{"id":1050,"date":"2025-04-30T10:21:40","date_gmt":"2025-04-30T10:21:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/?p=1050"},"modified":"2025-04-30T10:21:41","modified_gmt":"2025-04-30T10:21:41","slug":"crisostomo-renan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/crisostomo-renan\/","title":{"rendered":"CRIS\u00d3STOMO REN\u00c1N"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>CRIS\u00d3STOMO REN\u00c1N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo lleg\u00f3 Cris\u00f3stomo Ren\u00e1n a instalar su peque\u00f1o cuarto de superviviente en la d\u00e9cima planta del hospital cuando aquel hospital solo ten\u00eda seis? Esta es la cuesti\u00f3n que explica el misterio de la buena muerte a la que lleg\u00f3. Porque la buena muerte existe y ojal\u00e1 cada uno pudiera encontrar la suya.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cris\u00f3stomo ingres\u00f3 por Urgencias. La operaci\u00f3n fue muy r\u00e1pida, no hab\u00eda tiempo y era cosa de vida o muerte. El post operatorio fue en la tercera planta de cirug\u00eda abdominal. Lo suyo era un tumor del colon que se hab\u00eda adue\u00f1ado de todo el vientre y trepado a los pulmones. Le quitaron la mayor parte y le dejaron una bolsa pegada al vientre por donde se vaciaba. Las buenas auxiliares le ba\u00f1aban con pa\u00f1os sobre la cama cubierta con pl\u00e1sticos. Un enfermero le recort\u00f3 los pelos largos y grasientos que cuando lleg\u00f3 le alcanzaban a la mitad de la espalda. Tambi\u00e9n le hicieron una poda significativa de su barba rala. Y Cris\u00f3stomo se dej\u00f3 hacer como si fuera un ni\u00f1o grande y manso.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque Cris\u00f3stomo no estaba inconsciente, casi no hablaba; cuando lo hac\u00eda la enfermera deb\u00eda agudizar mucho el o\u00eddo, su voz muy baja y el acento cerrado del monte resultaba ininteligible. Parec\u00eda pasar gran parte del tiempo durmiendo. Pero no era as\u00ed, Cris\u00f3stomo cavilaba, y mucho. Le daba vueltas a la vida de arriba abajo y ordenaba los trastos del sinsentido. Cuando le llevaban en camilla por los largos pasillos y ascensores del hospital, con un ojo entreabierto, calculaba los recovecos y las distancias. A Urgencias le trajeron consciente, vino en ambulancia desde el peque\u00f1o ambulatorio de primeros auxilios cercano a su pueblo. Y el c\u00e1lculo de las distancias se le daba bien, sab\u00eda que estaba lejos de casa. Hab\u00eda heredado de su padre el nombre y un pu\u00f1ado de tierra en un risco, a unos doscientos metros por encima del arroyuelo de monta\u00f1a en el peque\u00f1o valle de Monte Alto. Las tierras m\u00e1s yermas siempre se quedaron para los pobres, los marginados de todas las conquistas. Pero Cris\u00f3stomo estaba en paz con su pobreza. Su segundo nombre era Ren\u00e1n, por su abuelo. El viejo hab\u00eda vuelto de la guerra, de aquella escabechina terrible que dej\u00f3 a las cosas igual o peor que antes, con una pierna menos y un ojo perdido, adem\u00e1s de la esperanza convertida en miserable escepticismo. \u2018Ren\u00e1n\u2019 le apodaba un compa\u00f1ero culto que le toc\u00f3 en la trinchera, por un sabio, le dec\u00eda, de esos que no creen en nada y miran con ojos verdaderos. Muertos casi todos los que conoci\u00f3, Ren\u00e1n fue el nombre de guerra que quiso conservar su abuelo, que luego transmiti\u00f3 a su hijo, y \u00e9ste, en memoria del padre, a su nieto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras en su cama de hospital le ped\u00edan que empu\u00f1ara y estirara la mano, para pincharle la pen\u00faltima vena, Cris\u00f3stomo Ren\u00e1n no dejaba de darle vueltas al problema de c\u00f3mo volver a casa, a su lejano risco en la monta\u00f1a, pues quer\u00eda morir donde hab\u00eda vivido. Esa ma\u00f1ana amaneci\u00f3 con ganas de conseguirlo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque no ten\u00eda mucha hambre se comi\u00f3 hasta la \u00faltima galleta y el pan de aspecto pl\u00e1stico, el taz\u00f3n completo de leche con polvos de caf\u00e9, y los dos peque\u00f1os cubitos de empaquetado industrial con mermelada y mantequilla. Durante el d\u00eda se zamp\u00f3 todo lo que le pusieron. Alguna broma le echaron a la que respondi\u00f3 entre dientes y una mueca socarrona. \u2014Es que me voy a casa\u2014 parece que dijo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda trabajado muchos a\u00f1os como pe\u00f3n alba\u00f1il, tendiendo hormig\u00f3n en los techos de las viviendas del Barrio Nuevo. All\u00ed gan\u00f3 lo necesario para arreglar su peque\u00f1a casa y aterrazar un palmo de tierra para cultivar el risco. Qu\u00e9 buena era la vista y el aire de all\u00e1 arriba. Con sus dos cabras cre\u00eda tenerlo todo. De trepar pe\u00f1ascos le ven\u00eda que la soluci\u00f3n estaba en el techo. Su plan era intentarlo esa noche. Despu\u00e9s de la \u00faltima ronda de medicaciones, cuando pas\u00f3 la enfermera de noche apagando las luces, la imaginaci\u00f3n de Cris\u00f3stomo Ren\u00e1n ard\u00eda mientras aprontaba su aventura. Con mucha dificultad al comienzo, y con facilidad creciente luego, se sent\u00f3 en la cama. \u00c9l no era