comida, una ropa o una persona, pero no siempre sabemos lo que nos gusta, o bien porque pensamos que nuestros deseos son inalcanzables, y entonces preferimos perderlos de vista, o bien porque nunca llegamos ni siquiera a soñar lo que nos gustaría. Cuando no tenemos un modelo de futuro solemos aferrarnos al pasado; el conservador idealiza ese pasado añorado: ‘todo tiempo pasado fue mejor’ es su lema. Pero la realidad cruda es que: no existe en nuestro pasado histórico un momento ideal hacia el que volvernos, ni en oriente ni occidente está esa sociedad perfecta. Esos momentos de plenitud de la condición humana, Grecia clásica, España y su sacro imperio, el Tíbet idílico, Shangrilá, o el país de las amazonas, son idealizaciones que nosotros hemos construido a posteriori. Esas realidades sociales estaban llenas de injusticias y sufrimiento. Lo mismo ocurre a nivel individual, es un tópico decir que la infancia fue la etapa más feliz de nuestra existencia, pues también es la etapa en que las angustias, los temores y desencuentros son más dolorosos. Casi todos la hemos idealizado, al mismo tiempo que borrado sus memorias; solo nos quedan fragmentos idílicos en medio de las brumas del olvido. Igualmente, la historia colectiva es solo una colección de anécdotas, montadas en torno a un argumento, generalmente arbitrario y de conveniencia política.

El tema de hombres y mujeres está demasiado envenenado, y eso, desgraciadamente, es una pócima que vende. No quisiera caer en el tópico de la guerra de los géneros. Cuando hablo de un mundo dominado por la testosterona pienso en la inercia patriarcal que ha desembocado en el complejo militar-industrial que nos gobierna, antiecológico y por lo mismo antihumano. Cuando hablo de progesterona y oxitocina pienso en valores fundamentales para nuestra especie, valores que están en la constitución más profunda de lo que somos, una esencia de la femineidad que el hombre necesita recuperar, y la mujer reivindicar. Si esa integración se produjera daríamos paso a una etapa absolutamente inédita en la evolución de nuestra especie. Porque no se trata que las mujeres gobiernen como hombres en un mundo patriarcal, sino más bien, que “lo femenino” contagie a los hombres, que la cooperación y solidaridad nos enseñe una nueva manera de vivir.

LA HUMANIDAD QUE BUSCAMOS NO ESTÁ EN EL PASADO

Y, como tampoco parece estar en nuestro presente, solo nos queda la esperanza del futuro. LA ESPERANZA es una virtud cardinal fundamental; habría de ser como la brújula que nos señala el norte que buscamos. Llevo un año con esta enfermedad grave, y sin esperanza ya me habría muerto. La esperanza nos sostiene a todos en medio de escenarios que, quizá, no sean fáciles para nadie. Sin embargo, es necesario distinguir entre la ‘esperanza del burro’ y la ‘esperanza esencial’ del espíritu humano. El burro camina en círculos interminables, moviendo la noria del consumo y la producción industrial; y camina en tan estúpido destino, el pobre burro, con la esperanza de llegar a la zanahoria que cuelga delante de sus narices, inalcanzable. Es un error poner la esperanza en lo que no la merece. La ‘esperanza esencial’ a la que me refiero nace del AMOR y la lucidez; no hay esperanza sin antes amar ese objetivo; el amor tiene una cualidad integradora, el amor redime los restos de nuestro pasado, el amor reúne al presente con nuestros mejores valores, y los proyecta al futuro como raíz y fruto de la consciente de existir, de ser simultáneamente individuo y comunidad. Si tengo esperanza en una sociedad más justa es porque amo ese lúcido brillo en los ojos, y lo reconozco, tanto en una mujer como en un hombre, en un bebé como en un anciano, en George Floyd como en un policía chino. 

