ACERCA DE LA INDIVIDUALIDAD.

Posted By pfbontempi on Sep 22, 2017 | 0 comments


La individualidad es, según los psicólogos, el resultado de un proceso de desarrollo, primero físico-orgánico, y después psicológico. Este proceso consiste en la individuación progresiva de un pedazo de universo, la autoafirmación consciente de un trozo segmentado de la materia primordial. Pero en este proceso se llega a una paradoja. El individuo que busca individuarse se ha construido como un agregado orgánico de partes. Si etimológicamente “individuo” significa “no-divisible”, la realidad contradice la pretensión del nombre. El organismo que se ha individuado es bastante divisible: físicamente divisible en varias extremidades, en órganos, tejidos y células, en moléculas y átomos -átomos que según su etimología griega habrían de ser también “no divisibles”, pero que han resultado fragmentables en variedad de micro partículas, sin que podamos saber cabalmente hasta qué punto puede llegar esta fragmentación. Físicamente, entonces, más que “individuo”, el individuo es bastante “dividuo”. En el plano psicológico el individuo también resulta dividuo. En el nivel intelectual pensamos y, si queremos verlo, podremos observar cómo nuestros pensamientos son tan divisibles, tal que a veces, incorporamos pensamientos que no teníamos o eliminamos y borramos pensamientos que en otro tiempo nos fueron próximos. Lo mismo pasa en el nivel emocional: las emociones y sentimientos que podemos experimentar vienen y van, e, incluso, a veces, coexisten dos emociones tan polares como el amor y el odio. En todos estos terrenos resultamos ser divisibles. Hardware físico-orgánico y software mental-emocional evolucionan agregando y quitando partes a la organización del conjunto. ¿En qué sentido, entonces, podemos afirmar que somos verdaderos individuos, seres no divisibles? ¿En qué terreno pretenderemos desarrollar un proceso válido de individuación? Y aquí aparece una llamativa paradoja: ser verdaderos individuos implica dejar de experimentarnos como individuos separados del resto, y esto colisiona con lo que habitualmente consideramos individualidad. Ser verdaderos individuos significa estar en unidad con la Totalidad del Ser. La verdadera individualidad es la pérdida, o muerte, de una pseudo individualidad, separada del conjunto y separable en sí misma. Por lo mismo, la constitución de una auténtica individualidad quizás solo sea posible en un sentido: el esencial. Pero ¿Cuál es nuestra esencia, si es que tenemos alguna? Si esencialmente somos individuos, “unidad no divisible”, esta esencia unitaria y no divisible, para ser tal cosa, no puede estar separada de la esencia unitaria del Cosmos o Universo en su conjunto. Nuestra esencia no puede ser separable de la esencia de la Realidad Unitaria, Dios o como quiera llamársele. Ya que si nuestra esencia fuera parte separable de un todo ¿como podría pretender ser ella misma un todo inseparable? Si existiera “Una Realidad” en la que el Universo, todas sus dimensiones y fantásticos aspectos fueran un “Cosmos Orgánico”, un algo coherente, “Unidad” donde todas sus partes -partes de su pasmosa realidad: una piedra, un planeta, una galaxia, un átomo, una bacteria, un hombre- resultaran estar interconectadas de tal modo que cada presencia afectara al resto al estar sus campos de fuerza entretejidos en un “Único Campo de Realidad”, entonces, cualquier esencia “no divisible” que existiera en nuestras individualidades humanas sería, necesariamente, inseparable de ese campo que esencialmente hace que este Cosmos Múltiple sea un “Cosmos Uno”. Esto es afirmar que nuestra esencia y la esencia una de todas las cosas es la misma esencia. Por lo tanto, el proceso de individuación nos lleva necesariamente a trascender la individualidad en cuanto entidad separada de la totalidad. El supuesto individuo ha comenzado su ontogénesis como materia informe e indivisa del Universo Total, materia que luego se ha organizado como material auto-centrado en varios instintos y actividades psicológicas útiles y funcionales para el objetivo de conservarse viva y vigente su actual organización material. Ha desarrollado, luego, la capacidad de experimentarse como individuo, aunque esto fuera una ilusión, habiendo desarrollado así un ego o personaje auto-centrado y auto-definible que, al profundizar en su auto-comprensión, se descubre a sí mismo como un agregado de partes totalmente divisibles que, a través del proceso de desplomarse en el vértigo del vacío aparente entre sus partes, descubre que en ese vacío todo-está-conectado y que es un vacío -el interior- de la misma naturaleza que el vacío exterior de donde nacen y donde se sostienen entrelazadas todas las manifestaciones del Cosmos: solo en el sentido de la unión real de su Vacío-Interior con ese Todo-Vacío puede cabalmente afirmarse “Individuo”. Y esto es lo que vendría a ser el individuo realizado de Maslow, el Buda Iluminado del budismo, o el Creyente inundado por la gracia de Alá o de Dios; y no es diferente la realización de un Einstein quien intuye que Dios no juega a los dados, sino que es coherente y uno. De modo que la organización que buscaba auto afirmarse como parte separada del todo -todo del cual pretendía individuarse-separarse- descubre que ella misma es expresión necesaria e inevitable de ese Todo, carne de su carne, sustancia de su sustancia y esencia de su esencia.

Francisco Bontempi
Médico y Psicoterapeuta
ACERCA DE LA INDIVIDUALIDAD.

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