ning\u00fan bobo y supo bien como desenchufar los sueros y hacerse un nudo con las mangueras. Se fue descalzo, que es como mejor camina el hombre. Recorri\u00f3 silenciosamente el pasillo hasta el recodo de los ascensores, sab\u00eda exactamente d\u00f3nde estaban. Pero no quiso alarmar ni hacer ruido y decidi\u00f3 no llamarlos. Comenz\u00f3 a subir pelda\u00f1o a pelda\u00f1o por la escalera. Subi\u00f3 a la cuarta planta, luego a la quinta. Por momentos los pelda\u00f1os parec\u00edan interminables. Lleg\u00f3 a la sexta y el hospital no acab\u00f3 all\u00ed. Sigui\u00f3 subiendo. La s\u00e9ptima, la octava. Parec\u00eda una escalera de nunca acabar, la novena y finalmente la d\u00e9cima. No s\u00e9 por qu\u00e9 se le ocurri\u00f3 que eran diez plantas. El diez es un numero bien especial, es -uno- junto a un -cero-y el cero es la barriga vac\u00eda d\u00f3nde todo cabe, y d\u00f3nde sin embargo no hay nada. Al final del pasillo de la d\u00e9cima planta hab\u00eda una puerta estrecha, y al otro lado, una empinada escalerilla de caracol que sub\u00eda a la azotea. Por all\u00ed subi\u00f3 Cris\u00f3stomo Ren\u00e1n y, agotado, se fue a sentar junto a la torreta del ascensor.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Era una noche despejada, de brisa suave y se ve\u00edan las estrellas. En alg\u00fan lugar estaba el risco en que se apoyaba su casa. Hab\u00eda all\u00ed, abandonados, algunos somieres viejos, unas latas de metal oxidado y unas planchas de uralita; tirados m\u00e1s all\u00e1, dos o tres percheros, de esos que se usan para colgar los sueros, despintados y ro\u00eddos de \u00f3xido; y una mesilla de noche que hab\u00eda perdido la cubierta. Con estos trastos construy\u00f3 su chabola, se proteg\u00eda en esa forma de la serenada nocturna; por los amplios huecos, arriba y a los lados, disfrutaba de la noche pr\u00f3diga y abierta. Se sent\u00eda en casa. All\u00ed esperar\u00eda amanecer, apoyado en el risco del ascensor, mirando en la direcci\u00f3n por donde sale el sol.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hacia el amanecer vinieron las ratas, eran negras y enormes. Se aparec\u00edan entre las l\u00e1minas de hojalata y lo miraban con ganas de comida. Al principio Ren\u00e1n las dej\u00f3 acercarse, estaba acostumbrado a los bichos del campo, son seres vivos y compa\u00f1\u00eda. Hasta que las ratas comenzaron a oliscar sus pies desnudos y tobillos canijos. Se puso a gritar para espantarlas. Lleg\u00f3 la enfermera alucinada del desastre con que hab\u00eda revuelto la cama y tumbado los sueros. Pero Ren\u00e1n prefiri\u00f3 ignorarla. Las ratas se hab\u00edan ido. Dos \u00e1ngeles con alas muy blancas y voces dulces le calmaban el aliento jadeante, le tranquilizaban y acariciaban la frente sudorosa del esfuerzo. Eran partes de la noche estrellada, sus \u00e1ngeles blancos, el cielo tan cerca, con solo estirar la mano se tocaba. Bendiciones que ven\u00edan a su chabola del risco. Y as\u00ed, dando tumbos entre cielo e infierno, fue pasando la noche de Cris\u00f3stomo Ren\u00e1n en la azotea de la d\u00e9cima planta. Lo despert\u00f3 el primer rayo de sol, ese que estaba esperando. Se le clav\u00f3 en la frente y estall\u00f3 por dentro llen\u00e1ndolo de luz. Cogi\u00f3 una bocanada enorme de aire pur\u00edsimo, de amanecer en la monta\u00f1a. Al fin estaba en casa. Y expir\u00f3, con una sonrisa en los labios. Estaba en casa.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cambio de turno, a las siete de la ma\u00f1ana, la enfermera encontr\u00f3 su cad\u00e1ver. Ten\u00eda una sonrisa congelada en la cara, y la cama de la tercera planta perfectamente ordenada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>P. Francisco Bontempi<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CRIS\u00d3STOMO REN\u00c1N<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CRIS\u00d3STOMO REN\u00c1N \u00bfC\u00f3mo lleg\u00f3 Cris\u00f3stomo Ren\u00e1n a instalar su peque\u00f1o cuarto de superviviente en la d\u00e9cima planta del hospital cuando aquel hospital solo ten\u00eda seis? Esta es la cuesti\u00f3n que explica el misterio de la buena muerte a la que lleg\u00f3. Porque la buena muerte existe y ojal\u00e1 cada uno pudiera encontrar la suya.&nbsp; Cris\u00f3stomo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1052,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5,3],"tags":[51],"class_list":["post-1050","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-relatos","category-textos","tag-cuentos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1050","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1050"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1050\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1053,"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1050\/revisions\/1053"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1052"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1050"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1050"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.franciscobontempi.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1050"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}