La tercera de las grandes virtudes tradicionales es la FE. Si el amor reúne todos los tiempos, y la esperanza nos conduce al futuro, la fe es puro presente. Nos enseñaron que la fe consistía en creer; pero hay más que creencia en ella. La fe es una fuerza, que, en el presente, mueve al ser hacia una acción determinada. Sin fe nos quedamos quietos, pasivos, deprimidos. Un equipo de futbol está perdiendo por varios goles, pero sus jugadores no han perdido la fe, se sobreponen por esa fuerza y remontan el resultado.

Sin embargo, las virtudes también son peligrosas, cualquiera de ellas puede convertirse en una monstruosidad, la esperanza en iluminismo ciego y la fe en fanatismo, por ejemplo, casos en los cuales ha fallado el amor. Las virtudes no funcionan aisladas, necesitan equilibrio y coordinación entre sí, y una integración madura en el ser que las detenta. El amor sin esperanza es melancólico y deprimente. La fe sin amor es fanatismo. La esperanza sin fe es un sueño imposible. La esperanza sin amor no es más que obsesión.

LA SOCIEDAD DENTRO DE NOSOTROS

Nada tengo para decir que no esté dicho, estoy convencido que, en el fondo, aunque a veces muy en el fondo, todos sabemos lo que somos y reconocemos nuestro sentido. Las siguientes ideas las resumo en forma de cuento: “Había una vez un mundo que inicialmente estaba habitado por un solo ser que rápidamente se dividió en dos cuerpos separados, sin embargo, se mantuvieron coordinados en la unidad funcional de un solo campo energético. A partir de allí se multiplicaron rápidamente y fueron cuatro, luego ocho, dieciséis, treinta y dos hasta ser miles de millones y millones. A pesar de tal diversidad conservaron un código común que les permitía reconocerse partes de la enorme comunidad. Con la historia natural de nuestro cuerpo, evolucionaron hacia formas tan diferentes como puede ser un enorme adipocito, una ameboidea célula intestinal, una alargada neurona, un trabajador de la alimentación, una especialista en química, un encargado de la limpieza, un médico, una profesora, un investigador de las estructuras psicosociales, y otra de los fenómenos físicos y materiales, uno grande, negro o blanco, otro musculoso y amarillo, otro enjuto y de cualquier color. Pero en esa sociedad nadie pretendía acaparar los recursos que todos sabían de todos. El modelo de sociedad hacia el que vamos, de un modo u otro, no puede ser diferente a lo que está escrito en nuestros genes. Ni puede ser excluyente con ningún grupo étnico y tradición cultural. La biodiversidad es una cualidad fundamental de una naturaleza sana, y la diversidad cultural es esencial para una humanidad vigorosa.

UN MUNDO DE MUROS

Sin embargo, hemos creado un mundo lleno de muros, y la humanidad, unitaria en esencia, se ha fragmentado hasta el punto de no reconocerse unos en los otros. Podríamos anti-celebrar el “día universal del muro”, o la ciega fiesta del egoísmo colectivo. Pues si alguien creyó que la caída del Muro de Berlín abría el mundo, que comprenda lo equivocado que estuvo. Porque los muros crecen como setas. Hay una muralla china y una muralla americana. Puesto que las tecnologías de redes son clave para el control de la población en los próximos siglos, Estados Unidos ha creado una muralla tecnológica para segregar, arrinconar y marginar al imparable desarrollo de la civilización china. En la post pandemia que caminamos está creciendo un nuevo conflicto de bloques, con el peligroso desgaste que esto implica para la  humanidad como conjunto. No podemos permitirnos más tensiones y con ellas un mayor expolio de los ecosistemas. Estados Unidos aceptó a China como suministradora de mano de obra barata, pero no cual gigante creativo y tecnológico, capaz de competir eficazmente y expandir su genio por el mundo. Mientras tanto los chinos, enrocados tras su muralla milenaria, mantienen la opacidad informativa de su poder, eficaz muralla que les aísla y defiende del resto. 

