APOLOGÍA DEL CUERPO

Posted By pfbontempi on Sep 5, 2021 | 0 comments


El cuerpo es la casa del amor y el nido de los amantes. El cuerpo es la condena del condenado y la redención del que ha sido liberado. El cuerpo es el universo donde conviven, sobreviven y mueren multitudes de existencias celulares.

(La fotografía que enmarca este post está tomada de un libro del pintor Alex Grey)

Picadura

Cuando me di cuenta

ya me había picado la araña de la muerte.

No me queda más remedio que vivir

este instante.

Benho Poukersi

APOLOGÍA DEL CUERPO

El cuerpo es la casa del amor y el nido de los amantes. El cuerpo es la condena del condenado y la redención del que ha sido liberado. El cuerpo es el universo donde conviven, sobreviven y mueren multitudes de existencias celulares. El cuerpo es el que respira. El cuerpo estira su brazo para cruzar el rio del tiempo. El cuerpo se encoge y desploma sobre el cuerpo mayor que cierra su destino. El cuerpo nace y muere. El cuerpo muere y nace. El cuerpo es mudanza y cambio. El cuerpo camina sobre cuatro patas cuando no puede sostenerse en dos piernas. A veces el cuerpo necesita apoyo, y también ofrece fuerza y apoyo. El cuerpo se alimenta de otros cuerpos, y a su vez es alimento de muchísimos otros cuerpos. El cuerpo trabaja para comer, come para prolongar la vida, corre para escapar de la muerte, se queda quieto para enfrentar su destino.

El cuerpo tarde o temprano muere. El cuerpo busca el calor de otros cuerpos, se refriega y acopla sexualmente movido por instintos y necesidades. El cuerpo no termina en la piel ni comienza en un huevo. El cuerpo pertenece a la red donde todas las existencias están entrelazadas. Todo cuerpo es un préstamo de otros cuerpos. No solo el corazón palpita, sino que el cuerpo completo es un latido, una ola viajera en continuo presente. El cuerpo es la boca de la creación, los brazos del creador y el umbral entre el todo y la parte. El cuerpo es movimiento, pasión y compasión, placer y dolor. La esencia del cuerpo es el portento que llamamos VIDA. No existe un cuerpo muerto, si escudriñas los recovecos de un cadáver lo verás rebosante de vida, aunque no sea como la tuya. El cuerpo es ciego, sordo y mudo, por eso el ego lo reinventa y lo viste con historias, mientras ignora la realidad corporal. La Realidad del cuerpo se convierte en la pantomima con que sus personajes lo han disfrazado. El personaje no es el cuerpo sino su máscara. No existe un cuerpo separado del origen sin origen, no hay cuerpo desconectado de la esencia causal. Si Dios es el origen sin origen, no hay cuerpo donde Dios no sea. El cuerpo de Dios es la Realidad con mayúscula. El ego, que no es el cuerpo, con frecuencia ha olvidado que sin cuerpo no hay ‘Yo’. El ego sostiene su existencia imaginaria sobre la negación de la Realidad y la ignorancia del cuerpo. Si quieres conocer a Dios visita su templo y contempla el portento de la existencia. Si quieres comprender la Naturaleza habita en su misterio. Si quieres conocerte ama y respeta tu cuerpo; pero no lo confundas con tus personajes.

Rápido como caballo salvaje o agotado como burro encadenado y doméstico, el cuerpo es el mensaje y también el mensajero. Un cuerpo habla y otro cuerpo calla. Toda presencia verdadera es trascendente, pues no existe un solo cuerpo, por más pequeño o grande que sea, que no esté impregnado por la Inmensidad misteriosa de su origen. Todo cuerpo pertenece a la red de lo Real. Diez mil cuerpos cantan y un millón de cuerpos están en silencio. La música que entre todos tejen necesita sonido y silencio. La Realidad es música, y ella abraza a todos sus instrumentos, a los que están sonando, a los que ya sonaron y a los que más tarde sonarán. La primera nota es tan parte de la sinfonía como la última. El cuerpo de la Realidad está iluminado de sí mismo, es cuerpo sonoro y vibrante. Lo inmenso se vuelca en lo pequeño. Lo pequeño se vuelca y deshace en lo inmenso. La otra vida ya es ésta. La Vida es el abrazo de todos los tiempos, la red sin comienzo ni final de todo lo existente. Todo lo existente pasa por la realidad del más humilde de los cuerpos.

No busques tu cuerpo en el espejo, ahí solo verás el dibujo que hicieron tus ojos. Búscalo en la raíz de tu respiración, en el soplo del aire que abre tus narices y expande tu pecho. En el grito sin nombre que nace con la primera de tus células: ¡VIDA! Busca tu cuerpo en la fuerza del amor, en el portento misterioso que sostiene cada uno de tus instantes. Búscalo en todo lo que recibe tu mano derecha, y en todo lo que regala tu izquierda. Porque nada se queda en tu cuerpo, y sin embargo todo pasa por este tejido, inseparablemente entretejido con el tejido de todas las cosas.

El cuerpo es la casa del amor y el nido de los amantes. ¿Cómo no respirar su existencia, borracho de este elixir cuyo origen nadie puede encontrar sin contemplar el misterio de su cuerpo?

Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

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