NUEVO CONTRAPUNTO: CAMPO COGNITIVO I

Posted By pfbontempi on May 19, 2021 | 0 comments


“Nos guste o no, la mente humana se escinde continuamente, igual que una casa dividida, entre la parte que representa lo sabido y la que representa a la que sabe”. Antonio Damasio en ‘Sentir lo que sucede’

Todos tenemos nuestras ideas, incluso acerca de las cuestiones más complejas, abstractas y sutiles. Si yo pregunto ¿qué es la mente? cada uno tendrá su respuesta. Estas ideas personales suelen ser producto de las influencias culturales a las que cada sujeto haya estado sometido y, en cierta medida, de la experiencia personal acumulada. No es una reflexión fácil ni suele ser frecuente, la mente simplemente está allí, tan inevitable como el aire que respiramos.

CAMPO COGNITIVO

Decíamos en el post anterior: “En estos cuatro conceptos (mente, espíritu, alma, esencia) es posible distinguir dos aspectos: el aspecto motriz y el aspecto espacial”, y que los fenómenos mentales, entre ellos el pensamiento y el lenguaje, ocurren en este espacio al que habitualmente llamamos mente, impulsados por ciertas fuerzas.

Mapa cognitivo es un concepto desarrollado por Edward Tolman en 1948, cuando se dio cuenta que el aprendizaje de ratas, en la prueba del laberinto, era más que un mecanismo de estímulo-respuesta, que las ratas estaban construyendo en sus cerebros un mapa del entorno. Al igual que los animales más desarrollados, nosotros también construimos mapas cerebrales, pero los nuestros no se quedan en meras disposiciones neuronales operativas, sino que los experimentamos como estructuras mentales, objetos mentales con los que operamos en este espacio íntimo al que propongo llamar Campo Cognitivo. ¿Por qué no llamarlo mente o simplemente consciencia? He preferido finalmente hablar de CC (Campo Cognitivo) y así evitar palabras como mente, y también espíritu y alma, pues, como ya vimos, están cargadas con siglos de connotaciones acumuladas, muchas de ellas contradictorias, que a veces más confunden que aclaran la comprensión de lo que somos.

Esta idea de un ‘espacio o campo cognitivo imbricado con las fuerzas que en el actúan’, es análoga a la idea que la física contemporánea ha enunciado: la unidad fundamental entre el campo gravitatorio y los cuerpos en movimiento que le constituyen.

En ese espacio (CC) se manifiesta la cualidad fundamental que es la consciencia, huella privilegiada de la esencia; allí se desenvuelven, contemplados con algún grado de consciencia, nuestros procesos cognitivos básicos: sensación, percepción, atención, concentración y memoria; y los procesos cognitivos superiores: pensamiento, lenguaje, inteligencia.

Para comprender mejor la intención con que uso el concepto de ‘CC’, observemos el origen de la palabra espacio, del latín spatium, spodium, con raíz griega que significa campo de carreras o lugar extenso para el movimiento. Es el lugar donde algo puede moverse. Muchas personas identifican el pensamiento con el espacio mental donde ocurre. Yo prefiero distinguirlos, pues es posible la mente sin más objeto que ella misma. El campo de carreras sigue estando allí incluso cuando las cuadrigas están guardadas.

Miremos también el sentido con que se usa ‘campo’ en otras áreas del conocimiento:

El Campo visual: es el área del espacio accesible al sentido de la vista, concepto utilizado por los oftalmólogos: todo lo que vemos cae dentro de este campo. Es un concepto asociado a la consciencia, aunque no necesariamente; cuando el paciente informa al oftalmólogo que en determinado sector de su campo visual está viendo algo, es porque hay consciencia de lo percibido. Pero también existe la percepción subliminal: una luz muy fugaz, un mínimo destello en el campo visual escapa a la consciencia y el sujeto dice no haberlo visto, sin embargo, tiene reacciones que demuestran que esa información si entró a los circuitos cerebrales.

Campo Mórfico: es un concepto desarrollado por el biólogo Rupert Sheldrake, un tipo de campo hipotético que explicaría las formas, patrones y estructuras presentes en la naturaleza. Según esta teoría, las proteínas y los seres vivos, por ejemplo, tienen campos mórficos específicos que organizan su crecimiento y evolución, de un modo similar a como las partículas de hierro se disponen en las líneas de fuerza de un campo magnético; el campo mórfico determina la forma con que se desarrolla un cuerpo, permitiendo, según esta hipótesis, formas de comunicación sutil, por resonancia, entre los diferentes campos.   

Campo de fuerzas en física clásica: el concepto se desarrolló por la necesidad de explicar la interacción entre cuerpos en ausencia de contacto físico. El campo se refiere a una propiedad o magnitud física que puede ser medida en una región del espacio. El espacio mismo es el campo afectado por esas interacciones y fuerzas. Entre dos hierros imantados hay un campo magnético donde es posible medir esas fuerzas.