Y no solo estos dos amurallados. ¡Murallas por todas partes! El estado de Israel, encerrado en su teocracia murada, adorando sus eternas piedras. Los cubanos, atrincherados en su isla amurallada. Los iraníes, encerrados también en el muro milenario de su teocracia victimista. Los ingleses, aparentes señores del mundo, confinados en su isla de atavismos a la inversa, de muros imperiales y de bancos (que no barcos) piratas. Rusia, amurallada aún con su telón de acero decadente. Los europeos, aparentemente unificados, vendedores de turismo amurallado y separados entre sí por sus viejas rencillas tribales. Los hindúes construyendo muros atómicos e impenetrables, en eterna segregación de sus vecinos musulmanes. Los musulmanes con el muro del Corán entre ellos y el resto. Los cristianos con el muro del bautismo entre ellos y el resto. Los judíos con el muro del Yahveh terrible y vengativo entre ellos y el resto. Los pobres, con el terrible muro de su pobreza aislados y separados del resto. Los hombres y las mujeres separados entre sí por el muro de sus diferencias. Y las terribles murallas del color y la piel del racismo. ¿Celebramos el «Día Universal del Muro»?  ¡Para que todos los pueblos auto encerrados, salgan de su confinamiento y vengan a la gran celebración de la Humanidad!

Y luego están los muros económicos, y a veces físicos, con que las clases sociales se atrincheran en sus guetos. Y el muro individual del egoísmo de quien se auto margina e ignora los problemas colectivos; como si eso no tuviera que ver con nosotros. Y ahora la amenaza del coronavirus que ha encerrado a cada ser humano detrás del muro de su mascarilla. Pero no nos deprimamos, por favor, pues un ciudadano deprimido es carne de cañón y alimento de los grandes conflictos colectivos. Son tiempos estos que nos desafían a entender los problemas que afectan a cualquier ciudadano, de cualquier rincón del planeta; pues sus problemas son nuestros problemas, y no son tantos. Uno: el desastre ecológico y sanitario en que estamos, dos: la voracidad predadora del sistema económico e industrial, tres: la inercia amurallada de los bloques políticos, y eventualmente las amenazas militares, pues la fabricación y el comercio de armas sigue siendo una plaga insoportable. Nuestro sistema se ha convertido en un cáncer, el gran flagelo del planeta, alimentado por el fuego de la testosterona y sus conflictos.

¿Qué puede hacer el mínimo individuo ante estas realidades mayúsculas? Muchos dirán que ‘nada’, salvo dejarnos llevar por lo que está pasando, respirar el micro instante del micro ahora que nos toca. La impotencia del individuo ante la autoridad inalcanzable de nuestros sistemas piramidales nos deja en manos de la inercia colectiva, imparable en apariencia. Sin embargo, para detener la maquinaria completa de un enorme reloj basta con que una pequeña ruedecilla diga ¡BASTA!

UNA REVOLUCION DE VALORES

El mundo es de nuestros hijos nietos y bisnietos, pero no solo de los personalmente nuestros, también de los nietos de los chinos, bisnietos de africanos, nietos de blancos negros y amarillos. De todos. Es necesario terminar con el atavismo del miedo al otro y de la posesión de todo por unos pocos, que también nació del miedo. El código de lo humano está escrito en todos, salvo en los psicópatas, que a veces han llegado a gobernarnos.

LA REVOLUCIÓN DE LO FEMENINO

En esta revolución que desmonta al caduco y violento sistema patriarcal, lo femenino emerge como la posibilidad de un NUEVO PODER COOPERATIVO, y sus valores han de expandirse, triunfar y gobernar. No podemos seguir confiando nuestros destinos en los arranques de la testosterona, ya sea masculina o femenina.

