{"id":302,"date":"2020-08-30T17:05:08","date_gmt":"2020-08-30T17:05:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/?p=302"},"modified":"2023-09-16T15:41:50","modified_gmt":"2023-09-16T15:41:50","slug":"las-mascarillas-del-paraiso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/las-mascarillas-del-paraiso\/","title":{"rendered":"LAS MASCARILLAS DEL PARA\u00cdSO"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong><span class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">LAS MASCARILLAS DEL PARA\u00cdSO<\/span><\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuenta esa historia que algunos llamaron sagrada, otros palabra de Dios, algunos mito fundamental, y otros un cuento m\u00e1s, que hab\u00eda un para\u00edso en la tierra donde viv\u00edamos tan desnudos como nacimos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><br><br><strong>Cuando nos dimos cuenta de nosotros mismos<\/strong> y de nuestra mortalidad experimentamos un escalofr\u00edo de miedo y cogimos de taparrabo a una hoja de parra. La primera mascarilla entonces no estuvo precisamente en la boca, pero fue muy efectiva para separarnos de dios, del para\u00edso y de nosotros mismos. El sexo, con sus urgencias diarias o mensuales, desapareci\u00f3 de nuestros ojos sustituido por la flamante obsesi\u00f3n de no morir. Y as\u00ed pertrechados comenzamos a recorrer la tierra en busca de la vida eterna. Recorrimos r\u00edos, trepamos monta\u00f1as, cruzamos cordilleras y desiertos, atravesamos mares, y cada vez mejor vestidos y protegidos del escalofr\u00edo de la muerte, fuimos enterrando a la vieja Natura debajo de la nueva Cultura. Nos cubrimos con pinturas y pieles, con telas tejidas de lana y lino, con pl\u00e1sticos inteligentes, e incluso con armaduras de hierro; y todo para no morir.<br><br><strong>Conquistamos la tierra<\/strong> desde los hielos polares hasta el torrido ecuador; y alargamos la vida bastante, aunque nunca lo suficiente, pues segu\u00edamos muriendo, a pesar de nuestra mejor ciencia. Y entonces, ya en plena \u00e9poca tecnol\u00f3gica, vinieron las pestes. Poco nos quedaba por cubrir, las piernas y los muslos hab\u00edan pr\u00e1cticamente desaparecido, nuestras complejas zapateras ocultaban totalmente los pies, las caderas y el sexo, por supuesto, hab\u00edan sido relegadas ya hac\u00eda mucho a la oscuridad de la noche, y el pecho con sus gl\u00e1ndulas y los brazos, rara vez aparec\u00edan destapados con la desnuda marca del creador a la vista.<br><br><strong>Cada individuo viv\u00eda literalmente encerrado<\/strong> dentro de su c\u00e1psula egol\u00e1stica, configurada con talla, moda y gusto propio, lejos de dios, lejos del para\u00edso, separado de los otros y lejos de si mismo; y estresado, adem\u00e1s, por un continuo miedo a morir, pues la consciencia de la mortalidad hab\u00eda crecido hasta magnitudes obsesivas y mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que jam\u00e1s ocurri\u00f3 en cualquier especie conocida.<br><br><strong>Hasta que vino la peste<\/strong>. \u00a1Que viene la peste! gritaban todos, \u00a1Y viene por el aire, la muerte es contagiosa y nos la pegan los dem\u00e1s!<br><br>Solo nos quedaba la cara por cubrir, entonces, como creadas por el m\u00e1s fabuloso de los sastres, comenzaron a proliferar las mascarillas. Aparecieron mascarillas de todo tipo, tejido, color y confecci\u00f3n. La hoja de parra hab\u00eda llegado a la boca, y Ad\u00e1n y Eva, temblando a\u00fan con su at\u00e1vico miedo a morir, escond\u00edan todos los agujeros corporales por d\u00f3nde pudiera entrar la plaga. Hasta los ojos se taparon con gafas especiales.<br><br><strong>Y ya no se tocaron ni se olieron ni se miraron<\/strong>. Y cuando se tocaron solo rozaban con sus manos enguantadas la funda que ocultaba al cuerpo del otro. Y cuando se olieron lo que ol\u00edan era el desodorante antis\u00e9ptico que alguien compro y vendi\u00f3 junto con el disfraz. Y cuando se miraron ya no vieron, ni las se\u00f1as de dios ni las huellas de la vida, ni el portento de la naturaleza, sino los colores de la moda, el sombrero, la mascarilla y los zapatos, con los h\u00e1bitos autom\u00e1ticos de la apariencia.<br><br><strong>Y cuando lleg\u00f3 la generaci\u00f3n de la eficacia<\/strong> archivaron todas las variantes absurdas y exageradas de esas modas, sustituidas ahora por la nov\u00edsima &#8216;escafandra integral y biofit&#8217;, con filtro y climatizador integrado, ergonom\u00eda pura, m\u00e1xima privacidad, absoluta comodidad para quitarse y ponerse el traje de buzo, segunda piel que nos permite ahora sobrevivir en un mundo totalmente contaminado. Y as\u00ed nos proteg\u00edamos una vez m\u00e1s de la vieja muerte; aunque, si bien consegu\u00edamos alargar la vida un poco m\u00e1s, segu\u00edamos muriendo.<br><br>Y entonces, cuando el aire de la tierra se hizo irrespirable, cuando las aguas de r\u00edos y mares ya no serv\u00edan sin una compleja depuraci\u00f3n, convencidos que el para\u00edso terrenal definitivamente no estaba sobre el agotado planeta, provistos de nuestro \u00abChimp-matic-biofit-pro\u00bb de \u00faltima generaci\u00f3n, nos lanzamos a los abismos del espacio profundo en busca del para\u00edso perdido. Y aunque dentro de nuestros ambientes encapsulados alargamos bastante la vida, seguimos siendo lo que siempre fuimos, aquellos viejos seres, inevitablemente mortales.<br><br>Ay Para\u00edso Desnudo de Dios, de los otros y de nosotros mismos, \u00bfd\u00f3nde te fuiste a esconder?<br><br>La vida, para ser eterna, necesita de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>P. Francisco Bontempi<\/p>\n\n\n\n<p>LAS MASCARILLAS DEL PARA\u00cdSO<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LAS MASCARILLAS DEL PARA\u00cdSO Cuenta esa historia que algunos llamaron sagrada, otros palabra de Dios, algunos mito fundamental, y otros un cuento m\u00e1s, que hab\u00eda un para\u00edso en la tierra donde viv\u00edamos tan desnudos como nacimos. 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