Campo Cognitivo: El concepto de mente, tal como el concepto de alma y espíritu, está muy condicionado por su uso cultural e histórico. Emparentado con estos conceptos he preferido hablar de ‘Campo Cognitivo’, un término que, por no ser de uso común, al escucharlo pone en alerta nuestros mecanismos de atención y reflexión. Pero, ¿qué es realmente eso? Simplemente es el espacio donde ocurren nuestros procesos cognitivos y pre-cognitivos; por lo mismo el campo visual, cualquier percepción posible, imágenes del mundo y de nosotros mismos, nuestros mapas cognitivos y creaciones ideológicas, todo esto ocurre en este campo. La mente entonces, y también el alma o espíritu en cuanto espacio, es el Campo Cognitivo o ‘lugar’ donde experimentamos estos procesos de naturaleza mental, anímica o espiritual. Y así decimos, -mis pensamientos están en mi mente-, o pensamos recordando -yo vi en sueños mi hogar de infancia-. Estos fenómenos emergen en el mismo espacio donde aparecen nuestras fantasías, ensueños y sueños, donde surgen las representaciones asociadas a nuestros sentimientos, la pantalla sutil donde se desenvuelven nuestros argumentos y se proyectan nuestras representaciones, visualizaciones, visiones y alucinaciones, que muchas veces, sin llegar a convertirse en fenómeno consciente, se mueven, como criaturas abisales, subliminales o inconscientes, por debajo de los procesos etiquetados como conscientes, aquellos que somos capaces de percibir, reconocer e incorporar al lenguaje.

¿Cuál es su sustancia, cuáles son sus límites y cuál es su relación con lo que llamamos realidad? Son cuestiones que están directamente conectadas con el problema de la Esencia que buscamos esclarecer. Mi esperanza es que al final de esta serie de textos haya avanzado en esta comprensión. 

CAMPO COGNITIVO Y CEREBRO

Le he escuchado decir a algunas personas que la mente es ilusión, y por lo mismo, ilusión todos los objetos mentales. Yo soy más prudente y prefiero matizar mi escepticismo. Podríamos decir, respecto del cine, que una película es solo una película, un espejismo, una ilusión de la realidad a la que representa o simboliza, cosa que creo cierta; pero esto no significa que la máquina de proyección, la pantalla y toda la estructura de la sala de cine sean ilusión. Nuestro campo cognitivo y cerebro no son ninguna ilusión. Estos malentendidos surgen porque fácilmente confundimos ‘representación o relato’ con ‘Realidad’. Nuestras construcciones mentales, percepciones, modelos y pensamientos, no son las cosas reales sino representaciones suyas, y en este sentido son ilusión, o ‘maya’, como se las llama en la fenomenología hindú.

Si bien podríamos decir que los procesos del pensamiento ocurren en el cerebro, ya que si dañamos una cierta región se altera el flujo del pensamiento o, si afectamos otras, se modifican las emociones y otros fenómenos cognitivos, en nuestra experiencia subjetiva el pensamiento ocurre en la intimidad de nuestra mente, en ese espacio o campo donde también experimentamos el núcleo de afectos y emociones.

Pero ¿qué es este espacio? Un reduccionismo poco delicado puede decir que ese espacio es el cerebro. Pero el cerebro y ‘eso’ parecen dos cuestiones tan distintas que resulta comprensible el dualismo de espíritu y materia cerebral. El dualismo se adueñó durante siglos de nuestro modelo de realidad, con Platón, Descartes y muchísimos otros hasta hoy, que siguen imaginando una realidad material y un mundo mental-espiritual separados.

No voy a entrar en la compleja discusión que idealistas y reduccionistas, espiritualistas y materialistas, han mantenido durante siglos de argumentos y contraargumentos. En mi trabajo me corresponde dialogar con unos y con otros, con los que creen que el espíritu es la realidad absoluta, y con los que afirman que la materia-energía es el sustento de todo. No pretendo darle razón a unos u otros sino entender el fondo de verdad que seguramente hay en ambas posturas. 

Algunos han imaginado al Campo Cognitivo como la interfaz de usuario, (la pantalla intermedia entre un operador y su equipo informático). Sin embargo, esa consideración nos acerca al viejo dualismo, pues introduce subrepticiamente a un operador espiritual que gobierna a un hardware cerebral a través de la interfaz mental. Desde mi monismo cultural e instintivo no es ese el modelo que estoy explorando.

Para que me resulte aceptable este modelo de apariencia dual (un aspecto sutil-espiritual y otro orgánico-material) lo he de considerar solo como un dualismo aparente: un ‘dualismo funcional’ desarrollado sobre la base de un ‘monismo estructural’; un modelo que considera al Cerebro y al Campo Cognitivo como unidad, no como suma de dos sustancias diferentes. La metáfora del imán y su campo magnético, ilustra bien esta idea: ambos constituyen una unidad natural y necesaria, unidad donde no existe un término sin el otro.

Con este ‘dualismo funcional’, (dualismo solo ‘aparente’) entiendo al Campo Cognitivo, no como el software de un hardware cerebral, ni como el producto de la función de un órgano, (el pis o la bilis del cerebro) sino como el mismo ‘cerebro extendido’ en ese Campo Cognitivo, campo que nuestra subjetividad percibe como una dimensión no material, (la dimensión donde operan las funciones cerebrales), asociada al fenómeno de la consciencia.