En “Enfoques contemporáneos para los estudios de paz” Irene Comins Mingol expone que “el cuidado, como valor y como praxis, ha sido una voz doblemente silenciada, y no sólo por su perspectiva de género”. ¿Acaso valoramos tanto las profesiones que implican cuidar al otro, la enseñanza, el mundo sanitario, la atención al desfavorecido, incluso la maternidad? Son profesiones, desgraciadamente, mal remuneradas e infravaloradas. En este mundo enfermo el dinero se lo lleva quien comercia con dinero. “Poderoso caballero es don dinero”, caballero de mucha testosterona y poca solidaridad. Este es un problema de valores individuales y colectivos. Hay mucha hipocresía incorporada a nuestros cerebros inconscientes, la historia es una gran modeladora de moral y pseudomoral. Hemos llegado a asumir que la libertad y la corrección moral consiste en pasar maletas con dinero a través de las fronteras, en mantener paraísos fiscales y en frenar el tránsito de personas.

Martin Heidegger afirma que ‘el ser humano se caracteriza por el cuidado, siendo esta dedicación el fenómeno ontológico y existencial que posibilita la existencia humana’. La progesterona como fundamento biológico, y luego el cuidado y la solidaridad, configuran el núcleo que se expande también a lo masculino y fundamentan la humanidad.  El rol histórico de las mujeres ha estado en estas tareas y en el sostenimiento de la vida: la práctica del cuidado implica actitudes y el desarrollo de capacidades como la responsabilidad, la paciencia, la ternura, el compromiso, la empatía, la inclusión del otro, elementos y valores para una cultura de la paz y la cooperación. ¿No trata de esto el amor por lo humano? Es entonces ‘lo femenino esencial’ el único puente posible hacia un futuro que supere el larguísimo ciclo de las guerras y la negación del otro.

MUJERES, PODER Y COMPETENCIA

Joice Benenson, autora de “Los que guerrean y las que se preocupan”. (Warriers and worriers) hace en este artículo un interesante análisis del rol femenino a lo largo de sus distintas edades. Entonces, si Heidegger tiene razón, lo que nos hace humanos es algo que crece en el nido femenino, mucho antes que en la espada de las luchas inter tribales. Y esta esencialidad de lo femenino a veces implica un problema para el hombre, pues la masculinidad se ha construido, tradicionalmente, como un proceso de apartamiento del mundo materno, horrorizados de ser confundidos con la madre o sus hermanas. Es verdad que todo esto está cambiando, afortunadamente, aunque aún estamos lejos de un mundo donde las hormonas estén equilibradas.

SEXOS COOPERATIVOS

En toda transición de sistemas de poder y modos de vida hay riesgos fuertes. Por eso a veces decimos que ‘más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer’, pues las revoluciones y los cambios destapan todo tipo de bichos y pueden liberar tendencias que anteriormente estuvieron reprimidas. No se trata tanto de que la mujer se sature de testosterona y compita con el hombre por ese cetro. Se trata de transformar y reequilibrar los polos de lo humano. El modelo de la mujer confinada bajo velo, sin estudios y sin acceso al gobierno no es un invento musulmán, era práctica occidental y oriental y característica de todas las religiones. Liberar el potencial femenino para la transformación del mundo no es solo cuestión de la mujer, se trata también que el hombre pueda liberarse del arquetipo patriarcal y desarrollar su parte femenina. Ha habido una fuerte asimetría en nuestros cerebros, y se cree que ocurrió a la par con la marcada especialización de los sexos. Se trata de equilibrar las cualidades femeninas y masculinas al mismo tiempo que nuestros hemisferios cerebrales, de integrar contradicciones en una unidad superior. El hombre integral y la mujer integral son esencialmente iguales. Estos procesos ya están en marcha y son imparables.

En estos cambios es necesario evitar la caída en el rencor y la revancha, la mujer empoderada ha de tender una mano comprensiva al hombre, pues éste también ha sufrido con la compulsión de su rol. El crecimiento se producirá colaborando. Dos polos que han estado separados, no solo con especializaciones laborales, sino con especializaciones del carácter, están aprendiendo a cooperar. La anécdota del hombre que pone lavadoras es un síntoma débil de esta tendencia incipiente.

Aunque los síntomas de la violencia de género y esta larga guerra siguen siendo importantes. En los países nórdicos la violencia física en contra de la mujer sigue siendo muy alta. El año 2017 fueron asesinadas 99 mujeres en España, con una población de 47 millones, y en Finlandia, con solo 5,5 millones, nueve veces menos, el feminicidio alcanzó a un tercio del español, lo que da una tasa tres veces más alta. En Noruega, con una población similar a Finlandia, ese año hubo 13 víctimas, lo que da una tasa apenas inferior a la española. Nuevamente la testosterona enloquecida es un problema sociológico y psicológico, cuestión de educación y origen familiar, pero también es un problema biológico; aunque cambien las estructuras del poder hay problemas en la base del edificio que llevará siglos re equilibrar. Porque estamos muy lejos del equilibrio. Actualmente solo el 3% de los CEO (jefe ejecutivo) son mujeres; y las mujeres gobernantes, en un mundo de gravísimos conflictos y desequilibrios, siguen siendo una minoría, y muy presionadas para estrujar su testosterona.

MENTIR PARA GANAR

Un grupo de investigadores ha concluido que las mujeres mienten menos que los hombres, ¡qué bueno para la política! La base del experimento es sencilla: Un sujeto da información falsa o verdadera a otro. En función de ello el informante gana más o menos dinero, pudiendo ocurrir que, para ganar más, el otro, el informado, deba disminuir sus ingresos. Variando las cantidades que pueden obtener, tanto el informante como el informado, se ha observado que el 52% de los informantes mienten cuando ganarán 10 y el otro perderá 1. Pero el 17%, especialmente despiadado, es capaz de mentir cuando solo ganarán 1 a sabiendas que el otro perderá 10. Existe una importante proporción de gente honesta, conscientes que sus acciones tienen consecuencias económicas. Los investigadores resumen sus resultados subrayando que los participantes pueden dividirse en tres categorías: honestos, mentirosos condicionales y malos. En la primera están las personas que siempre dicen la verdad, independiente de si ganarán más o menos, son ‘los honestos’ y constituyen el 50% de nosotros. En el segundo grupo están los ‘mentirosos condicionales’ que evalúan el resultado y mienten si esto les conviene, son el 35% del total, porcentaje nada despreciable. El último grupo es el de ‘los malos’; son los que siempre mienten para conseguir su mejor conveniencia; este grupo constituye el 15%. Se ha observado que las mujeres son sistemáticamente más honestas que los hombres, un resultado que concuerda con estudios anteriores. ‘Los hombres mienten más que las mujeres en situaciones que les interesan’, afirman Barcelo y Capraro. 

En otro experimento, midiendo grados de veracidad en estudiantes de distintas facultades, se observó que los de filosofía puntuaban más alto en veracidad, mientras que en la facultad de económicas se concentraban los porcentajes más altos de deshonestidad. Los de leyes iban solo un poco por detrás. ¡Y de estas facultades suelen salir nuestros políticos! ¿Es la política el arte de mentir? Ya lo dijo Macchiavello. El parlamento español es un circo con rico despliegue de psicopatologías, y la mentira es reina; si todos acusan al contrario de ser un mentiroso, ¿quién dice la verdad? ¿el fascista que venga a desbancarlos a todos afirmando ser el único verdadero? Ante este espectáculo el humor parece un buen camino.

Mentir quizá tenga una base biológica, genética y hormonal, aunque también es cuestión de práctica. Se ha observado que la mentira repetida modifica ciertas estructuras cerebrales; como con la práctica de cualquier habilidad, se modifica el músculo, el cuerpo y también el cerebro.