LA ILUSIÓN DEL DUALISMO

El hecho y fenómeno experimental de la consciencia, es clave de este dualismo aparente, en que un cerebro material y un espíritu o yo consciente parecen dos sustancias diferentes. En nuestro Campo Cognitivo se ordenan categorías de fenómenos, y allí percibimos al cuerpo físico y su sólido cerebro, con un ‘tacto fenomenológico’ muy diferente al de este campo cognitivo, tan falto de peso, aparentemente insustancial, tan diferente del compacto hueso. Si la consciencia mira estas dos categorías caerá fácilmente en la descripción dualista.

¿Es entonces nuestra consciencia la que crea esta ilusión de dos aspectos de naturaleza tan diferente? Parece como si ella necesitara esa escisión para existir. Y quizás sea así, que nuestra consciencia, para existir como tal, necesite este juego de espejos y polaridades, esta separación del cerebro en dos hemi-cerebros, (uno que enuncia y otro que percibe y evalúa, según la tesis de Julian Jaynes), o la escisión de lo conocido y el conocedor, del yo y no-yo, del espíritu y el cuerpo. ¿No comienza la creación con la separación de luz y oscuridad?: “Y apartó Dios a la luz de las tinieblas. Y llamó a la luz día, y a las tinieblas llamó noche”. Aunque, con estos versículos, más que el comienzo de la creación, ¿no se está describiendo el nacimiento de la consciencia? ¿el surgimiento de esa Luz Consciente, en medio de un oscuro e inmenso Universo?

¿Es la consciencia con que nos damos cuenta del fenómeno cognitivo la que ha creado esta dimensión aparentemente diferente que hemos llamado espíritu, alma, mente, que aquí exploramos bajo el nombre de Campo Cognitivo? ¿Es la consciencia lo mismo que este campo? No lo creo. A mi entender la consciencia es una función asociada al cerebro, al ‘CC’, al cuerpo mismo y a la naturaleza que les incluye, función que, como cualquier función, puede estar activada o desactivada. Al activarse en nosotros se crea esta separación de polaridades cognitivas, blanco-negro, bueno-malo, cuerpo-mente, etc. y aparece la ilusión del dualismo. El dualismo es útil para crear modelos y operar sobre el mundo, pero resulta limitado para comprender el fondo esencial de lo que somos.

Muchas preguntas surgen de esta reflexión, pues para eso reflexionamos, para hacernos preguntas. Solo haciéndonos preguntas podemos afinar nuestra comprensión de la Realidad Esencial. En la tradición zen el maestro pone a sus aprendices a meditar, luego les plantea preguntas imposibles de responder, salvo integrando y resolviendo múltiples polaridades y contradicciones aparentes. ¿Puedes aplaudir con una mano? ¿Cuál es la naturaleza de la consciencia? ¿Hay Campo Cognitivo sin consciencia? ¿Hay consciencia sin CC? Preguntas y respuestas que necesitan más reflexión por parte de cada uno, y un nuevo post, pues este tema, la relación del Campo Cognitivo y la Consciencia, es un tema actual y totalmente abierto.

Zanjemos por ahora tan espinoso asunto preguntando, con el viejo dualismo: -¿Quién opera sobre esta estructura de ‘Cerebro y Campo Cognitivo’? -Nadie, responde el eterno monismo, -la estructura y el operador son una y la misma entidad.

UN CUENTO ZEN

El maestro Ching-Yuan relató lo siguiente:

“Antes de que yo estudiara Zen por treinta años, veía a las montañas como montañas, y a las aguas como aguas. Cuando alcancé un conocimiento más sutil llegué al punto en que vi que las montañas no eran montañas y las aguas no eran aguas. Pero ahora que he comprendido su sustancia íntima, estoy en paz. Porque he vuelto a ver a las montañas como montañas, y a las aguas nuevamente como aguas.

¿Significa esto que cuestionar el conocimiento básico y semiconsciente del humano instintivo perturba la ‘paz de la ignorancia’? ¿Es diferente esa paz a la ‘paz del conocimiento’, cuando el ser humano comprende su situación en medio de la inmensa Realidad?

EL AGUIJÓN

“Hubo un santo que tenía el don de hablar el lenguaje de las hormigas. Se acercó a una que parecía más enterada y le preguntó:

-¿Cómo es el Todopoderoso? ¿Se parece de algún modo a las hormigas?

Y la docta hormiga le respondió:

-¿El Todopoderoso? ¡En absoluto! Las hormigas, como puedes ver, tenemos un solo aguijón- pero el Todopoderoso tiene dos.”

Después de este cuento del terapeuta y místico Anthony de Mello, (“El canto del pájaro”), no puedo sino cerrar el artículo: la sabiduría de la hormiga resulta epatante. Para algunos el Campo Cognitivo seguirá siendo un misterio, para otros tendrá demasiados aguijones. Ojalá que para ti resulte una propuesta de reflexión suficientemente seria.

Francisco Bontempi

Médico y Psicoterapeuta

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