Jorge Riechmann, autor de “Interdependientes y Ecodependientes”, escribe: “Un rasgo humano inquietante es esa tendencia a acostumbrarnos rápidamente, incluso a lo que, poco antes, podía ser considerado intolerable o imposible”. Y cuando estamos acostumbrados entramos en un estado de inconsciencia común y consensuada, donde ya no tenemos capacidad para discriminar lo aberrante e injusto del mundo que entre todos estamos creando. Y Elizabeth Peredo se pregunta «¿Cómo cambiar el paradigma dominante en el planeta, no solo apoyado en el consumismo y la codicia de un vivir mejor a costa del dolor ajeno, sino también en una creciente tolerancia cultural a la devastación?”

La respuesta a esta pregunta nos exige una serie de actitudes:

-PLASTICIDAD ADAPTATIVA

Una de las cosas que nos caracteriza a los seres humanos es esta flexibilidad. Somos una especie más adaptable incluso que las hormigas. Nos transformamos biológica y culturalmente para vivir en los hielos del círculo polar, en el calor húmedo del Ecuador, sobre un palafito en el mar o habitantes del desierto; capaces inclusos de sobrevivir flotando en el espacio o en habitáculos submarinos. Somos flexibles y adaptativos. Nos transformamos y transformamos al medio para esto. Pero no nos pertenece en exclusiva esta cualidad: la plasticidad adaptativa es una cualidad fundamental de la Vida.

La Vida es como el agua, de la cual ella misma está hecha, se filtra por los resquicios, se extiende como la nata, se expande como el vapor, lo coloniza todo y a todo lo que toca termina por transformar.

Y así somos nosotros, una de las expresiones de la inmensa creatividad de un Universo Vivo. Transformamos todo lo que tocamos, a veces en belleza, a veces en monstruosidad: una cueva en vivienda, un árbol en una mesa, el oro en una joya, el hierro en una nave espacial, la nata del petróleo en plástico y el aire en irrespirable.

A medida que transformamos al mundo no nos queda más remedio que adaptarnos a nuestra propia creación, y ahora toca salir a la calle con mascarilla. ¿Llegará el tiempo en que, como en la ciencia ficción, para vivir en un planeta tan modificado tengamos que cubrir nuestros cuerpos completos con una especie de ‘condón biotecnológico’? Por ahora, en todo caso, ya nos vestimos bastante; estamos muy lejos de la humilde hoja de parra. Aprendamos del pasado y usemos la inteligencia.

-CONVIVIR CON LO DIFERENTE

Esta capacidad resulta ahora fundamental, es expresión de tolerancia, una capacidad humana y esencialmente femenina. En esta situación, luego del Covid19, nuestro mundo ha cambiado y no volverá a ser el mismo. Viene entonces un inevitable cambio de valores, que resulte para mejor o peor dependerá de miles y millones de decisiones individuales. Las mías y las tuyas cuentan. Todos somos responsables.

-SABIDURÍA Y PROFUNDIDAD DEL MICRO INSTANTE

Finalmente, para caminar este complejo paisaje del siglo XXI es necesaria desarrollar la sabiduría y profundidad del micro instante. Existe el macro mundo y las dimensiones más extensas, donde lo grande afecta ciertamente a lo pequeño. Pero la pequeña ruedecilla también determina el funcionamiento del reloj. Todos existimos en el “ahora”, y en todos nosotros existe esa mirada que penetra la profundidad insondable del micro instante. La infinitesimal pequeñez del instante en que existimos oculta dimensiones que nuestra mirada consciente no ve, pero que el ojo cerebral sí computa.

-LA INTUICIÓN

De nuestra naturaleza inconsciente y profunda surgen intuiciones que valoro, por lo que nuevamente apelo a la intuición como forma de conocimiento. Creer en la sabiduría de nuestra naturaleza humana, y respetar más los principios de la naturaleza inmensa que nos cobija, son valores que pueden ayudar en medio de estas revoluciones. Y mantener una posición que sea suficientemente pragmática; es necesario que seamos prácticos, pues, como me enseñó un amigo muy querido que ya se fue: “Había un hombre tan puro tan puro … ¡que se lo fumaron!”

Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

UN MUNDO DE MUROS

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